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viernes, 25 de septiembre de 2026

25 DE SETIEMBRE: RECORDANDO SIEMPRE A MI QUERIDO VIEJO






Hoy, 25 de Setiembre, mi padre hubiera cumplido 99 años de edad. Y por ello, quise actualizar el post que le dediqué en mi blog hace trece años y publicarlo con fecha de hoy. Además, no quería que esta fecha pasara desapercibida en mi blog sin evocar a mi padre, ALBERTO SAMUEL GUADALUPE WIESE, quien aunque no está físicamente entre nosotros, su recuerdo permanece duradero por siempre entre nosotros.


Mi viejo nació un domingo 25 de setiembre de 1927, en la provincia del Callao. Cuando aún estaba en la barriga de su madre -mi abuela Ida-, su padre Samuel, de nacionalidad ecuatoriana, falleció en circunstancias más que misteriosas –la versión “oficial” fue que se ahogó cuando viajaba de una provincia a otra-, y al nacer, desde el saque ya era huérfano de padre, y su madre tuvo que sacar sola adelante a su familia, lo cual le endureció bastante el carácter. Vivió parte de su niñez en la Calle Constitución, en una especie de quinta al lado de casi toda su familia materna, y años más tarde, se iría a vivir al edificio de la cuadra 14 de Arenales, hasta cuando se casó con mi madre, Sara Gioconda Tello Arrasco, un domingo 2 de abril de 1961. Cuando el que escribe vino al mundo, un domingo 3 de febrero de 1963 –una vez más, un día domingo vuelve a estar presente en una fecha importante en la vida de mi padre-, mi viejo tenía 35 años. Terminó en la universidad sus estudios de Ingeniería Química, pero su gran pasión fue el periodismo, que finalmente lo terminó reclutando en sus filas.

Fue un periodista de la vieja guardia y pasó por numerosos medios de comunicación, tanto en prensa, radio y hasta TV. En prensa, se inició en “La Prensa” en la década del 50, y trajinó por diarios como “Expreso”, “Correo”, "Ultima Hora", “Visión Peruana”, y hasta llegó a ser Director del diario “Actualidad” en 1986, y en un gesto que reflejó con creces su ética profesional, renunció a dicho cargo cuando los dueños de dicho diario, le cambiaron la primera plana de la edición del día siguiente, sin siquiera comunicarle nada y pasando por encima de él, sorprendiéndolo al día siguiente cuando el diario ya estaba en los kioscos. Sin pensarlo dos veces, mi viejo presentó su carta de renuncia, expresando literalmente en su carta su decepción total con ese tipo de actitudes. En radio, estuvo en Radio Libertad con su entrañable amigo Víctor Manuel Avendaño en “La Voz de Libertad”. Y en TV, estuvo en la Jefatura de Redacción del Noticiero del Canal 2, "90 Segundos" -en sus momentos de esplendor-, y también en el noticiero del Canal 7 junto con su gran amigo, y hermano del alma, Lucho Jiménez -el “Tío Lucho” para quien lo conocíamos. Además del periodismo, también fue Relacionista Público y trabajó en diversos lugares, como el Ministerio de Industria y Turismo, el INIE –Instituto Nacional de Investigaciones Energéticas-, el Ministerio de Energía y Minas, y como dirigente gremial participó en congresos internacionales de periodistas y representó al país en certámenes internacionales. Fue también asesor en la administración pública y privada y finalmente en 1989 entró como Asesor y Jefe de la Oficina de Prensa de la Municipalidad de Miraflores, en la gestión del alcalde Alberto Andrade -quien era amigo suyo-, y estuvo allí hasta el final de sus días, en 1993. Y si hubo unanimidad en algo, después de su partida, fue que todos los medios al informar la noticia, señalaron que se había ido "un señor del periodismo".


Mi viejo me llevó por primera vez al Estadio Nacional a un partido de la U cuando yo tenía 6 años, y recuerdo que fue ante el KDT y la U goleó 3-0 ese partido. Mi padre era chalaco de nacimiento, pero crema de corazón desde que era niño cuando veía jugar a su ídolo Lolo Fernández y eso intentó inculcar en su primer hijo, y vaya que lo logró. Como en esa época vivíamos en Jr. Huancayo 177, a media cuadra de la Av. Wilson, estábamos relativamente cerca al estadio, y fuimos con cierta frecuencia y así me hice hincha crema desde mi niñez. Algo que no logró con mi hermano Alex, ya que desde niño se hizo hincha del Sporting Cristal.


En casa mi viejo era una persona seria, estricta y a veces rigurosa, pero eso era parte de una época en que no había las amplias libertades que hay en nuestros días. Debo admitir que durante mi niñez, adolescencia y juventud, fui muchísimo más pegado a mi madre, y mi padre era más una figura de autoridad y respeto, pero tampoco era alguien lejano o distante. Era quien me daba las propinas cada fin de semana o a quien había que pedirle permiso para salir a tal o cual lugar. Tenía su geniecito, pero no era rencoroso ni albergaba en su espíritu resentimientos ni odios. Era de corazón noble, solidario, sensible, afectuoso y sobretodo justo. Me acuerdo que cuando llevaba algo a la casa para comer o beber, SIEMPRE llevaba cinco porciones: para mi padre, mi madre, mi hermano Alex, yo y nuestra empleada, Antonia -leal puneña que me vio nacer y nos acompañó durante mucho tiempo y que en Enero del 2014 nos dejó para siempre. No para nosotros cuatro solamente, siempre incluía cinco pedazos de todo aquello que llevaba a casa. Tanto en su familia como en la familia de mi mamá, fue alguien muy querido y apreciado, porque era bien neutral y no se compraba problemas ajenos. Recuerdo que me decía, que si dos familiares estaban peleados, él no lo estaba con ninguno de los dos y no se hacía problema ni tomaba partido ni por uno ni por otro. Mis primos siempre lo querían como el “Tío Alberto” y los primos de su generación del ala materna –no tuvo parientes del ala paterna acá ya que su familia paterna provenía de Ecuador y nadie vivía acá-, lo llamaban por su apelativo que desde niño le decían, “Cato”. Una vez me dijo que cuando era bien niño, era pequeñito, y su abuela –la famosa “mamita” Georgina Drago- le decía “Pocato”, por “pequeño”, hasta que se quedó en “Cato” y así lo recuerda TODA mi familia paterna.


