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sábado, 8 de agosto de 2026

ABBEY ROAD: LA HISTORIA DE UNA FOTO INMORTAL






Hoy miércoles 8 de Agosto se cumplen 57 años de una de las fotos más célebres en la historia de la música: la famosa foto que da vida a la carátula del álbum “ABBEY ROAD”, que marcó la despedida del grupo más importante de la música popular contemporánea: los Beatles. Una fotografía simple, cuya elaboración fue quizás algo improvisada y sin tanta planificación, que solamente reflejaba a John, Paul, George y Ringo cruzando un paso peatonal en el cruce de Grove End Road con la calle Abbey Road, frente a la puerta de los estudios de grabación donde los Beatles trabajaban. Y el momento es oportuno para actualizar el post que le dediqué hace tres años en el blog a la historia de esta fotografía que con el tiempo se convirtió en un ícono de la cultura pop contemporánea, y que desde entonces, se ha convertido en el post más visitado en la historia del blog, con 75,600 visitas hasta este preciso instante.

Como es de conocimiento, los Beatles se encontraban en la etapa final de la grabación del que sería su último álbum en estudio, “ABBEY ROAD”, cuyo título fue extraído de la calle de Abbey Road, en Londres, en donde estaban ubicados los estudios de grabación donde los Beatles habían grabado casi todas sus canciones. Siendo Abbey Road una calle con bastante tráfico, ello generó que el tiempo que tendrían para tomarse las fotos correspondientes iba a ser muy limitado. Y la idea era tomarse unas seis fotos, de las cuales tenía que salir la portada oficial del próximo álbum. Realmente no hubo una razón especial para elegir el escenario, solamente se quiso buscar lo más cómodo para el grupo: el paso de cebra que estaba situado justo enfrente de la puerta de los estudios de grabación. No tendrían que trasladarse a otro lado y terminadas las sesiones, estaban cerca del estudio. 


 
En cuanto al vestuario, los cuatro Beatles aparecieron en la foto tal como iban vestidos aquel día, como solían usar por aquella época. Paul, que vivía muy cerca de los estudios de grabación, había llegado ese mismo día de la foto con sandalias al trabajo, y en algunas de las otras fotos tomadas ese día, se le puede ver caminando llevándolas consigo puestas. Pero pese a lo casual que fue aquella sesión de fotos, hubo algunos preparativos. Había un Volkswagen Escarabajo que aparecía en la foto y que solía estar aparcado en ese sitio con frecuencia, y era propiedad de alguien que vivía en los pisos de al lado del estudio. Antes de la sesión fotográfica, la policía trató de quitarlo de la acera, pero no pudo hallar a su dueño. La policía había cortado el tráfico previamente, y de hecho en la portada del disco se puede ver una camioneta policial estacionada en la acera derecha. No hubo, sin embargo, restricción para el tráfico peatonal, y la foto muestra algunas personas que estaban en la calle en ese preciso momento. La sesión de fotos duró sólo 10 minutos. Los cuatro Beatles salieron del estudio de Abbey Road a las 10:00 am en punto, el viernes 8 de agosto de 1969, con la ropa que llevaban puesta. El fotógrafo Ian McMillan se subió a una escalera en la mitad de la calle y les pidió que cruzaran normalmente y sin actuar. Cruzaron cuatro veces y se hicieron seis tomas. Y la elegida fue la quinta toma. Desde el punto de vista técnico, la foto no tiene ningún misterio, fue tomada del modo más simple, sin flash, sin trípode, sin filtros, sin teleobjetivos sofisticados. Apenas con un lente de 28 mm. McMillan hizo el encuadre sin perder el protagonismo de ellos cuatro y sin descuidar el entorno. John Lennon, Ringo Starr, Paul McCartney y George Harrison caminando de izquierda a derecha, sin mirar a la cámara: esa fue la única consigna. Tras la sesión fotográfica, los Beatles se reunieron para tomar algo en casa de Paul, que vivía entonces en Cavendish Avenue Nº 7, a poco más de 50 metros del lugar de la fotografía. De esta forma, nació una de las portadas más famosas de la historia de la música contemporánea.

