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martes, 31 de enero de 2017

31 DE ENERO DE 1990: MI EXAMEN DE GRADO







Un día como hoy, 31 de Enero de 1990, dí mi Examen de Grado para optar el Título de Abogado. Han pasado 27 años de ese muy especial momento en mi vida y no quería dejar de recordarlo en mi blog y evocar aquellos recuerdos ligados a aquel día.


Ingresé a la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1980, tras rendir mi examen de admisión un 23 de febrero y llevé dos años de Estudios Generales Letras y en 1982 pasé a la Facultad de Derecho y culminé mis estudios en el segundo semestre de 1987. Luego de ello, por esos años, se tenía que elaborar una tesis para optar el Grado Bachiller en Derecho -no como años después en que el Bachillerato pasó a ser automático- y el siguiente paso era el Examen de Grado para optar el Título de Abogado. Para mi tesis, mi tema elegido fue "El Derecho a la Inviolabilidad de Domicilio" y mi asesor fue el Dr. Francisco Eguiguren y sustenté mi tesis el 18 de noviembre de 1988 ante un jurado y fui aprobado por unanimidad con la mención de Bien. Faltaba el paso final, el Examen de Grado para el Título de Abogado.

Para optar el título de Abogado, se tenía que presentar dos expedientes de diferentes áreas del Derecho y estudiarlos exhaustivamente y sobre todo, estudiar todos los temas vinculados al área del expediente y sustentarlos ante un jurado. A diferencia de la sustentación de la tesis, en donde el jurado solo podía hacerte preguntas sobre tu tema y no salirse de allí, para el Examen de Grado el jurado podía preguntarte cualquier cosa correspondiente al área de tus dos expedientes, aunque no guardara relación directa con los expedientes. Y para ello, había que repasar todo lo que se había estudiado en los años en la Facultad y estudiarlo a conciencia y prepararse bien. Por esos años, el área constitucional estaba incluida en el área civil y no se podía presentar dos expedientes correspondientes a esas dos áreas, y era uno u otro. Y conseguirse expedientes en el Poder Judicial no era algo sencillo porque había que buscar algún contacto que te facilitara la labor y que te conectara con alguien que pudiera darte una mano. En ese año 1990, recuerdo que busqué al que fue mi profesor de Sucesiones, el Dr. César Fernandez Arce y me dio el nombre de un magistrado que podía darme una mano. Era el Dr. Alejandro Rodriguez Medrano, quien años después fuera objeto de duros cuestionamientos que culminaron en una sentencia condenatoria por su participación en actos de corrupción en el gobierno fujimorista. Pero esa es otra historia. En ese año 1989, el Dr. Rodríguez Medrano me dio los nombres de dos secretarios de juzgado para poder allí conseguir mis dos expedientes. Había elegido un expediente constitucional y uno penal. Pero cuando fui al secretario Casasola de un juzgado civil, solo tenía juicios civiles y no constitucionales y opté por un juicio de Desahucio. Pero por el lado penal, la cosa no fue fácil, porque el secretario donde fuí no tenía expedientes disponibles. Tuve que buscar otros contactos y recuerdo que un amigo de mi padre, trabajaba en la Oficina de Relaciones Públicas del Poder Judicial y fui a buscarlo. Y me contactó con un secretario de un juzgado penal y durante varias semanas me hicieron venir a cada rato y me decían, "regresa la próxima semana para ver si hay algo", y así se pasaban las semanas. Hasta que en el mes de junio, pude conseguirme un expediente penal, que era juicio por Hurto. Ya tenía mis dos expedientes, pero la mala suerte se volvió a interponer en el camino. A las pocas semanas de haberme conseguido mi expediente penal, me llamó el Secretario Casasola para decirme que necesitaba el expediente de Desahucio, porque se lo estaba pidiendo la Corte Superior. No había nada que hacer y tuve que devolverlo y a comenzar de nuevo a buscar un expediente. A los pocos días, fui donde un Secretario llamado Jorge Chávez -con quien había llevado un expediente años atrás cuando estuve practicando en un estudio- y me mandé de frente y le dije que el Dr. Rodriguez Medrano me lo había recomendado para conseguir un expediente. A Dios gracias, eso me abrió las puertas y pude conseguirme un expediente constitucional, una Acción de Amparo. Ahora sí ya tenía los dos expedientes y comenzaba mi preparación para el Examen de Grado. Originalmente, mi idea era pedir fecha para mi Examen para noviembre de 1989, al año de haber sustentado mi tesis, pero circunstancias y contratiempos de índole personal fueron postergando ese deseo y finalmente tomé la decisión de pedir fecha para enero de 1990.