Por su profesión misma de periodista, fue una persona bien bohemia y le gustaba reunirse con sus colegas, después de las jornadas de trabajo, algo que a veces a mi vieja no le hacía mucha gracia y tampoco a mí cuando era niño y adolescente, pero después con los años llegué a comprenderlo. Debido a su múltiple paso por diversos medios de comunicación, ello generó que tuviese una gran cantidad de amigos y relaciones que a la hora de contactar con un medio, las puertas se le abrían con facilidad. Era una persona bastante sencilla, con él no iban los snobismos ni las pituquerías ridículas. El se sentía identificado con el hombre común de la calle, de clase media que a base de esfuerzo y trabajo, labraba su camino para sacar adelante a su familia. Nadie le regaló nada en la vida. Tenía amplia cultura y como siempre debía estar informado de todo lo que acontecía en el mundo por su profesión, era alguien con quien podías conversar de todo, desde política, hasta de futbol o cine. Pero por encima de todo, fue un profesional honesto, honrado e incorruptible, dueño de una ética intachable. Algo que una vez nos dijo a mi hermano y a mí fue que el día que nos dejara no nos iba a dejar riquezas ni fortunas, pero sí dos cosas puntuales: una profesión y un apellido limpio. Y vaya que lo logró.


En la década del 80, en mis años universitarios, por la edad, mi prioridad eran mis amigos, las fiestas y las salidas nocturnas y mi familia quedaba relegada. Ya cuando mi madre nos dejó en setiembre de 1987, sin duda eso generó un acercamiento con mi padre y una mayor integración. En lo personal, me queda la satisfacción que su último cumpleaños en 1992, que cayó viernes y lo celebramos el sábado con algunos familiares y amigos, nos divertimos bastante en el otrora Restaurant "Bertolotto", y en épocas de toque de queda, nos quedamos con mi prima Chabelita hasta las 5 de la mañana, siendo un día inolvidable que siempre recordaremos.

En 1993 enfermó, originalmente con una esofagitis, y tras hacerse exámenes y análisis, resultó que tenía una posible metástasis, que fue confirmado en abril de 1993 cuando fuimos donde mi tío Hector Vizcardo –QEPD-, quien era Gastroenterólogo en la Clínica San Borja y tras hacerle más exámenes, al final confirmó los temores: metástasis hepática derivada de un cáncer al estómago. A la semana siguiente, por medio de la familia de la entonces enamorada de mi hermano Alex, Blamy, supimos de un médico naturista, Dr. Casanova y fuimos hasta Huachipa a la consulta. Y luego de que el doctor vio los resultados de sus exámenes, dijo que necesitaba quedarse internado y que necesariamente un familiar debía quedarse con él. En ese momento, mi hermano Alex trabajaba y yo estaba sin trabajo fijo, así que elegí quedarme y un 21 de abril nos fuimos a Huachipa y estuve con él hasta el martes 4 de mayo, cuando nos dejó para siempre. En verdad, su fase ya era terminal y no había nada que hacer, pero al menos se fue en paz y esos últimos 14 días de su vida fueron tranquilos y no se fue sufriendo, sino se apagó lentamente. Quizás en una clínica hubiera durado un poco más, pero a un precio quizás más doloroso para él.

Hace 33 años que nos dejó, pero su recuerdo siempre permanece imborrable en nuestras mentes y corazones. Desde que nos dejó, he podido avanzar en mi vida y sortear dificultades y superar momentos bastante duros, tanto sentimentales, económicos como laborales, y a Dios gracias, hoy me siento una persona agradecida con lo que Dios y la vida me ha dado. SE que si viviera, se sentiría feliz por mi y por mi hermano Alex. Y SE que hubiese adorado a mi esposa Silvana, no me cabe la menor duda de ello, y de hecho, debe haberse encontrado con ella en el reino espiritual. Es más, ahora que me ha tocó perder a mi amada esposa Silvana el 4 de Noviembre del 2020, entiendo y SE lo que debe haber sentido mi viejo cuando perdió a mi madre. SE que también hubiera estado feliz de ver que pude cumplir mi sueño de ver a la dupla sobreviviente de QUEEN en Chile, ya que él entendía mi pasión por QUEEN, ya que él sentía eso mismo por Carlos Gardel y sus tangos, y por la música criolla. Y también estoy seguro que le hubiera fascinado este blog personal y sería un asiduo lector y mi principal crítico también. Si algo heredé de mi padre fue mi pasión para escribir que proviene de su vena periodística y sobretodo, sin errores ortográficos, algo que se me inculcó desde niño. Me acuerdo cuando en el 93 estuve en el programa de radio “Cinco Noches” al lado de mi gran amigo Huguito Salazar, mi viejo me grababa cada miércoles los programas, y muchos meses después, cuando él ya se había ido, supe por una de las chicas que trabajaron con él en la Municipalidad de Miraflores, que mi viejo le contaba con orgullo a las personas con las que trabajaba, que su hijo estaba en la radio los miércoles. Y además, como todos los diarios pasaban por su escritorio, TODA noticia vinculada a QUEEN, era recortada por él y separada y me la llevaba a casa sin falta. Y también SE que estaría feliz de mi experiencia en Stereo Lima.com.