Pero hay algunos detalles interesantes que resaltar. Sobre la derecha de la imagen se ve a un hombre de pie con saco marrón, pantalón negro, camisa blanca y lentes gruesos. Su nombre era Paul Cole -quien murió a los 96 años, en febrero de 2008- y estaba de vacaciones en Londres con su esposa. Ella quería entrar a un museo, pero él no y prefirió salir a caminar y tomar un poco de aire. Fue así como paseando por el barrio llegó casualmente hasta la puerta de Abbey Road, donde vio que un policía estaba cortando la calle y que cuatro jóvenes caminaban por el paso cebra, y que un tipo subido a una escalera les sacaba fotos. La camioneta que está al lado de Cole es una unidad policial. Cole observó la secuencia y no le dio importancia. Media hora después volvió al museo para encontrarse con su esposa. Al día siguiente volvieron a Deerfield Beach, donde vivían en ese momento. Un año más tarde Cole vio la tapa del disco en su propia casa, su esposa estaba aprendiendo a tocar una canción de George Harrison en el piano. No salía de su asombro y le contó la historia a ella y a sus hijos. Tras una razonable incredulidad, fueron en busca de una lupa y disiparon las dudas. Había salido en la carátula del “ABBEY ROAD”.














Pero también esta carátula dio lugar a que se esparcieran aquellos absurdos rumores que hablaban acerca de que Paul había muerto y que había sido suplantado por un doble. Y se estas suposiciones se basaban en el hecho que en el Volkswagen blanco se podía leer en su matrícula LMW 281F, e interpretaban esta placa de la siguiente manera: “LMW” significaba Linda McCartney Waits (Linda McCartney espera) y 28IF, se la interpretaba como 28 if, que en inglés era una referencia a que si Paul viviese tendría 28 años, ya que “if” significa “si” como condicional. Pero hay dos cosas: en primer lugar, cuando Paul se tomó esa foto tenía 27 años, no 28. Y en segundo lugar, si como se decía, Paul hubiera muerto en 1966, nunca hubiera conocido a Linda Mc Cartney, entonces ¿por qué tendría que esperar Linda a quien nunca conoció? Pero la verdad era otra, ya que ese auto pertenecía a un hombre que vivía en un piso exactamente al lado del estudio. También se llegó a afirmar que Paul había muerto, porque era el único que estaba descalzo, con un cigarro en la mano derecha siendo zurdo y con el paso cambiado. Pero, con respecto a lo de los zapatos, Paul comentó que aquel día hacía calor y que en un momento determinado se los quitó sin más. De hecho, en fotos desechadas de la misma sesión, aparece calzado con unas sandalias.



Esta foto realmente pasó a la posteridad, e incluso ha dado lugar a una serie de parodias, cada cual más graciosa y ocurrente que la otra. En lo personal, me encanta la de los Simpsons, que me parece muy ocurrente, la de Mafalda que la encuentro genial y divertidísima, con Manolito botando todo su encono por los Beatles, o la de Snoopy, Plaza Sésamo y hasta Condorito. Hasta el mismo Paul McCartney se tomó el asunto a la broma, y varios años después, en 1993, ironizó sobre esto en su buen disco en vivo, “PAUL IS LIVE”. En la portada del mismo, aparecía Paul cruzando la misma calle y paseando a su pastor inglés, y el escarabajo blanco, estacionado en el mismo lugar, curiosamente tenía por matrícula LMW 511F -su edad en ese año 1993.




Finalmente, es bueno señalar que en diciembre del 2010, el lugar recibió el grado Monumento Clasificado por su "importancia cultural e histórica", y los estudios Abbey Road también recibieron una categoría similar a inicios del año. Han transcurrido 57 años de ese momento, y lo que quizás en su momento fue considerado como algo simple y sin mayor trascendencia, con el correr de los años se ha convertido en un ícono de la cultura pop de todos los tiempos, y en una de las carátulas más influyentes y veneradas en la historia de la música. Hasta el día de hoy, no hay beatlemaniaco que estando por allí, no aproveche en tomarse una foto cruzando esa famosa pista. Y todo ello se originó en una calurosa mañana de agosto del 69 y quedó registrada para toda la vida.




