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sábado, 13 de junio de 2026

13 DE JUNIO: ANIVERSARIO DE MI QUERIDO COLEGIO "SAN ANDRES"






Un 13 de Junio de 1917, bajo el nombre "Anglo Peruano", hace 109 años, se fundó mi querido Colegio San Andrés, por John A. Mackay y bajo los auspicios de la entidad Promotora, la Junta de Misiones de la Iglesia Libre de Escocia. Con su lema "TIMOR DOMINI INITIUM SAPIENTIAE" (El temor a Dios es el principio de la sabiduría), ha sabido inculcar en muchas generaciones de alumnos, principios y sobretodo, valores morales que han servido de base para cimentar el desarrollo de nuestra vida futura y profesional. Para el desarrollo de nuestra vida académica y deportiva, desde Transición fuimos divididos en cuatro equipos o "Houses", identificados con el apellido de algún clan escocés y un determinado color, y estaban divididos de la siguiente manera: Douglas (azul), Mackay (amarillo), MacGregor (verde) y Stuart (rojo), y tuve la dicha de pertenecer durante once años a la gloriosa "Douglas".

En 1969 ingresé al colegio y cursé Transición, y fue el inicio de mi etapa escolar. Durante toda la década del 70, mi vida entera estuvo ligada al colegio. En 1970 cursé Primero de Primaria y fueron cinco años maravillosos que viví en Primaria hasta 1974 y que estuvieron ligados a mi niñez. Estuvimos en el segundo piso durante esos cinco años y fueron mis mejores años en el colegio, donde nacieron y se cultivaron muchas de las mejores amistades que tengo en la vida. No puedo dejar de mencionar a varios profesores que me dejaron huella como la recordada Miss Elizabeth Mackenzie -quien fue nuestra "Class Teacher" en Transición y Quinto de Primaria-, y nuestros Class Teachers en Primaria como la Miss Carrera en Primero de Primaria, la Miss Zúñiga en Segundo de Primaria, la Miss Dora Quiroz en Tercero de Primaria y sobretodo, quien fue mi mejor profesor en el colegio, el Sr. Alejandro Huamán en Cuarto de Primaria, quien fue para todos nosotros más que un maestro. Y en ese año 1973 cuando estuve en Cuarto de Primaria, guardo muy presente a quien fuera nuestra profesora de Inglés, Miss Catherine Mackay -era esposa del Director William Mackay-, quien reforzó mi interés en el idioma inglés.

Ya en Secundaria, a partir de 1975, las cosas cambiaron un poco. En Primero de Secundaria entraron como cerca de 14 o 15 nuevos alumnos provenientes del Colegio "América", y esos cinco años desde 1975 a 1979 marcaron mi adolescencia. En esos cinco años estuvimos en el primer piso, y fueron años en que la inocencia fue dejada de lado y muchas veces hacíamos sufrir más de la cuenta a los profesores, como por ejemplo a "Pelusa" Reátegui, "Memo" Espinoza, "Cachencho" Palacios o el "Cholo" Flores. Pero también hubieron profesores que dejaron huella en nosotros como por ejemplo, el recordado profesor Gustavo Luna quien nos enseñó Educación Cívica, el Sr. Luis Torrejón, el Sr. Palacios, pero sobretodo, quien fuera nuestro Class Teacher en Tercero de Secundaria, Mr. Clive Bailey, quien en ese año 1977 fue su debut en el colegio con un español incipiente, y se ganó todo nuestro cariño y aprecio, a quien llamábamos cariñosamente "Tío Clive", o sino, "Old England Toffee", o "PIerre Richard" -por su parecido con ese actor francés. Mr. Bailey fue hasta el año 2013 Director del Colegio y fue un enorme gusto verlo cada año en el aniversario del colegio. Aunque también habían profesores que nos hacían sufrir como el "Loco" Vidal, el "Perro" Benavente y el Sr. Bazán. Y mención aparte, también dejó huella en nosotros, el profesor José Vidal Coello, quien con su rigurosa disciplina supo mantener a raya al alumnado y así evitar que imperara la ley de la jungla, pero quien fuera de clase era una muy buena persona.