1990. Comenzaba una nueva década y atrás había quedado la década del 80, en la cual mi vida giró en torno a la universidad. Pero en la primera semana de 1990, recibí una llamada del Secretario Penal que quería que le devolviera el expediente porque había pasado mucho tiempo desde que me lo prestaron. De inmediato me fui para allá y hablé personalmente con el Secretario y le pedí que me lo prestara hasta fin de mes, porque ya iba a pedir fecha para ese mes. Al comienzo como que no le cuadró mucho eso, pero le prometí y le dí mi palabra que de todas maneras sería en enero porque si no, tendría que esperar hasta marzo porque en febrero el personal del Departamento Académico de la Facultad de Derecho salía de vacaciones por todo febrero y no me quedaba otra. Y si por esas cosas, no daba mi Examen de Grado me comprometía a devolvérselo el 31 de enero, con el riesgo de volver a comenzar. Y así quedamos. Para la tercera semana, solicité formalmente fecha. Por un lado, siempre quedaba la incógnito de quienes estarían en mi jurado, ya que uno no lo sabía hasta días antes del Examen. Y siempre se tenía el temor que te tocara alguien inquisidor o que le guste revolcar al graduando. Y en mi caso, mi temor era por el expediente penal. En esos momentos, en la Facultad, los cursos de Derecho Penal eran un paseo y muy pocos, optaban por especializarse en esa área. Y era volver a repasar TODO Derecho Penal, con el riesgo que te tocara un jurado de esos que sean expertos en la materia y te dejen en el suelo. Y habían profesores que eran así. De los tres jurados, siempre dos eran del área civil o constitucional y el restante del área penal. En esos días, me había hecho amigo de Mauro, quien se encargaba de dejar los expedientes a los jurados elegidos. Y allí supe que dos de mis jurados serían el Dr. Valega por el expediente constitucional y el Dr. Váscones por el expediente penal. Me hizo respirar tranquilo esta designación porque sabía que eran dos jurados que no eran unos malditos despiadados. Tampoco eran fáciles, porque de todas maneras tenía que prepararme bien. Y me dieron fecha para el 29 de enero. Para ello, dos días antes, como era costumbre antes de dar un examen de grado, en mi casa hice un simulacro de examen con tres amigos que hicieron de jurado, quienes fueron Samuelito Abad, Bruno Marchese y Alfonso Valencia, quienes me ayudaron a corregir algunos errores y mejorar en algunas cosas con miras al examen.

Días antes, supe que mi examen había sido postergado para el 30 porque al Dr. Valega se le había presentado un problema y no iba a poder estar como jurado y devolvió el expediente. En ese momento el Departamento Académico comenzó a buscar un nuevo jurado y el día 29 me comunicaron que mi examen había sido pospuesto al día 31 de enero porque todavía no se había conseguido un jurado. El 31 era el último día hábil de ese mes, y si no encontraban jurado la cosa se corría para marzo, con el riesgo de tener que devolver el expediente penal. Pero en la Secretaría me aseguraron que de todas maneras el Examen sería el 31 a las 8:00 am. Poco después me enteré de toda la odisea que se pasó para conseguir a ese tercer jurado. En ese momento el Secretario Académico era el Dr. César Landa, quien era constitucionalista. Y supe que habían acudido a todos los profesores del área constitucional y ninguno podía ser jurado, entre ellos el mismo Dr. Landa. Se llegó hasta el punto de acudir a un profesor de Derecho Penal para conseguir ese tercer jurado -algo poco usual porque siempre había un solo jurado en Derecho Penal cuando había un expediente penal-, pero tampoco se logró conseguir a alguien. En circunstancias normales, ese Grado hubiera sido postergado hasta Marzo, pero gracias a la generosidad del Dr. Landa, quien al saber el problema, optó por aceptar ser Jurado para mi Examen de Grado el mismo día 30 de enero. Y eso lo supe después de dar mi examen de Grado.