martes, 28 de julio de 2020

28 Y 29 DE JULIO: ¡¡FELIZ DIA PERU!!








Hoy 28 de Julio se cumplen 199 años de la Declaración de la Independencia del PERU por don José de San Martín, y es la fiesta nacional donde se celebra el orgullo de nuestra peruanidad. Recuerdo que cuando era niño, las clases que más me gustaban eran de la de Historia del Perú y en el colegio las Fiestas Patrias que se celebraban el 28 y 29 de Julio iban precedidas de una serie de actividades dentro del colegio que enfatizaban la importancia de tales fechas. Julio siempre ha sido el mes de la patria y cada 27 de Julio había en las Asambleas diarias que se llevaban en nuestro Salón de Actos, discursos adicionales alusivos a la etapa histórica de nuestra Independencia y a lo que significaba para el Perú la importancia de dicha fecha. Y siempre me acuerdo que llevábamos puesta nuestra escarapela chica del Perú. Y ya cada 28 y 29 de Julio eran feriados en que no íbamos al colegio y por ese motivo, nos encantaba las fiestas patrias, para poder salir a jugar con los amigos dos días seguidos, o irse al cine o pasar el día en casa, pero además, precedían nuestras vacaciones de medio año de 15 días. Pero habían dos cosas que siempre eran parte de esos dos días y que uno a veces veía por televisión: el discurso presidencial del día 28 y el desfile militar del día 29. Tuve la oportunidad de llegar a vivir el Sesquicentenario de nuestra Independencia en 1971, esto es, 150 años, y en ese año tenía apenas 8 años de edad y recuerdo que fue todo un acontecimiento, aunque lo único malo era que éramos gobernados por una Junta Militar, presidida por el mediocre militar Velasco, cuyo gobierno nos hizo retroceder muchos años, al intentar convertir al Perú en una segunda Cuba, lo cual a Dios gracias fue frenado en 1975. Pero volviendo al tema de las Fiestas Patrias, uno de niño y adolescente sentía un ambiente de festividad y sobretodo, sentía que las palabras "¡Feliz 28!" se decían con autenticidad y no como palabras que se las llevaba el viento.


Ya en las siguientes décadas, en las diversas etapas de mi vida -los 80's en la Universidad y los 90's ya trabajando-, la óptica cambió y ya eran otras las prioridades en mi vida, y en algunos años fue motivo para reunirse con amigos a celebrar el 28 y a veces comentar los discursos presidenciales, sobretodo en la época del primer Gobierno de Alan García en donde ello era motivo de sobresalto por la incógnita de saber con qué locura nos saldría en ese momento Alan. Lo que más generaba interés era cuando se trataba del primer discurso del Presidente que asumía el mando en ese momento, por la expectativa generada en la población, pero los discursos de los siguientes años simplemente uno se enteraba de su contenido ya sea en los noticieros o al día siguiente, en los diarios. Con los años y la experiencia vivida, uno aprende a querer sus costumbres y a sentir mucho más al Perú como nuestro país. Y eso se siente con mayor profundidad cuando te toca viajar al extranjero y encontrarte y compartir con amigos peruanos. Allí uno valora muchísimo nuestras costumbres y siente el orgullo de ser peruano.


No pretendo hacer una reseña histórica de nuestra Independencia, ni hacer un análisis sobre la coyuntura actual en nuestro país, ni mucho menos, exacerbar ni proclamar patrioterismos y chauvinismos ridículos y arcaicos. Nuestro Perú es un país tan vasto que reune tantos espacios y tiempos muy distintos entre sí: nuestra capital, Lima, rodeada de tanta modernidad, la costa con su fuerte calor y deliciosa comida, sobretodo en el norte, la sierra con toda la herencia incaica y la selva con todas sus costumbres ligadas a la naturaleza. En muchos aspectos, el Perú es un país muy dividido por la diferencia de concepciones y opiniones, en todo tipo de temas, y en muchos de ellos, revestidos de una gran pasión, como la política, el futbol y hasta la religión. Pero hay una serie de puntos en los cuales, ha existido siempre consenso y unión. No haré una relación larga de esos temas, pero me centraré solo en cuatro puntos, que en mi opinión, son estandartes y orgullo de nuestra peruanidad.


1) MACHU PICCHU.- Nuestro principal orgullo nacional, y desde el 2007 una de las 7 Nuevas Maravillas del Mundo. No hay extranjero que haya visitado nuestro país que no se haya ido maravillado y deslumbrado por lo impresionante de su arquitectura e ingeniería y sobretodo, por su misticismo e historia. Sus peculiares características arquitectónicas y paisajísticas, y el velo de misterio tejido a su alrededor la han convertido en uno de los destinos turísticos más populares del planeta, que no tiene absolutamente nada que envidiar a otras maravillas en el mundo. Sobre esta maravilla, los peruanos siempre estaremos de acuerdo en sentirnos orgullosos ante el resto del mundo.