Su espíritu alegre, su caracter amiguero, su sencillez, sensibilidad y trato cordial con todos, su dedicado y entregado profesionalismo, y sobretodo, su intachable honradez y honestidad moral fueron su sello distintivo. Por eso es que quise desde este modesto blog, evocar a mi querido viejo y agradecerle por todo lo que me dio en la vida, por los valores que me inculcó y que me sirvieron tanto para ser un hombre de bien en la vida. Y desearle que donde quiera que se encuentre en el Reino de los cielos –estoy seguro que estará en una Zona Super VIP, al lado de mi madre-, pase un mágico cumpleaños y que desde arriba vea que sus hijos lo recuerdan siempre y siguen diariamente su ejemplo de vida, hasta el día en que llegue el anhelado reencuentro en el reino de Dios. Y concluyo este post con este tema que le gustaba tanto: "Only You" de The Platters.

¡FELIZ DIA MI QUERIDO VIEJO!!





miércoles, 16 de septiembre de 2026

16 DE SETIEMBRE: RECORDANDO A MI MADRE






Hoy 16 de Setiembre se cumplen 39 años de la partida de mi madre, SARA GIOCONDA TELLO ARRASCO, y quería compartir con ustedes su recuerdo y su imagen. Aunque no está físicamente entre nosotros desde 1987, su recuerdo permanece duradero por siempre.

Mi viejIta nació un miércoles 21 de marzo de 1934, en la provincia de Chiclayo, departamento de Lambayeque. Vivió su niñez y adolescencia en las cálidas tierras chiclayanas, al lado de su madre Petronila, y sus hermanas Letty, Aura y Norma, y años más tarde, se iría a vivir a Lima. Se casó con mi padre, Alberto Samuel Guadalupe Wiese, un domingo 2 de abril de 1961 en la Iglesia "Cristo Rey" en Santa Beatriz y se fueron a vivir al edificio que estaba en la cuadra 14 de la Av. Arenales. Cuando el que escribe vino al mundo, un domingo 3 de febrero de 1963, mi madre tenía 28 años y ya vivían en el Jr. Huancayo 177, Departamento 203, en Lima, donde estuvimos hasta febrero de 1971, cuando nos mudamos a nuestra recordada casa en Lince, en el Jr. Sinchi Roca 2538, al frente del parque "Mariscal Castilla". 


En casa mi mamá -a quien llamábamos la "Chanchita"- fue una persona afectuosa y sobretodo, justa. Era una persona bien nerviosa y por ello, muchas veces era estricta cuando se trataba de darme permiso para salir con mis amigos a la calle, pero eso era parte de una época en que no había las amplias libertades que existen en nuestros días. Durante mi niñez, adolescencia y juventud, fui mucho más pegado a mi madre, quien a veces intercedía ante mi viejo para lograr un permiso mayor o para comprarme algunas cosas que me gustaban. Mientras mi padre trabajaba, todo permiso en la casa era con ella. Era una persona que se hacía querer por todo aquel que la conocía o trataba. Tanto en su familia como en la familia de mi padre, fue alguien muy querida y apreciada, porque era bien neutral y no se compraba problemas ajenos y también supo lidiar con mi abuela Ida, abuela paterna -quien tenía un carácter muy fuerte-, y con los años se convirtió en su mayor soporte y apoyo. Mis primos siempre la querían como la “Tía Gioco”, la tía conciliadora y que recibía siempre con los brazos abiertos a todos sus sobrinos, sin excepción.

Era una persona bastante sencilla, con ella no iban snobismos ridículos. Ella se sentía identificada con la persona común de la calle, y cuando iba a hacer sus compras al mercado, o cualquier otro lado, tenía sus caseras quienes le tenían mucho cariño y consideración. Recibía a todos por igual y cuando mis amigos del colegio o de la universidad pisaban a la casa, nunca dejaba de atenderlos y hacerlos sentir como en su casa.

Entre sus gustos, le encantaba la música instrumental, sobretodo la de Richard Clayderman –le fascinaba la “Balada para Adelina”-, y una de las mayores satisfacciones que mi hermano y yo tuvimos fue regalarles a nuestros padres por su aniversario de bodas número 26, dos entradas para ver a Richard Clayderman en vivo en el Auditorio del Colegio Santa Ursula, y recuerdo cuando regresaron del show, tenía una sonrisa de oreja a oreja por haber visto a un músico a quien admiraba. Pero si hay un tema que cuando lo escucho inmediatamente me hace evocar a mi madre y me mueve un poco el piso, es el instrumental “Love Is Blue” de Paul Mauriat, porque me traslada al año 1968 cuando tenía 5 años y vivíamos en la casa de Jr. Huancayo y mi hermano Alex tenía meses de nacido. Mi madre siempre me recogía de la escuela "Nuestra Señora de la Paz” y siempre nos íbamos a tomar lonche los viernes. También le encantaba el cine y sus actores favoritos eran Robert Wagner y Paul Newman. Le gustaba ver TV y siempre en las tardes y en las noches veía sus telenovelas al lado de nuestra empleada, Antonia -leal puneña que me vio nacer y nos acompañó durante mucho tiempo y que en enero del 2014 también nos dejó. Y por supuesto, le gustaba el fútbol, y en la casa había democracia para el fútbol. Mientras mi viejo y yo éramos cremas, y mi hermano era del Cristal, mi madre era aliancista de pura cepa y adoraba al “Nene” Cubillas y también le encantaba Oblitas. Pero era de las hinchas que cuando un equipo peruano distinto a su equipo blanquiazul jugaba contra un equipo extranjero, gritaba y vibraba con los goles que hacían. Y ni qué decir cuando jugaba la selección peruana, pegaba unos gritos de emoción cuando ganaba Perú, que perforaban nuestros oídos.



En la década del 80, en mis años universitarios, por la edad, mi prioridad fueron mis amigos, las fiestas y las salidas nocturnas y mi familia quedó relegada. Pero todo eso cambió en la setiembre de 1986 cuando luego de hacerse unos análisis, le diagnosticaron una fuerte anemia y una insuficiencia renal crónica. Fue un impacto fuerte porque en ese mes de setiembre, se puso muy mal y parecía que nos dejaba. Dejé todo por estar a su lado y estar atento a lo que necesitara. Luego que mi padre hiciera algunas gestiones, a partir de ese mes, comenzó con un tratamiento de diálisis para su insuficiencia renal y al comienzo, fue algo muy fuerte que la hacía sufrir mucho. Pero en los siguientes meses, ese tratamiento generó algunas mejoras en ella y pudo hacer su vida normalmente, pero sin dejar de someterse tres veces por semana al tratamiento de diálisis. Yo siempre la recogía de cada sesión y había veces que salía bien, como otras veces salía extenuada y muy agotada. Pero allí iba, lidiando de la mejor manera con este problema de salud. Recuerdo su último cumpleaños en marzo del 87, que en casa de mi tía Letty -su leal hermana con quien hablaba todos los días por teléfono-, le organizaron un almuerzo sorpresa y fue una velada muy grata y especial en familia.