Cuando entré a la Universidad, me alejé totalmente del San Andrés y disfruté mis años maravillosos en la Universidad Católica tanto en Estudios Generales Letras como en la Facultad de Derecho durante toda la década del 80. Fue una década en que solamente el 13 de junio de 1980 visité el colegio y fue el año en que había ingresado a la universidad y no había pasado ni un año de nuestra salida del colegio y aún quedaba cierta nostalgia. Toda esa década del 80 estuve totalmente apartado y concentrado en mi vida universitaria. Fue recién en 1992, cuando el colegio cumplió 75 años, sus Bodas de Diamante, cuando volví a pisar mi colegio y fue una sensación emotiva y muy grata, recordando innumerables pasajes de mi vida escolar. Pero el resto de la década del 90 también estuve alejado, ya sea porque estaba trabajando o por diversos motivos. Fue recién en la década antepasada, a partir del año 2000, cuando retorné a mi colegio un 13 de Junio y a partir de ese momento, nunca he estado ausente en un día del Colegio, y solo falté en el 2002 -cuando ese año me encontraba de luna de miel en Tacna, tras haberme casado el 7 de junio- y en el 2019 por motivos estrictamente familiares. En el año 2020, en plena cuarentena debido al maldito corona virus, todas las clases en los colegios quedaron suspendidas y luego, canceladas, como parte del Estado de Emergencia vigente. Esto se mantuvo en el 2021, y a Dios gracias, en el 2022 se volvió a celebrar esta fecha en nuestro querido colegio. Fuera de eso, siempre fui infaltable y estuve siempre presente cada 13 de junio a las celebraciones correspondientes al Día del Colegio. En mi casa ya sabían que no contaban conmigo para ese día. En mi penúltimo trabajo, mis vacaciones eran en junio y no tenía problema de ir al colegio y en mi último trabajo, a partir del 2007, puse una condición: que no me tocaran el 13 de Junio y que todo ese medio día me la consideraran a cuenta de mis vacaciones.




Hace nueve años, mi querido colegio cumplió 100 años y verdaderamente, fue todo un acontecimiento. Después de varios años, por fín se llegó al Centenario. Y en el 2019, nuestra promoción 1979 cumplió 40 años, y la próxima gran celebración ya será cuando cumplamos 50 años, Bodas de Oro, en el 2029, dentro de tres años. Finalmente, en lo que a mí respecta, espero seguir teniendo la dicha de estar presente cada mes de junio en mi colegio, en los años venideros, y por el resto de mi vida. 

¡¡GRACIAS SAN ANDRES POR TODO LO QUE ME BRINDASTE EN LA VIDA: MI FORMACION BASICA, VALORES Y PRINCIPIOS MORALES Y SOBRETODO, MIS MEJORES AMIGOS!! 


¡¡FELICES 109 AÑOS!!







jueves, 18 de diciembre de 2025

18 DE DICIEMBRE DE 1979: NUESTRA GRADUACION, EL FIN DE UNA ERA







Diciembre de 1979. Mes que se convertía en el último mes de nuestra vida escolar, que se inició en 1969 en Transición. Once años habían transcurrido y estábamos llegando ya al final de una etapa en nuestras vidas, y justo coincidiendo con el final de la década del 70. Ya para ese mes, tras terminar los exámenes finales del cuarto bimestre, nuestro interés estaba enfocado en lo que sería el día que nos graduaríamos con la cena de promoción y luego, la fiesta de promoción. A finales de noviembre, ya habíamos tenido una reunión un sábado en la noche en la casa de Beto Lay, y en donde invitamos a nuestro querido profesor, Clive Bailey -fallecido en el 2022-, quien fuera nuestro Class Teacher en Tercero de Secundaria y con quien tuvimos una cercanía muy grande, y quien muchos años después, llegó a ser Director del Colegio, dándole una visión más moderna y de mente amplia. El domingo 9 de diciembre tuvimos una Ceremonia de Despedida en un culto público en la Capilla del Colegio, y fuimos con nuestras familias y fue un momento bastante especial.





Luego de coordinaciones y de diversas actividades que se realizaron bajo la batuta de la Comisión de Madres de Familia -de la cual mi viejita -QEPD- formó parte y doy fe de lo duro que se batieron para recaudar fondos para nuestra promoción-, se fijó que la fiesta de promoción sería el viernes 21 de diciembre de 1979. Y nuestra Graduación sería el 18 de Diciembre y luego de la Ceremonia, la Cena sería en el recordado Hotel "Cesar's" en Miraflores, hoy llamado "Casa Andina Private Collection Miraflores". Ese día martes 18 de Diciembre de 1979 fue uno de los más felices días de mi vida, un día que fue completo, de principio a fin, y eso sucedió hace exactamente 45 años, un día como hoy.