31 de Enero de 1990. Por esos días, era común estar sin luz por los racionamientos de energía eléctrica. Y me levanté a las 6 am, y me di con la situación que no había luz. Y para remate, el 1º de enero de ese año se había adelantado una hora y a las 6 am todavía estaba oscuro. Tuve que afeitarme con velas en esa mañana. Y con mi padre y mi hermano Alex. nos fuimos a la Universidad para mi Examen de Grado. A las 8 am, ingresó mi jurado compuesto por los Dres. Landa, Ochoa Cardich y Váscones. Y al sonar la campana, ingresé a exponer mis dos expedientes. Mi padre y mi hermano estaban sentados viendo el Examen y algunos amigos que se habían enterado también fueron allí. En el expediente de la Acción de Amparo, había sentencia contradictoria y en el Expediente Penal, aunque no había esto, pero habían varios temas por discutir y debatir. Mi exposición duró un promedio de 20 minutos y luego el Jurado formuló sus preguntas, vinculadas a los expedientes y también a las áreas constitucional y penal. Y en algún momento, el Dr. Váscones me hizo pasar más de un apuro, pero no al punto de hacer dudar sobre mi examen. Al finalizar las preguntas, nos invitaron a salir para que el jurado deliberara. Cuando uno era aprobado, sonaba la campana y si no, el jurado abandonaba la sala. Esos minutos de espera los sentí larguísimos y cuando sonó la campana, en ese momento sentí una emoción indescriptible, porque lo primero en que pensé fue en mi madre que nos había dejado hace más de dos años. Y al entrar, el Jurado me comunicó que había sido aprobado por unanimidad y que ya tenía el título de Abogado y luego pronuncié un juramento y así culminó todo. Lo que vino después fue emotivo, mi padre con lágrimas en los ojos me abrazó con emoción al igual que mi hermano Alex. Y mis amigos que estaban allí se acercaron a felicitarme. Y luego me acerqué a la facultad para pedir que me devolvieran los expedientes porque al día siguiente, 1º de febrero, iba a estar cerrada las oficinas de la Facultad. Y fue una experiencia maravillosa porque todas las personas en las oficinas -a quienes conocía-, al enterarse del resultado de mi examen me expresaron en forma sincera sus felicitaciones. Tres días después, el sábado 3 celebraría mi cumpleaños con un motivo más que especial por celebrar.

Han pasado 27 años de ese momento y el 16 de marzo de 1990 me incorporé al Colegio de Abogados de Lima. Desde ese entonces, mucha agua ha pasado bajo el puente. He tenido buenos momentos, pero también malos momentos. He trabajado en diversos lugares, y en varios años también estuve sin trabajo, en donde tuve que trabajar en otras cosas. En esos 28 años, estuve 10 años trabajando en la Asociación de Agentes de Aduana del Perú, desde 1997 hasta el 2007. He trabajado en algunos estudios, he trabajado conjuntamente con algunos colegas y muy pocas veces por mi cuenta. Y mi último trabajo fue en la Gerencia de una micro empresa desde el 2007 hasta el 2014, en donde no ejercí mi profesión al 100 %, pero tampoco estaba totalmente desvinculado. Pero todo esto tuvo su origen hace 27 años, cuando con ilusión y con preparación opté por mi título de Abogado.






sábado, 14 de enero de 2017

14 DE ENERO: RECORDANDO A MI MADRINA ROSALIA






El 8 de Setiembre del año pasado, se cumplió un aniversario más de la partida de mi querida madrina Rosalía Wiese de Vizcardo. Y por ese motivo, hace algunos años le dediqué un post recordándola con mucho cariño. Hacía tiempo que tenía deseos de dedicarle un post a mi madrina, como una muy sencilla forma de recordarla y hacer una semblanza de lo que fue su presencia en mi vida. Han transcurrido los meses, y hoy, 14 de Enero, se cumple un año más de su nacimiento y la ocasión es perfecta para actualizar dicho post publicado el año pasado y adaptarlo a la fecha de su cumpleaños, como una forma de celebrar su vida.