Pero las cosas comenzaron a empeorar para setiembre del 87. La enfermedad había avanzado progresivamente y por más diálisis que tuviera, ya sus riñones se iban deteriorando cada vez más. Y a eso, se agregaba que el corazón se le había dilatado y había agarrado parte del pulmón, provocándole problemas respiratorios. Daba dos pasitos y se agitaba de cansancio. El martes 15 fue un día muy duro y esa noche, no durmió por el dolor que la aquejába –y ninguno de nosotros en la casa pudo dormir tampoco-, y para el día siguiente, miércoles 16, los dolores fueron en aumento. A eso del mediodía, decidimos internarla de emergencia en la Clínica Anglo Americana con el fin que la pudieran controlar mejor y estabilizar. Gracias al apoyo de mi tía Carmela y mi primo Fernando, nos trasladamos allá con mi viejo, mientras mi hermano Alex se quedó en casa. Al llegar a la clínica, aparentemente se había podido estabilizar y estaba más tranquila y la trasladaron a su cuarto. Todo iba bien hasta que en un momento comenzó a faltarle el aire y luego de una muy criticable indiferencia inicial por parte de los enfermeros, alguien se dio cuenta de la gravedad de la situación y eso generó que de inmediato llamaran a todos los paramédicos quienes entraron al cuarto, y mi padre y yo tuvimos que abandonar el cuarto. De inmediato llamé a mi hermano para que viniera a la Clínica porque la cosa era seria. La espera fue tensa y me comenzó a dar mala espina ver que las enfermeras salían lentamente del cuarto y en silencio. Y lo peor se confirmó minutos después. Mi padre y mi hermano se habían ido por otro lado y me encontraba solo esperando. Habían llegado mi tía Victoria y su hija Pilar, familiares cercanos del ala paterna y del cuarto salió el médico y se acercó hacia mí con semblante serio y con pesar me informó que mi madre nos había dejado para siempre por un paro cardiorespiratorio. Lo que vino después fue uno de los momentos más duros y dolorosos que me haya tocado vivir. Y a diferencia de mi padre, quien se fue sin sufrir, mi madre hasta el final se fue sufriendo y mucho.

Hace 38 años que nos dejó, pero su recuerdo siempre permanece imborrable en nuestras mentes y corazones. Desde que nos dejó, he podido avanzar en mi vida y sortear obstáculos y dificultades y superar momentos difíciles, tanto económicos, sentimentales como laborales, y a Dios gracias, hoy me siento una persona agradecida con lo que Dios y la vida me dio. SE que si viviera, me diría que se sentiría feliz por mi y por mi hermano Alex. Y SE que hubiese adorado a mi esposa Silvana, quien hubiera sido su “Aliada y Compañera Número 1”, no tengo la más mínima duda de ello. Y no tengo la menor duda que ya debe haberse encontrado con ella en el reino espiritual y deben haber charlado harto. Ella también sabía cuanto me gustaba QUEEN –varias veces cuando veía especiales de QUEEN en la TV, se sentaba en la sala a acompañarme- y SE que también hubiera estado feliz de ver que pude cumplir mi sueño de ver a la dupla sobreviviente de QUEEN en Chile, en el 2008.

Su caracter alegre, su sencillez y trato cordial con todos, sus sinceros deseos de atender siempre bien -con lonchecito incluido- a quien visitaba la casa y el enorme ángel que tenía, fueron siempre características esenciales de ella y su sello distintivo. Por eso es que quise desde este modesto blog, evocar a mi viejita y agradecerle por todo lo que me dio en la vida, por los valores que me inculcó y que me sirvieron tanto para ser un hombre de bien en la vida. Y desearle que donde quiera que se encuentre en el Reino de los cielos –estoy seguro que estará en una Zona Super VIP, al lado de mi padre, su mamá, su querida hermana Letty y por qué no, también de mi amada esposa Silvana-, vea que sus hijos lo recuerdan siempre y siguen diariamente su ejemplo de vida, hasta el día en que llegará el anhelado reencuentro en el reino espiritual.





domingo, 7 de junio de 2026

07 DE JUNIO DEL 2002: EL MEJOR MOMENTO DE MI VIDA





Un 7 de junio del 2002, hace ya 24 años, viví el momento más feliz de mi vida, cuando me casé por civil con Silvana, el amor de mi vida. Aunque me imagino que algunos pensaran que entro en una contradicción, ya que en algunos posts anteriores he afirmado contundentemente que el día más feliz de mi vida fue el 19 de noviembre del 2008 en Santiago de Chile al lado de mi esposa, cuando ese día logré hacer realidad el sueño de ver a la dupla sobreviviente de QUEEN en concierto. No, sigo sosteniendo que ese día fue el más maravilloso que me ha tocado vivir en mis 63 años de vida, de principio a fin. Pero, si hablamos de momentos, el momento en el cual me sentí más feliz que nunca fue cuando me casé por civil por Silvana -no me casé por religioso porque mi esposa era divorciada y la Iglesia tiene sus retrógradas reglas considerando al divorciado como un paria o apestado, sin derecho a ser feliz nuevamente-, pero no fue el día más feliz que tuve, porque ese día fue literalmente un día lleno de caos, correteos, apuros y tensiones, y todo cambió cuando puse en pie en la Municipalidad, Y deseo compartir con ustedes, mis queridos amigos, lo que fue ese día para mí. Y ahora, que en este 7 de Junio en que ya no tengo a mi esposa a mi lado, tras su partida física el pasado 4 de noviembre del 2020, este post adquiere un ribete distinto, nostálgico y lleno de emociones.