Recuerdo que mis viejos y mi hermano estaban esperando con expectativa este momento y los que nos graduábamos teníamos la libertad de invitar a todos los familiares que quisiéramos. Me acuerdo que el Director del colegio en ese entonces, el señor Vidal -más conocido como el "Loco Vidal"- nos dijo que la entrada a la ceremonia de graduación era con invitación, pero nosotros teníamos carta libre para pasarle la voz a quienes quisiéramos y poco le faltó para decir que trajéramos a la empleada y hasta al perro de la casa. Teniendo en cuenta eso, yo había invitado a algunas tías, hermanas de mi madre, pero se excusaron por el tema del tiempo, y al final, irían mis padres y mi hermano Alex. Esa mañana del martes 18 de diciembre comenzó de una manera entusiasta para mí. Sabía que ese día iba a ser especial, tanto por la graduación como por la cena, pero también en mi interior, era consciente que cerraba una etapa de mi vida en el colegio y en sus instalaciones -porque la fiesta ya sería en el Country Club- y eso me generaba por un lado cierta pena, porque a partir del siguiente año, 1980, todos tomaríamos rumbos separados, postulando a la Universidad; pero por otro lado, me generaba expectativa por lo que vendría en mi vida al año entrante, cuando postulara a la Universidad Católica a Derecho. Esa mañana nos citaron en el colegio para ensayar lo que sería nuestra participación en la graduación, cómo entraríamos al Salón de Actos, cómo nos ubicaríamos en nuestros asientos y cómo se llevaría a cabo la ceremonia, cuando el Superintendente Allan Fraser -más conocido como "Camote"- nos llamaría uno por uno para entregarnos nuestros diplomas. Y también ensayamos cantando el himno de Inglaterra, "God Save The Queen" -en ese época, aún no era el fan de QUEEN que soy ahora. Y también me acuerdo que en esa mañana estaba con nosotros dándonos las pautas nuestro profe Clive Bailey, y en un momento en que cantábamos el himno de Inglaterra, el cachetón Alex Llerena no quiso cantar y Bailey le metió su cuadrada y todos por dentro nos arrastrábamos de la risa, y algunos decían en voz baja "jálenle las orejitas". El ensayo duraría un poco más de una hora y terminado esto, regresamos a nuestras casas, para prepararnos para lo que vendría. Pero el ambiente era muy positivo y nostálgico, porque sabíamos que esa sería la última vez que estaríamos como promoción dentro del colegio y ya en mi interior iba sintiendo que estaba viviendo un día especial y muy feliz. Y eso que todavía faltaba lo mejor.

De regreso a casa, almorcé con mi familia y descansé un poco y calculando la hora, salimos en dirección al colegio. Llegando, mi familia se ubicó en el auditorio y yo me iría con mis amigos de la promoción, y todos estábamos con nuestros ternos, con saco y corbata -cuando no tenía la más mínima idea de cómo hacerme el nudo de la corbata- y al momento de entrar al colegio nos pusieron una rosa en la solapa del saco. Y nos ubicamos en nuestros asientos, en las butacas de adelante en la columna del centro, y cuando comenzó la ceremonia, para mí fue sencillamente algo mágico, reminiscente y nostálgico. Soy sincero en confesar que en esos momentos, pasaba por mi cabeza todos los recuerdos vividos desde Transición y la reminiscencia se iba apoderando  de mí. En el resto del Salón de Actos, nuestros familiares contemplaban felices y orgullosos este logro en nuestras vidas, culminar nuestros estudios escolares. Y cuando llegó el momento en que nos llamaron a subir al estrado, uno por uno, en orden alfabético, todos los familiares del que subía al estrado rompían en aplausos y hasta con algo de barra. Cuando me tocó subir, me temblaban las piernas y fue emotivo para mí, ver sentada en el estrado a la Miss Mackenzie, quien fuera nuestra querida profesora en Transición y Quinto de Primaria. Recibí de manos del señor Fraser el diploma y una Biblia como regalo que nos daba el colegio. En honor a la verdad, esos segundos fueron uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Y así, desfilarían todos en el estrado, tanto la gente de mi salón A, como mis hermanos de la B. Y un momento que debo confesar que se me hizo un nudo en la garganta, fue cuando llegó el momento de entonar el himno del colegio, "Adelante Estudiantes del Anglo". Era la última vez que lo cantaría como alumno, ya que las numerosas veces que lo he entonado cuando he ido al Colegio ha sido ya en calidad de Ex Alumno. Todos cantamos el himno con fervor y emoción, porque creo que todos éramos conscientes que era la última vez que lo haríamos como alumnos. Al terminar la ceremonia, me acuerdo que busqué a mis viejos y sentí una gran felicidad al ver sus rostros de emoción y me abrazaron muy efusivamente y mi viejo tenía sus ojos algo rojos de la emoción y mi viejita tenía una sonrisa de oreja a oreja. Me despedí de ellos porque de allí nos iríamos a nuestra Cena y nos juntamos para irnos en grupos al Hotel "Cesar's", que quedaba en la esquina de La Paz con Diez Canseco.