El primer recuerdo que tengo de mi querida madrina Rosalía fue cuando tenía 4 años de edad. En ese entonces vivíamos en el segundo piso de un edificio en la primera cuadra del Jr. Huancayo en Lima, y me acuerdo que mi mamá entró a mi cuarto y me dijo “Te ha venido a visitar tu madrina”. Salí y allí estaba ella en la sala y con mucho cariño me saludó. Ella era la prima hermana de mi padre, ya que mi abuela Ida y el papá de mi madrina, Alejandro Wiese –quien era un empedernido bromista- eran hermanos. Mi padre le tenía un gran y enorme cariño, y definitivamente ello influenció en la elección de la persona que sería mi madrina de bautismo. A partir de ese momento, ella siempre se haría presente con un regalo en mi cumpleaños durante mi niñez y siempre con auténtico y genuino cariño. A partir de mi adolescencia, ella siempre me llamaba por teléfono para saludarme por mi cumpleaños y a sugerencia de mis padres, comencé a poner en práctica la costumbre de llamarla también cada 14 de Enero, que era su cumpleaños. Y así fue de allí en adelante. Cuando vivíamos en aquella casa en Lince, frente al parque Mariscal Castilla, en bastantes ocasiones la tuvimos en casa y en algunas oportunidades, también estuvimos en su casa en San Borja, y siempre éramos muy bien recibidos por ella y su esposo, el recordado tío Héctor Vizcardo. Uno se sentía genuinamente en familia y también ello se extendió a sus hijos, mis queridos primos, José Manuel, Alvaro, Gonzalo y Fabiana. Cuando mi tía Elba -la hermana de mi papá quien aún vive en USA- venía de visita al Perú, nunca faltaba un almuerzo o comida en la casa de mi madrina para mi tía Elba y a donde también éramos invitados, pasándola super bien. También recuerdo mucho un fin de semana de Febrero de 1990 cuando pasé todo ese fin de semana en su casa de playa en Punta Hermosa -a la cual nunca dejaba de invitarme-, en donde fui maravillosamente atendido y la pasé bastante bien. Cuando murió mi madre en 1987, mi padre en 1993 y mi abuela en 1995, ella siempre estuvo presente acompañándonos hasta el último momento del sepelio.

En 1997 dejé la casa de Lince para mudarme a La Calera, en Surquillo, y como mi madrina vivía en San Borja, estaba relativamente cerca a su casa, ya que yo vivía por el cruce de las avenidas Angamos y Aviación y ella por Aviación y San Borja Sur, y ello marcó un nuevo momento con ella, ya que comencé a visitarla con bastante frecuencia y ella me recibía siempre con los brazos abiertos. Recuerdo mucho que cuando me separé de mi anterior relación en el año 2000, ella fue una de las primeras personas a quienes le conté de este hecho, y me dio su apoyo total. Me acuerdo muy bien que me dijo que mirara hacia adelante y que ya encontraría a alguien mejor. Cuando en mayo del 2001 comencé una nueva relación con quien es mi actual esposa, también fui a verla para contárselo y se puso muy feliz y me pidió que la trajera a la casa para presentársela porque quería conocerla, lo cual hice a la semana siguiente. Tanto ella como mis primos recibieron maravillosamente a mi hoy esposa Silvana. Para el año 2002 lamentablemente mi tío Hector falleció de una enfermedad que lo aquejó en el último par de años y fue un momento bastante triste. Cuando me casé en junio del 2002, mi madrina asistió con mi prima Fabiana y fue maravilloso para mí verla en ese momento tan importante en mi vida, pero por motivos en que se encontraba de duelo, al final se excusó de asistir a la recepción. Y recuerdo que de frente nos preguntó a Silvana y a mí, “¿Qué quieren que les regale?”. Al final, nuestra respuesta fue una licuadora y un mes después que fuimos a visitarla a su casa, nos entregó tanto su regalo como el de mis cuatro primos. A partir de allí, seguirían las visitas, pero un poco más espaciadas, ya que al casarme pasé a irme a vivir al Rímac, donde vivo actualmente.

La última vez que la ví fue en la celebración de las Bodas de Oro de mis tíos paternos Enrique y Nena en febrero del 2004, y nos saludamos con el cariño de siempre. Posteriormente, la llamé con cierta frecuencia para saludarla y así pasaron los meses. La última vez que conversé con ella fue cuando la saludé por el Día de la Madre y conversamos bien, y quedamos para ir a verla, pero por la distancia entre San Borja y el Rímac, como que la flojera vencía a veces y el típico pretexto “la próxima de todas maneras voy por allá” se imponía. Hasta que un 9 de Setiembre del 2004 en la tarde, recibí en mi trabajo la llamada de mi tío Enrique, quien textualmente me dijo “Lamento tener que darte ésta muy mala noticia: ha fallecido Rosalía”. Recuerdo que me quedé paralizado y petrificado y lo primero que le pregunté es que había sucedido, si había sido algo repentino. El tío me contestó que ya estaba mal desde hace varios meses y que había fallecido la noche anterior. En ese instante, mi día pasó del tono claro al oscuro y me parecía algo propio de una pesadilla, que me sacudió y me estremeció de pies a cabeza. En la noche fuimos con mi esposa al velorio y allí supe que ya desde comienzos de año había estado lidiando con una penosa enfermedad y que incluso cuando la ví por última vez, ya estaba con ese problema de salud. Nos quedamos un prolongado rato para darle el último adiós a mi querida madrina y lamentablemente por motivos de trabajo no pude ir al sepelio, algo que de todo corazón hubiera querido hacer. 