Como antecedente, originalmente me iba a casar el 12 de abril del 2002, pero a fines de marzo, mi entonces novia Silvana se puso mal y la tuvieron que llevar de emergencia y tuvieron que extraerle la vesícula, y ello ameritaba reposo absoluto luego de ser dada de alta en los primeros días de abril. Ante ello, como habíamos ingresado el expediente en la Municipalidad de San Borja el día 21 de marzo -el día del cumpleaños de mi madre-. teníamos hasta el 21 de junio para fijar nueva fecha. Y decidimos que fuera en junio, el viernes 7, para que ella pudiera estar totalmente recuperada. Y así fue. Y en parte, el destino casi me juega una mala pasada, porque el día 4 de junio falleció el ex presidente Fernando Belaúnde Terry y el entonces presidente Toledo decretó dos días de duelo nacional como feriados no laborables. Si ese señor hubiera fallecido un día después, todo se iba al agua y no me hubiera podido casar ese día 7, y ya teníamos todo separado a partir de esa fecha. Felizmente no ocurrió así y el 7 fue un día laborable más, pero no me imaginé el problema del tráfico que se iba a generar después.

En ese momento estábamos en pleno mundial de fútbol y de los 32 partidos de la primera ronda del Mundial Corea Japón 2002, el único partido que me interesaba ver era el de Argentina-Inglaterra. Y para mala suerte mía, el partido fue fijado el 7 de junio a las 5 am, hora de acá. Y no me lo quería perder por nada del mundo. Me levanté a las 5 am para ver el partido, que finalmente ganó Inglaterra por 1-0, y luego de ello, me puse a embalar en cajas lo último que me quedaba. Hasta ese momento y durante 4 años y 8 meses, viví en una casa de familia en La Calera de la Merced en una habitación amplia con baño y un patiecito, que era independiente. Y siempre tuve una muy buena relación con la dueña de casa, la Sra. Amelia, quien siempre se portó muy bien conmigo y me apoyó enormemente en momentos algo complicados. Para eso, ya había contratado a un taxista que trabajaba en Metro y quien en los días anteriores, me transportó parte de mis cosas a la casa de mi esposa en San Antonio, en el Rímac, donde vivo actualmente. Y también lo había contratado para que nos llevase a la Municipalidad de San Borja. Ese momento fue muy duro para mí. Primero me despedí de mi vecino de cuarto en el tercer piso y ya en ese momento comenzaba a sentir un nudo en la garganta. Luego me despedí de otro inquilino, el Sr. Soto, quien siempre fue muy respetuoso y cordial conmigo, y ya en ese instante sentía que me temblaban las piernas por la emoción y la pena. Y lo más difícil vino después, despedirme de la Sra. Amelia y ya en ese instante, los ojos se me pusieron vidriosos, y recuerdo algo que me dijo la Sra. Amelia. "los buenos amigos nunca se despiden. Nos vemos en el matri". Luego de ello, llegué con el último cargamento de mis cosas a San Antonio y a partir de ese momento a acomodarlas, hacer las maletas y coordinar lo que se venía en las siguientes horas.

Acompañé a Silvana a una peluquería para que le hicieran un pequeño arreglo a su pelo, y lejos de hacerlo bien, y como Silvana tenía rulos, al salir de allí, quedó totalmente descontenta con lo que le habían hecho a su pelo y al regresar a casa, fue de frente al baño a mojarse el pelo nomás para que sus rulos volvieran a estar como estaban. Pero eso no fue inmediato y mientras no sucedía, la tensión se apoderaba del momento. En principio, la idea de ese día era descansar, pasar un momento en familia y dejar todo listo para el matrimonio civil. Pero fue todo lo contrario. Teníamos previsto que el taxista nos recogiera a las 5 pm, porque el matrimonio era a las 7 pm y queríamos llegar una hora antes para coordinar todo allí, con los mozos para el champagne, recibir a la gente que asistiría y esperar el momento. Y de paso, ya había quedado con la Sra. Amelia en dejarle mis maletas antes del matri para luego de terminado, recogerlas e irnos al Hotel. Pero jamás imaginamos el horrible y atorado tráfico que hubo ese día. Como los dos días anteriores habían sido feriados y siendo viernes el último día hábil de la semana, la congestión del tráfico era en todos lados. No avanzábamos nada y a mí me estaba matando la tensión y la idea de llegar pasadas las 7 pm. Eran las 6:30 pm y todavía seguíamos en la Vía Expresa. Pasaban los minutos y avanzábamos a ritmo de tortuga. Y encima, como aparentemente habíamos salido más temprano que lo usual, mi suegro, David -el hijo de mi esposa-, mi cuñado y sus seis hijos iban a salir a las 6 pm. Eran las 6:55 pm, y recién salíamos de la Vía Expresa y estábamos en el taxi con todas las cosas, la torta, los champagnes, y nuestras maletas y me imaginaba que allí estarían pensando que nos arrepentimos y nos fugamos. A las 6:58 pm en punto llegamos a la Municipalidad y en ese preciso instante cuando puse un pie en la Municipalidad, el día cambió totalmente para mí. Fue como pasar de la noche al día y lo que vino en las siguientes horas, fueron los momentos más felices de mi existencia. Fue pura magia para mí y allí estaban nuestros familiares y amigos cercanos. Pero debido al problema del tráfico, muchos de nuestros familiares más cercanos llegaron cuando ya la ceremonia había terminado y estábamos en el saludo, entre ellos, quienes salieron a las 6 pm del Rímac, mi hermano Alex y mis dos sobrinos y mis tías maternas más cercanas. Ese fue un momento hermoso y único. Luego de allí, nos fuimos a la recepción, que a última hora mi hermano Alex me ofreció para hacerla en la terraza del edificio donde vivía en ese entonces, en la Av. Javier Prado y donde estuvieron presentes nuestras familias y nuestro grupo de amigos más cercano. Y nuevamente, la magia se apoderó de ese momento y nunca me sentí tan feliz como en ese momento. Hasta me dí el gusto de bailar un medley de QUEEN. Al final de todo, retornamos al Hotel Country Club, donde fue nuestra Noche de Bodas y donde pasamos un mágico momento, y a la mañana siguiente, disfrutamos de un rico desayuno. Pero antes, el gran fotógrafo Luchito Padilla fue hasta el Hotel para entregarme todas las fotos que tomó tanto en el matrimonio civil como en la recepción. Y las fotos fueron de muy buena calidad de quien además, fuera gran amigo de mi padre. A las 3 pm, viajamos por tierra a Tacna para nuestra luna de miel, y nos hospedaríamos en la casa de mis tíos Ernesto y Celia, quienes siempre nos invitaban a visitarlos a Tacna. Y pasamos una semana muy grata y tuvimos la suerte de pasar una noche en Arica, Chile.