Cuando llegamos al hotel, fue para mí alucinante. Era un hotel de lujo y era uno de los mejores hoteles en Lima en esa época. Cuando entramos al ambiente, vimos que estaba todo alfombrado y donde estaríamos ubicados, y mismo niño en dulcería miraba a todos lados, deslumbrado por el hotel. Ese fue un momento mágico para mí, el compartir con los amigos de la promoción el que era nuestro último acto formal como promoción en donde estábamos TODOS los miembros de la promoción, ya que a la fiesta de la promoción hubieron uno o dos que no asistieron. El servicio fue de primera, la comida estuvo deliciosa y me acuerdo que nos acompañaron el señor Fraser, y algunos profesores, como el señor Bailey, el señor Luna -conocido como Pablo Mármol-, el señor Espinoza -más conocido como Toby, Memo o Marmotín-, el señor Palacios -conocido como "Chorizo"-, y el señor Granados -el popular "Náufrago". Y lo que vivimos en ese momento fue sencillamente único y nos sentíamos más hermanados que nunca. Al final, la cena acabó, creo que a eso de las 11 pm, y un grupo de la promoción se fue a celebrar con el "Náufrago" -que era un loco de atar-, y como en esa época el que escribe no tomaba, me regresé a mi casa en los colectivos que iban por la avenida Arequipa. Y recuerdo que me fui con un compañero de promoción, al cual jamás volvimos a ver después en 46 años, ya que no fue a la fiesta, Juan Allauca. Recuerdo que conversamos de la cena y nos despedimos con un "hasta el viernes, nos vemos en la fiesta", y después nunca más se supo de él. Me bajé en el Edificio "El Dorado", ya que en esa época vivía en mi tradicional casa en Lince, y me fui caminando por toda la avenida Hipólito Unanue, con un sentimiento de felicidad verdadera y auténtica, de haber vivido un día completo, desde que me levanté hasta que me acosté. Muy pocas veces he tenido días así en mi vida. He tenido momentos muy felices, pero no días completos, y este 18 de diciembre de 1979 fue el primer día en que experimenté una felicidad completa. Y no volví a experimentar esto hasta el 19 de noviembre del 2008 cuando en Chile cumplí el sueño de mi vida de ver a la dupla sobreviviente de QUEEN en vivo. Fue un día impregnado de magia que se esparció a lo largo de todo ese martes 18 de diciembre de 1979 y que hoy, 46 años después, lo sigo recordando como si fuera ayer.

Luego vendría la fiesta de Promoción en el Country Club y eso ya fue otra historia. Con los años, hemos tenido buenos reencuentros en la promoción, sobretodo en nuestras Bodas de Plata en el 2004, por nuestros 30 años en el 2009 y en nuestros 40 años en el 2019. Pero tanto en la Graduación como en la fiesta, fue la última vez que estuvimos todos juntos como promoción, algo que no se ha vuelto a repetir. Aún conservo el contacto con mis amigos del alma, "Los Siete Samurais" -Beto Hernández, Alex Llerena, Roberto Rentería, Martín Ortiz, Octavio Zumarán, César Watanabe y el que escribe-, al que incorporaría como un "Octavo Samurai" a mi gran amigo Tito Teruya o a mi entrañables amigos Emilio Palacio y Juanjo Mendoza. Ellos son mis hermanos del alma, y son mis amistades más entrañables y más antiguas, que en su gran mayoría se iniciaron hace 56 años y que hoy 46 años después de haber dejado las aulas sanandresinas, la amistad, confianza y estimación personal se mantiene intacta. E incluso, hay un grupo de Whatsapp, en donde son 30 los que se mantienen en contacto y cada cual, con sus ocurrencias o sus videos o audios -algunos subiditos de tono-, nos hacen retroceder a esas épocas escolares en la década del 70.  Asimismo, el aprecio por mis compañeros de promoción, tanto de mi salón, como mis hermanos de la B, sigue perdurando con los años.

Un día como hoy, hace 46 años, nos graduamos de nuestro querido "San Andrés" y vivimos el último acto formal como alumnos del colegio. Y ese recuerdo permanece por siempre en nuestras mentes y corazones, como recuerdo del final de una etapa única y singular de nuestras vidas, once años en que compartimos todo en el colegio y que nos formó como personas de bien y que fue la base de lo que somos ahora.





lunes, 1 de abril de 2024

1969: HACE 55 AÑOS




   