En estas épocas en las cuales los padrinos de bautismo son elegidos por motivos coyunturales y muchas veces, se pierde contacto con ellos, en mi caso, ella fue una madrina auténtica y de verdad, que siempre estuvo presente en mi vida, tanto en mi niñez, mi adolescencia, mi juventud y mi adultez, y a quien quise muchísimo. Fue una muy buena y maravillosa persona y su carácter alegre y jovial, su trato amable, campechano y cariñoso fueron sus signos distintivos y siempre con su sonrisa y con los brazos abiertos para recibirme en su casa. Echo mucho de menos el ir a visitarla y al menos, con mis queridos primos mantengo el contacto vía Facebook. Incluso, cuando en noviembre del 2008 viajé a Chile a ver a QUEEN + Paul Rodgers, mi primo Alvaro vivía en ese momento en Santiago y mi otro primo Gonzalo viajó también para el concierto y al día siguiente del concierto, nos reunimos en casa de Alvaro y pasamos un momento muy, pero muy grato. Hoy, en el día de su cumpleaños, siempre la sigo recordando con todo mi  amor y afecto. Y SE que en el reino espiritual debe estar más que feliz al lado del querido tío Héctor y de sus recordados padres, los muy queridos tíos Alejandro y Elia. Y de paso, también debe haberse encontrado con mis viejos y mi abuela. No tengo la menor duda de ello.

Gracias querida madrina por todo lo que fue tu presencia a lo largo de mi vida. Han pasado más de doce años desde que nos dejaste para siempre, pero tu recuerdo permanece intacto en mi mente y en mi corazón. Y este día de hoy, 14 de Enero, he querido recordarte con este sencillo post y en algún momento del día haré un brindis a tu salud, aunque sea con agua mineral, por aquellos maravillosos e inolvidables recuerdos que me unen a tí. 




¡¡HAPPY BIRTHDAY, QUERIDA MADRINA ROSALIA!! ¡¡SIEMPRE EN MI CORAZON!!


sábado, 7 de enero de 2017

MUSIC TRILOGY: PLEASE





El 2017 ya ha comenzado y como señalé en el último post del año pasado, en este mes de Enero, me voy a dar un más que merecido y necesario descanso, para reflexionar muchas cosas alrededor del blog y probablemente, hacer algunos correctivos y cambios. Y para no dejar el blog completamente en el aire y en silencio total, publicaré algunas actualizaciones y también, este segmento de “Music Trilogy”, que no me demanda una elaboración trabajosa y profunda. Así que damos inicio al 2017 en el blog, con este segmento “MUSIC TRILOGY”, consistente en una trilogía de canciones diferentes que comparten el hecho de poseer un mismo título. En este mes de Enero, he querido escoger para tí el siguiente título: “Please”. Y compartiré contigo los videos de los siguientes temas: 1) Del gran cantante británico Sir Elton John del año 1995, proveniente del buen álbum “MADE IN ENGLAND” y escrita por Elton John y Bernie Taupin; 2) Del legendario Robin Gibb del año 2003; y 3) Del grupo irlandés U2 de 1997. Nuevamente estamos ante una interesante trilogía musical, para que la puedas escuchar y disfrutarla. A nivel personal, como es costumbre, tengo mi predilecta de estas tres canciones, y te invito a dejar un comentario en el post, contándome cuál te gusta más y compartiré contigo cuál es la que más me gusta. Espero que disfrutes mucho de esta trilogía musical y nos volvemos a contactar el sábado 4 de Febrero, Dios mediante, en donde tendremos otra trilogía de canciones, unidas bajo un mismo título, pero cada una con una riqueza musical diferente. Hasta entonces.



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