Han pasado 24 años de ese mágico momento y hoy puedo decir que viví muy, pero muy feliz de la vida al lado de mi esposa Silvana y me consideré siempre como una persona FELIZMENTE casada. Lo mejor que me pudo haber sucedido en la vida fue casarme con ella y como dije en el momento que me casé, "antes de conocerla mi vida era distinta, después de conocerla, ya nada fue igual". De ahora en adelante, siempre recordaré esta maravillosa fecha, porque fui el ser más feliz y dichoso del planeta, cuando se hizo realidad mi deseo de casarme con el verdadero y único amor de mi vida. Y así será hasta el día que deje este mundo y me reencuentre con ella en el reino espiritual.





domingo, 14 de enero de 2024

14 DE ENERO: RECORDANDO A MI MADRINA ROSALIA






Hoy, 14 de Enero, se cumple un aniversario más del nacimiento de mi querida madrina Rosalía Wiese de Vizcardo. Y por ese motivo, hace algunos años le dediqué un post recordándola con mucho cariño. Hacía tiempo que tenía deseos de dedicarle un post a mi madrina, como una muy sencilla forma de recordarla y hacer una semblanza de lo que fue su presencia en mi vida. .

El primer recuerdo que tengo de mi querida madrina Rosalía fue cuando tenía 4 años de edad. En ese entonces vivíamos en el segundo piso de un edificio en la primera cuadra del Jr. Huancayo en Lima, y me acuerdo que mi mamá entró a mi cuarto y me dijo “Te ha venido a visitar tu madrina”. Salí y allí estaba ella en la sala y con mucho cariño me saludó. Ella era la prima hermana de mi padre, ya que mi abuela Ida y el papá de mi madrina, Alejandro Wiese –quien era un empedernido bromista- eran hermanos. Mi padre le tenía un gran y enorme cariño, y definitivamente ello influenció en la elección de la persona que sería mi madrina de bautismo. A partir de ese momento, ella siempre se haría presente con un regalo en mi cumpleaños durante mi niñez y siempre con auténtico y genuino cariño. A partir de mi adolescencia, ella siempre me llamaba por teléfono para saludarme por mi cumpleaños y a sugerencia de mis padres, comencé a poner en práctica la costumbre de llamarla también cada 14 de Enero, que era su cumpleaños. Y así fue de allí en adelante. Cuando vivíamos en aquella casa en Lince, frente al parque Mariscal Castilla, en bastantes ocasiones la tuvimos en casa y en algunas oportunidades, también estuvimos en su casa en San Borja, y siempre éramos muy bien recibidos por ella y su esposo, el recordado tío Héctor Vizcardo. Uno se sentía genuinamente en familia y también ello se extendió a sus hijos, mis queridos primos, José Manuel, Alvaro, Gonzalo y Fabiana. Cuando mi tía Elba -la hermana de mi papá quien aún vive en USA- venía de visita al Perú, nunca faltaba un almuerzo o comida en la casa de mi madrina para mi tía Elba y a donde también éramos invitados, pasándola super bien. También recuerdo mucho un fin de semana de Febrero de 1990 cuando pasé todo ese fin de semana en su casa de playa en Punta Hermosa -a la cual nunca dejaba de invitarme-, en donde fui maravillosamente atendido y la pasé bastante bien. Cuando murió mi madre en 1987, mi padre en 1993 y mi abuela en 1995, ella siempre estuvo presente acompañándonos hasta el último momento del sepelio.

En 1997 dejé la casa de Lince para mudarme a La Calera, en Surquillo, y como mi madrina vivía en San Borja, estaba relativamente cerca a su casa, ya que yo vivía por el cruce de las avenidas Angamos y Aviación y ella por Aviación y San Borja Sur, y ello marcó un nuevo momento con ella, ya que comencé a visitarla con bastante frecuencia y ella me recibía siempre con los brazos abiertos. Recuerdo mucho que cuando me separé de mi anterior relación en el año 2000, ella fue una de las primeras personas a quienes le conté de este hecho, y me dio su apoyo total. Me acuerdo muy bien que me dijo que mirara hacia adelante y que ya encontraría a alguien mejor. Cuando en mayo del 2001 comencé una nueva relación con quien fue mi amada esposa Silvana, también fui a verla para contárselo y se puso muy feliz, y me pidió que la trajera a la casa para presentársela porque quería conocerla, lo cual hice a la semana siguiente. Tanto ella como mis primos recibieron maravillosamente a Silvana. Para el año 2002 lamentablemente mi tío Hector falleció de una enfermedad que lo aquejó en el último par de años y fue un momento bastante triste. Cuando me casé en junio del 2002, mi madrina asistió con mi prima Fabiana y fue maravilloso para mí verla en ese momento tan importante en mi vida, pero por motivos en que todavía se encontraba de duelo, al final se excusó de asistir a la recepción. Y recuerdo que de frente nos preguntó a Silvana y a mí, “¿Qué quieren que les regale?”. Al final, nuestra respuesta fue una licuadora y un mes después que fuimos a visitarla a su casa, nos entregó tanto su regalo como el de mis cuatro primos. A partir de allí, seguirían las visitas, pero un poco más espaciadas, ya que al casarme pasé a irme a vivir al Rímac, donde vivo actualmente.