Hace mucho tiempo, durante la década del 60, 70 y creo que también en los 80's, uno iniciaba su ingreso a los Nidos a partir de los 4 años, no como ahora que al cumplir un añito de vida, los padres ya están pensando en qué nido meter a su hijo. Antes, los primeros cuatro años de nuestras vidas estaba tan llena de libertad para jugar con nuestros amigos de la cuadra o del edificio donde vivíamos, para ver nuestros dibujos animados favoritos en la TV -cuando no existía el cable y solo contábamos con tres canales de TV. Cuando cumplí 4 años en 1967, mis padres me metieron a lo que en ese momento se llamaba "Jardín de la Infancia" en el Colegio Nuestra Señora de la Paz. Fue mi primera vez que me relacionaba con personas distintas a las que jugaba diariamente en el edificio donde vivía en Jr. Huancayo 177, Lima. Y significó una muy positiva experiencia, porque al final de ese año, recuerdo que recibí un diploma con su medallita de honor, lo cual enorgulleció a mis padres. Recuerdo que en mis clases del Jardín, yo le decía a mis amigos con una mezcla de orgullo y felicidad que a fin de año tendría un hermanito, quien vendría al mundo en el mes de noviembre de ese año 67. Luego del Jardín, en 1968 seguí Transición, siempre en el Colegio Nuestra Señora de la Paz, y al final del año también recibí un Diploma, pero sin medalla esta vez.

Fue así como llegó el año 1969 y como el Colegio Nuestra Señora de la Paz se había mudado y en un lugar muy lejos de donde vivía, mis padres se vieron en la situación de ver a qué colegio me meterían, el cual sería el colegio donde desarrollaría mi vida escolar. Honestamente, nunca supe el real motivo, pero en ese momento, mis padres supieron de un colegio que se encontraba en la primera cuadra de la avenida Petit Thouars, llamado Colegio San Andrés. Y debieron haber escuchado buenas referencias, porque al final, decidieron que yo comenzaría ese año 69 en dicho colegio y por cuestión de mi edad -tenía 6 años cumplidos-, tuve que volver a hacer Transición porque era demasiado niño para entrar a Primero de Primaria. Si trasladamos nuestra memoria a la década del 60 y primeros años de la década del 70, por esa época y durante la primera mitad de la década del 70, las clases en todos los colegios arrancaban religiosamente el día 1º de abril. No era como en la actualidad que a los pobres escolares los hacen comenzar el año escolar en marzo, y peor aún con este infernal, insufrible e insoportable calor. Tuvimos suerte de contar en esa época con tres meses completos de vacaciones para disfrutar, jugar y divertirnos con nuestros amigos, o nuestra collera.

Fue así como un día lunes 1º de Abril de 1969 -lunes como hoy, en el 2024-, hace 55 años, comencé mi primer día de clases en el Colegio San Andrés, en Transición, en la Sección "A". Esa semana, justo cayó Semana Santa, y por ende, solo tuvimos clases el lunes, martes y miércoles. Recuerdo que el primer día de clases, ví un montón de muchachos corriendo por el Patio Sinclair, y acto seguido, sonó el timbre para que todos los alumnos entraran a sus respectivos salones. Una vez que formamos nuestra fila, ingresamos 30 alumnos al salón que estaba al frente del Patio Sinclair y recuerdo vagamente las mesitas amarillas donde nos sentábamos de a cuatro, y también me acuerdo de unos palitos verdes y rojos. Esa mañana el Director, William Mackay, nos visitó ese primer día de clases para darnos la bienvenida y la mayoría de nosotros le llegábamos a las rodillas porque era un tipo tan alto que te inspiraba respeto. Y tras la cordial bienvenida, quedamos con quien fuera nuestra primera "Class Teacher", nuestra profesora principal en ese primer año de vida escolar, Miss Elizabeth Mackenzie, nuestra querida y recordada Miss Mackenzie, quien fuera un ejemplo de profesora abnegada y dedicada, siempre al servicio de sus alumnos como nuestra Class Teacher y enseñándonos prácticamente todos los cursos. Recuerdo también el haber tenido también como profesores al Sr. Huamán en Educación Física -cuando comenzamos a hacer uso del gimnasio- y a la Mrs. Olivera -antes de su accidente- en sus clases de Canto, quien nos aporreaba las mesas con una regla mientras nos hacía cantar. Y como dato anecdótico, el primer amigo que tuve y con quien interactué, fue mi gran amigo Eddie Bernal. Y por ese motivo, ambos siempre nos llamamos "patita", con cariño, porque fuimos el primer amigo en la vida del otro.

Hubieron cosas que en ese primer año de estudios en Transición "A", fueron parte de ese inicio sanandresino en 1969. Cómo no recordar los recreos cuando el Patio Sinclair era todo para nosotros -y también para nuestros hermanos del salón de la B- y no nos mezclábamos con el resto de Primaria. Un año en el cual comenzamos a usar durante todo ese año 69, el recordado uniforme del colegio con el saco azul, la insignia del colegio y la corbatita y el pantalón plomo -antes que todos nos vistiéramos con el repulsivo uniforme color rata decretado por el cojo impresentable de Velasco en 1971. Era alucinante cuando te acercabas a la mesita donde te habían ubicado y encontrabas allí todos tus útiles y los cuadernos con hojas opticas -que hoy ya no existen-, que el colegio las mandaba a hacer en la librería Minerva, y que se convirtió en todo un ritual en toda la primaria. Y como olvidar la famosa listita de la Miss Mackenzie y su forma de calificar, que era mediante unos sellos que contenían un Bote, Un Niño y el Niño con el Bote, y era lo máximo si te ponían ese último sello en tu cuaderno.

También recuerdo la novedad de la designación de las Houses. Siguiendo los patrones británicos, eran cuatro las Houses que habían el colegio y cada una vinculada a un color determinado: Douglas (Azul), McGregor (Verde), Mackay (Amarillo) y Stuart (Rojo). Siempre pienso que las casualidades no existen y fuí asignado a mi color favorito, el Azul, y pertenecí durante 11 años a la gloriosa House de la Douglas. Y sobre todo, en las clases de Educación Física, llevábamos los polos del color de nuestras houses y jugábamos fulbito, basket y hasta handball entre houses, dentro de un ambiente de sana competencia.

Haciendo un poco de memoria, no puedo dejar de recordar a varios amigos que comenzaron con nosotros y que estuvieron algunos años más acompañándonos en el salón y que después tomaron otros rumbos. Amigos como Christian Napurí, Rodriguez, Barbat, Zevallos, Benito Contreras, Yuri Hinojosa, Chavez y Vilca, a quienes se tiene siempre en el recuerdo.


Y al final de ese año 69, recuerdo cuando la Miss Mackenzie -quien repitió el plato con nosotros en 5º de Primaria, en 1974, y a quien tuvimos la dicha de volver a ver en dos oportunidades en noviembre del 2003- anunció los tres primeros puestos, y que puso a Luchito Takano en el primer lugar y un empate en el segundo lugar entre Beto Hernández y Omar Uceda. Sinceramente, era una época en donde conservábamos nuestra total inocencia, y que fue el primer peldaño de lo que serían nuestros siguientes 10 años en el colegio.

En la cena en casa de Emilio Palacio el 23.11.2003, junto a nuestra querida Miss Mackenzie, y al lado de Alex Llerena, Emilio Palacio, Beto Hernandez y Roberto Rentería.

Hace 55 años comenzó mi vida escolar, que duraría 11 años hasta 1979. Hace 55 años comenzó la amistad, que con muchos de mis amigos y compañeros de promoción, se ha mantenido firme, sólida y estrecha a lo largo de todos estos años. Y me atrevo a decir que son las amistades más antiguas que tengo en mi vida. Es cierto, que en los siguientes 10 años, fueron llegando a nuestro salón entrañables amigos, tanto en Primero de Primaria, como también, seis años después, en Primero de Secundaria, amigos que también forman parte de nuestras vidas. Pero, es imposible no recordar donde se originó todo, donde nació nuestra etapa sanandresina, y eso ocurrió un 1º de abril de 1969, cuando contábamos con apenas 6 o 7 años. Allí empezó la amistad con muchos de quienes considero hoy no solo como mis amigos, sino como mis hermanos del alma, como Beto Hernández, Alex Llerena, César Watanabe, Emilio Palacio, Marco y Miki Jiménez, Eddie Bernal, Juan José Mendoza, Marcos Arrieta, Sergio Gonzáles Benavides, José Manuel Gonzáles Martínez, Rolo Salvatierra, Beto Lay, José García, Juan Allauca, Lucho Rojas Meggo, Edgardo Li, Lucho Takano, y el recordado Chito Novoa.
 

1979: La Vieja Guardia en 5º de Secundaria al lado de la Miss Mackenzie


En este año 2024, que mi promoción cumple 45 años de haber salido de las aulas sanandresinas, es imposible no evocar ese año 1969 cuando se dio inicio a mi etapa escolar, que hasta el día de hoy la llevo en el corazón, y sobretodo, cuando comenzó la amistad de 55 años que tengo con muchos amigos y hermanos sanandresinos.

Como diría la primera línea de nuestro querido himno del colegio.
 


ADELANTE ESTUDIANTES DEL ANGLO!!
 