La última vez que la ví fue en la celebración de las Bodas de Oro de mis tíos paternos Enrique y Nena en febrero del 2004, y nos saludamos con el cariño de siempre. Posteriormente, la llamé con cierta frecuencia para saludarla y así pasaron los meses. La última vez que conversé con ella fue cuando la saludé por el Día de la Madre y conversamos bien, y quedamos para ir a verla, pero por la distancia entre San Borja y el Rímac, como que la flojera vencía a veces y el típico pretexto “la próxima de todas maneras voy por allá” se imponía. Hasta que un 9 de Setiembre del 2004 en la tarde, recibí en mi trabajo la llamada de mi tío Enrique, quien textualmente me dijo “Lamento tener que darte ésta muy mala noticia: ha fallecido Rosalía”. Recuerdo que me quedé paralizado y petrificado y lo primero que le pregunté es que había sucedido, si había sido algo repentino. El tío me contestó que ya estaba mal desde hace varios meses y que había fallecido la noche anterior. En ese instante, mi día pasó del tono claro al oscuro y me parecía algo propio de una pesadilla, que me sacudió y me estremeció de pies a cabeza. En la noche fuimos con mi esposa al velorio y allí supe que ya desde comienzos de año había estado lidiando con una penosa enfermedad y que incluso cuando la ví por última vez, ya estaba con ese problema de salud. Nos quedamos un prolongado rato para darle el último adiós a mi querida madrina y lamentablemente por motivos de trabajo no pude ir al sepelio, algo que de todo corazón hubiera querido hacer. 

En estas épocas en las cuales los padrinos de bautismo son elegidos por motivos coyunturales y muchas veces, se pierde contacto con ellos, en mi caso, ella fue una madrina auténtica y de verdad, que siempre estuvo presente en mi vida, tanto en mi niñez, mi adolescencia, mi juventud y mi adultez, y a quien quise muchísimo. Fue una muy buena y maravillosa persona y su carácter alegre y jovial, su trato amable, campechano y cariñoso fueron sus signos distintivos y siempre con su sonrisa y con los brazos abiertos para recibirme en su casa. Echo mucho de menos el ir a visitarla y al menos, con mis queridos primos mantengo el contacto vía Facebook. Incluso, cuando en noviembre del 2008 viajé a Chile a ver a QUEEN + Paul Rodgers, mi primo Alvaro vivía en ese momento en Santiago y mi otro primo Gonzalo viajó también para el concierto y al día siguiente del concierto, nos reunimos en casa de Alvaro y pasamos un momento muy, pero muy grato. Hoy, en el día de su cumpleaños, siempre la sigo recordando con todo mi  amor y afecto. Y SE que en el reino espiritual debe estar más que feliz al lado del querido tío Héctor y de sus recordados padres, los muy queridos tíos Alejandro y Elia. Y de paso, también debe haberse encontrado con mis viejos y mi abuela, y por qué no, con mi amada esposa Silvana. No tengo la menor duda de ello.

Gracias querida madrina por todo lo que fue tu presencia a lo largo de mi vida. Han pasado más de 19 años desde que nos dejaste para siempre, pero tu recuerdo permanece intacto en mi mente y en mi corazón. Y este día de hoy, 14 de Enero, he querido recordarte con este sencillo post y en algún momento del día haré un brindis a tu salud, aunque sea con agua mineral, por aquellos maravillosos e inolvidables recuerdos que me unen a tí. 




¡¡HAPPY BIRTHDAY, QUERIDA MADRINA ROSALIA!! ¡¡SIEMPRE EN MI CORAZON!!


jueves, 4 de noviembre de 2021

UN AÑO SIN TI

 

 

UN AÑO, DOCE MESES, 365 DIAS. Hoy, 4 de Noviembre del 2021, se cumple el primer aniversario de la partida física de mi amada esposa Silvana. El primer año del resto de mi vida sin ella. En Febrero de este 2021, publiqué un post a los tres meses de su partida, y hoy, quise volver a hacerlo, recordando un poco lo que han sido estos doce meses sin su presencia física. Aún tengo en la memoria el momento en que supe de su partida. Ya estaba internada en la Clínica SANNA El Golf desde el lunes 2 en la noche y se encontraba en UCI, Unidad de Cuidados Intensivos, debido a que su presión estaba peligrosamente baja y su hemoglobina igual, y el martes 3 de noviembre, la doctora en la UCI nos informó a David y a mí que ya no había nada que hacer y era cuestión de esperar. Tanto el lunes como el martes en la noche, yo me quedé en la clínica y dormí en el pasillo en una silla. Y era consciente que en cualquier momento, alguien podría salir de la UCI y decirme que se había dado el desenlace. El miércoles 4 transcurrió y ella todavía permanecía con vida, pero ya estaba inconsciente. Ese día entré a verla a la UCI cada dos horas, para estar a su lado, hablarle al oído y decirle lo mucho que la amaba y que estaríamos bien con David. En la Clínica estaba mi cuñado y su familia, y también mi hermano, con su hijo Jorge y su esposa Dianita, quienes estuvieron a mi lado los dos últimos días. A eso de las 6:30 pm, la señorita que estaba en la entrada de la UCI, me llamó y me dijo que el doctor necesitaba hablar conmigo. Ya comenzaba a presentir lo que vendría porque la noté bastante inquieta. Y al entrar, el doctor me informó que mi esposa ya había partido. Lo que vino después representó el momento más duro y triste de toda mi existencia, y definitivamente cambiaría brutalmente mi vida por completo y para siempre.