 

miércoles, 22 de diciembre de 2021

RECORDANDO AL PROFESOR CLIVE BAILEY

 


 

Una vez más, como me ha sucedido ya varias veces, no estaba entre mis planes elaborar y publicar este post. Pero muchas veces, la realidad te lleva a situaciones no planificadas y decisiones imprevistas. El día de hoy, miércoles 22 de Diciembre, me enteré por un gran amigo de la promoción del colegio, que nos había dejado para siempre, quien fue nuestro profesor y Class Teacher en Tercero de Secundaria en mi querido colegio “San Andrés”, CLIVE BAILEY, el querido “Tío Clive”, para nuestro salón, la “A”. Sinceramente, la noticia me tomó por sorpresa y me causó muchísima pena, realmente una muy profunda tristeza, porque se trató de un profesor que dejó huella en nosotros, y que se hizo querer por todos, no solamente por nuestra promoción, sino también por todos aquellos alumnos que recibieron sus enseñanzas. Por eso, fue sumamente grato cuando supimos que en el año 2008 asumió el cargo de Superintendente o Headmaster del colegio, cargo en el que estuvo hasta el año 2013. Por todo esto, es que sentí el deseo y también la necesidad interna de elaborar este post para recordar a nuestro querido “Tío Clive” y rendir este modesto tributo a su memoria.

 


En 1977, entramos a cursar el Tercer Año de Secundaria, tras haber transitado nuestros dos primeros años en Media -como así se le llamaba también. Y la curiosidad inicial siempre fue saber quién sería elegido como nuestro Class Teacher, a lo largo de todo el año. Ya habíamos tenido en Primer y Segundo Año, dos Class Teachers jodidos, porque en Primero, inicialmente fue el profesor Salvador Cárdenas, pero al fallecer trágicamente por un accidente automovilístico a mediados de año, pasó a ser nuestro Class Teacher, el recordado “Loco” Vidal, a quien ya habíamos sufrido un año antes en Quinto de Primaria, como profesor de Geografía. Y en Segundo Año de Media, fue el profesor de Matemáticas, Carlos Benavente, más conocido como el “Perro”, quien era recontra estricto. Fueron dos años en que nos tuvieron a raya, y esperábamos que al menos, quien fuera elegido no fuera tan bravo. Y recuerdo que en ese primer día de clases, ingresó a nuestro salón de clases, el Director William Mackay –que ese año 77 sería su último año como Director-, y lo hizo con un tipo que se parecía en ese momento al actor francés Pierre Richard. Mackay lo presentó ante nosotros, como un nuevo profesor británico que había venido al Perú y que iba a enseñar en el colegio, y que además, sería nuestro Class Teacher en Tercer Año. Debo admitir que a todos nos tomó por sorpresa porque se trataba de alguien que ni siquiera estaba entre nuestros pronósticos, al ser alguien totalmente nuevo no solo para nosotros, sino también, para el colegio. Iba a ser su debut absoluto como profesor en el colegio, y con nosotros. A ello se agregaba también el hecho que su español era más que incipiente –por no decir casi inexistente-, y ello nos daba una idea de lo difícil que iba a ser la comunicación al inicio. El nos iba a enseñar el curso de Inglés, y allí había la excusa para que la comunicación con nosotros, pudiera llevarse a cabo de manera mayoritaria en inglés. Y por supuesto, con la fama de chonguerazo que tenía mi salón, al comienzo, más de uno se imaginó que este tercer año sería un paseo o una extensión de las vacaciones, o que al nuevo profesor le iban a la hacer la vida imposible hasta diciembre y se lo levantarían en peso. Nada más alejado de lo que fue la realidad.

 