 


Tras la ceremonia de cremación de sus restos, nos llevamos la urna con sus cenizas a casa, y la pusimos en el comedor, en el aparador donde está la urna con las cenizas de mi suegro. Y siento que nos acompaña siempre en casa. A partir de ese momento, en casa éramos David y yo, y por supuesto, agregando a la hijita perruna Frida, quien también es parte de la familia. Lo bueno es que con David siempre tuvimos una muy buena relación, y la confianza siempre fue enorme. Por eso es que cuando sucedió este durísimo momento, pudimos afrontarlo, y apoyándonos mutuamente. En los meses inmediatos, yo me iba a encargar de todo lo concerniente a la propiedad de la casa y todas aquellas cosas en que mi amada esposa era titular, para hacer el respectivo cambio de titularidad. En sus últimas semanas, algo que me pidió Silvana fue que la propiedad de la casa saliera a nombre de David y se lo prometí con todo mi corazón. Ese fue mi propósito y compromiso en los meses venideros, cumplir con su voluntad. Paralelamente, también inicié un procedimiento en su AFP, Profuturo, para solicitar una pensión de sobrevivencia que me correspondía. Tras varios meses, al final, en Junio, concluyó el procedimiento, y desde Julio, me abonan en mi cuenta mi pensión de sobrevivencia, mes a mes, y esto será hasta el día que deje este mundo. Sin duda, fue un regalo divino de parte de ella. Merecido o inmerecido, no lo sé, pero al menos, esto me permitirá vivir con tranquilidad y sin necesidad de angustiarme por llegar como sea a fin de mes. 

 

Sin duda, quizás lo más difícil en estos doce meses, fueron aquellas fechas importantes sin ella, las primeras sin la persona ausente. El año pasado fue Navidad y Año Nuevo, no fue fácil, pero con David la pasamos muy bien en casa los dos y lo disfrutamos en esas dos fechas. Luego en este año, se han venido dando fechas como mi cumpleaños en febrero, el cumpleaños de David en abril, el día de la Madre en mayo, mi aniversario de matrimonio en junio y el cumpleaños de Silvana en Octubre, hace exactamente dos semanas. Y ahora, este primer aniversario. Pero siempre es así en el primer año, ya he pasado por eso, y sé que en lo sucesivo, ya uno recordará con amor y alegría estas fechas.

 


Luego de la partida física de mi esposa, siempre me dije que mis objetivos de vida serían tener Paz y Tranquilidad. Definitivamente, mi vida ya no volverá a ser la misma sin ella, y nada ni nadie harán que las cosas vuelvan a ser como antes. Ya nada es igual. Pero, este proceso de duelo que me ha tocado atravesar, lo he hecho con mucha fuerza de voluntad y no permitirme derrumbarme o tirarme al abandono. Eso no es lo que ella desearía para mí. Ya he recorrido este camino de luto cuando perdí a mis padres, sobre todo, a mi madre. Y sé que hay luz al final del camino y que se sale de esto. Herido, con cicatrices y golpeado, pero se sale de esto. Además, también hay que dejar que el tiempo haga su trabajo de cicatrizar esas abiertas heridas internas, y no sabotearse uno mismo, raspándose a cada rato las heridas. Para mí, esos son dos elementos fundamentales para atravesar un proceso de duelo: fuerza de voluntad y el transcurrir del tiempo. Eso fue lo que hice en estos doce meses posteriores a su partida, y hoy puedo decir que me siento más tranquilo, mucho más tranquilo que hace un año. Pienso en ella cada día y no hay día en que no me dirija a ella o acaricie su urnita. Eso va a ser así hasta el día en que nos volvamos a encontrar. Pero ya hablar de ella no me afecta ni me destroza por dentro, ni me desgarra. Ya no la recuerdo con dolor, pesar o tristeza, sino con nostalgia, algo de melancolía, y también alegría por tantos lindos momentos compartidos durante 18 años de matrimonio, más el año previo. El 12 de mayo pasado, hubiéramos cumplido 20 años de relación. Volviendo a la primera línea de este párrafo, repito, mis objetivos de vida son tener Paz y Tranquilidad. Eso lo tengo en mi casa. En ese sentido, soy igual que Silvana, disfruto mucho estando en mi casa, no me deprime ni me conformo solo con ello. Nadie sabe lo que yo he pasado durante el 2019 y 2020, y parte de este 2021. Y luego del agobiante stress que marcó brutalmente mi vida en esos años, hoy ya no quiero más eso en mi vida, y quiero vivir tranquilo. Y lo hago, viendo mis series en canales de streaming, como Netflix, Amazon Prime, Disney +, Star + y Gaia. Ese es mi relax y definitivamente, en diciembre del año pasado y los primeros meses de este 2021, fue lo que me ayudó a disiparme y relajarme en casa. Le debo mucho de mi tranquilidad a esos benditos canales de streaming. En serio. Y hay series que veo solo, y también hay series que vemos junto con David, y lo disfrutamos harto. Además que a ambos nos encanta el futbol y como hinchas de River Plate, seguimos sus partidos, además de las importantes ligas de Europa y el Brasileirao. Tengo motivos de sobra para disfrutar tranquilo y en paz en casa. Si hay alguna ocasión para salir, o alguna reunión más adelante, bienvenido sea. Pero no es el caso de que me piquen los pies por salir de casa. No, ya pasé por eso en mis 20’s y 30’s. Hoy ya no lo necesito. Y además, también disfruto de mi hijita perruna Frida, cuya compañía ha sido valiosísima para nosotros y conmigo juega siempre con su pelota y le encanta pasar por entre mis piernas, ida y vuelta.

 

Repito lo que escribí en febrero hace nueve meses. Hoy, un año después de la partida física de mi amada Silvana, siempre la llevo en mi corazón y el recuerdo de lo hermoso que tuvimos permanecerá de manera imperecedera dentro de mí. Y por supuesto, soy y seré totalmente agradecido por los 18 años, 4 meses y 28 días de matrimonio a su lado. Ya algún nos volveremos a encontrar, no tengo la menor duda de ello. Mientras tanto, viviré mi vida, honrando su memoria, teniéndola presente siempre y cumpliendo mi misión en esta vida.   

 

 

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