Sin hacer un repaso estadístico o cronológico de lo que fue ese año 1977, sí debo recordar que desde un principio, el profesor Bailey no se dejó pisar el poncho y puso los límites necesarios para evitar cualquier clase de desbande. Pero además, se le veía como una persona afable, de buena actitud y sobre todo, bastante confiable. No solo se limitaba a dar su clase y punto, sino que también se preocupaba y se interesaba por todo aquello que pasara con sus alumnos. Nunca faltaban los que querían dárselas de graciosos y metían vicio en el salón, sobre todo cuando el profesor se ponía a escribir en la pizarra, y muchas veces, giraba y se daba vuelta rápido e identificaba al gracioso, y con las mismas, le decía, ‘Tú, te vas afuera’, ante la sorpresa de todo el salón. Y no lo hacía molesto ni malhumorado, sino todo lo contrario, sonriendo y hasta riéndose de manera frontal. Y eso lejos, de generar que el salón le tuviera cólera, temor o hasta tirria, tuvo el efecto contrario, y como que el profesor Bailey comenzó a caerle bien a todos nosotros. Y fue inevitable que le pusierámos algunas chapas, aunque las más utilizadas fueron "Pierre Richard", y "Old England Toffee" -por un comercial que salió en TV en ese año. A medida que avanzaban los meses, ya su español era un poco más fluido, aunque algunos, pensando que el profe no se sabía todas las palabras en español, metían algunos ajos y cebollas, ante la risotada del salón y el desconocimiento del profesor. Pero esto no iba a ser así por siempre. Y aquí quiero detenerme en un par de recuerdos que demuestran ese carácter hasta cierto punto pícaro que tenía el ‘Tío Clive’. Primero, fue cuando el profe estaba escribiendo en la pizarra y por allí los desalmados, y particularmente David Lecaros, susurraban, ‘Aaaaaahhhhh’. El profe volteó y lo vio a Lecaros y le dijo, ‘Tu, ven a escribir a la pizarra’, ante su desconcierto. No le quedó otra que hacer caso, y cuando comenzó a escribir, volvieron las voces “Aaaaaahhhh’, ante la mirada sonriente y hasta cachacienta del Tío Clive. El pobre Lecaros pagó pato. Y el segundo recuerdo, no fue tan grato para Rolando Salvatierra, quien en plena clase, el profesor le hizo una pregunta y como Rolo no la sabía, antes de pararse lanzó un sonoro ‘Putamadre’, confiando que el profesor no iba a entender nada. Ni habían pasado cinco segundos, y el profesor lo señaló y le dijo, ‘Tú, escribe en un papel lo que acabas de decir’, lo cual dejó sin piso a Rolo, quien intentó suavizarlo alegando que solo había dicho ‘puchicana’. Pero, nadie le creyó eso y simplemente, el profesor fue a la dirección y de inmediato, lo suspendieron a Rolo un par de días. Eso nos sirvió de lección para que de allí en adelante, ni siquiera volviéramos a intentar algo parecido en clase, ya que sabíamos que terminaríamos mal ante la Dirección del colegio. Quedamos totalmente curados con eso. Y los siguientes meses transcurrieron sin ningún de tipo de sobresalto o exceso por parte de nosotros, y a medida que avanzaba el tiempo y se sentía más cerca el final del año, se incrementó la cercanía con el profesor Bailey, hasta llegar a considerarlo como uno de los mejores profesores en nuestra etapa escolar hasta ese momento, y estoy seguro que hasta el día de hoy. Y ello contribuyó a que Tercero de Secundaria fuera uno de nuestros mejores años en los once que estuvimos en el colegio. 

 

Realmente el profesor Clive Bailey había dejado una huella en todos nosotros, y como una clara muestra de ello, al año siguiente, en 1978, se organizó una comida en casa de Beto Lay y lo invitamos al profesor Bailey. Fue una reunión muy agradable, y en un momento determinado de la noche, le hicimos entrega de un presente, que era un lapicero dorado que tenía grabada la palabra ‘Tío Clive’, y que lo emocionó bastante. Y un año después, en 1979, para nuestra Cena de Graduación, nos permitieron elegir entre dos y tres profesores por salón, y definitivamente, nuestra primera elección fue el Tío Clive. No había que pensarlo siquiera un segundo. Posteriormente, cuando a partir del año 2000, comencé a asistir a las celebraciones por el día del colegio, cada 13 de Julio, en varias oportunidades me crucé con él y siempre nos saludábamos con bastante cordialidad y afecto, e incluso pude conocer a su muy encantadora esposa, Ruth, quien siempre nos saludaba con  una sonrisa. Y fue realmente una muy grata sorpresa cuando me enteré que en el año 2008 había asumido el cargo de Superintendente del Colegio, que ejerció de manera bastante positiva hasta el año 2013. En ese 2013, cuando supe que iba a dejar su cargo, fue para mí sumamente grato, saber que un pequeño grupo de amigos ex alumnos de diferentes promociones había decidido invitarlo a una cena como una especie de despedida al Chifa Kuo Wha, y que decidieran incluirme en esa celebración. Fue un momento muy especial en el que recordamos varios pasajes y momentos compartidos con el querido Tío Clive. Esa sería la última que lo vería. Después de ello, se iría a vivir con su esposa a su natal Escocia, y de vez en cuando, se tenía noticias de él a través del Facebook.

Nos ha dejado el muy querido y recordado profesor, MR. CLIVE BAILEY. Pero su legado personal quedó de manera imborrable en el colegio, y muy particularmente, en nuestro salón, la sección "A" de la Promoción 1979, no solamente como un muy buen profesor de Inglés, sino como un gran formador y sobre todo, una gran persona y un maravilloso ser humano, y también como un gran Headmaster del nuestro querido San Andrés.   


¡¡DESCANSA EN PAZ, QUERIDO TIO CLIVE!! ¡¡GRACIAS POR ELEGIRNOS COMO SALON PARA INICIAR TU CAMINO EN EL SAN ANDRES ALLA EN 1977!! ¡¡SIEMPRE TE RECORDAREMOS Y VIVIRAS EN NUESTROS CORAZONES!! 

 

 

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