2) NUESTRA COMIDA.- En eso nadie nos gana. Nuestra comida es lo máximo, así de simple. Su diversidad y sus deliciosos potajes hacen de nuestra gastronomía, algo en lo cual, absolutamente todos estamos de acuerdo. Tenemos innumerables platos típicos, que hacer una reseña de ellos, generaría hacer de este un post algo interminable y muy extenso. Pero me centraré en lo que son mis platos favoritos y también en aquellos que son motivo de admiración y satisfacción de cuanto extranjero que pisa nuestra país y disfruta de las delicias de nuestra cocina peruana y la dividiré en dos partes:


A.- PLATOS TIPICOS.-


La gente que me conoce sabe que desde que era un niño mi plato favorito siempre ha sido los frejoles con seco, y si el seco es con cabrito del norte, pues resulta muchísimo mejor. Para mí, no hay nada que se le iguale en delicia para mi paladar  caigo rendido de inmediato. Los frejoles batiditos y el juguito del seco encima de los frejoles y la carne del cabrito tan suavecita que no necesita cuchillo para cortar. Ese es el más grande manjar para mí y cuando voy a reuniones donde sirven comidas en buffett, ya todos saben que por lo menos me serviré dos platos como mínimo y si hay espacio, nos vamos por el tercero.

Pero, ese no es el único plato por el cual pierdo la cabeza. Otro plato típicamente peruano y que lo disfruto cuando lo como en cualquier almuerzo es el Lomo Saltado. La mezcla de las riquísimas papas fritas, la carne picada en tiras, la cebolla picada en tiras gruesitas, el tomate, el ají amarillo y el perejil picado, y todo ello envuelto en el guiso que envuelve a este delicioso plato, hace que muchos nos rindamos sin oponer ninguna resistencia ante este delicioso híbrido limeño. 




Adicionalmente tenemos platos como el Arroz con Pollo, Carapulcra, Ají de Gallina, Olluquito con Charqui, Cau Cau, pero quiero resaltar a tres de nuestros orgullos nacionales: el Chifa, la Papa a la Huancaína y nuestro plato de bandera, el Ceviche. El Ají de Gallina, la Carapulcra y la Papa a la Huancaina son parte de nuestra cultura gastronómica y platos infaltables en reuniones donde haya gran cantidad de personas. El Chifa es algo que muchos disfrutamos con la inmensa variedad de platos. Pero nada se compara al Ceviche, que es nuestro sello distintivo a nivel nacional y admirado por extranjeros. En diversidad de formas, es algo que llega a satisfacer a todos los peruanos, ya sea como entrada o como recurso de curar la resaca al día siguiente, o como un simple motivo de disfrutar un menú marino.

Para culminar con este acápite, no puedo dejar de mencionar a dos de nuestros más deliciosas comidas y que constituyen parte de nuestras costumbres: el Anticucho y el Pollo a la Brasa. Que más se puede agregar del Anticucho, parte infaltable de una parrillada o protagonista de las ya conocidas anticuchadas. En lo personal, es mi perdición y su sabor es divino y uno no para de comerlo. Y el Pollo a la Brasa es un producto muy peruano y que ya es parte de las costumbres de muchos a la hora de almorzar un sábado o un domingo.




B.- POSTRES


El peruano, y en particular, el limeño es dulcero por naturaleza. Tenemos una variedad inmensa de dulces que son parte de nuestra mesa. En lo personal, mi dulce favorito es la crema volteada, desde que era un niño. Es otra de mis perdiciones, y cada vez que veo una porción de crema volteada, no puedo resistirme a sus encantos y al final, termina en mi estómago.



Pero además tenemos muchos típicos dulces como la mazamorra morada, el arroz con leche, el suspiro a la limeña, el arroz zambito y otro producto típico limeño: los deliciosos picarones, que acompañan apropiadamente a un plato de anticuchos.








3) NUESTRO PISCO SOUR.- Nuestra bebida típica, infaltable en todo brindis y como un excelente aperitivo. En los últimos años se ha convertido en uno de nuestros más importantes productos bandera y no hay peruano que no se sienta rendido ante su aroma. Pero adicionalmente a este trago, hay dos bebidas que son 100 % peruanas: la Chicha Morada, elaborada a base del Maiz Morado, y la famosa Inca Kola, nuestra bebida de sabor nacional, y que causan sensación también más allá de nuestras fronteras.





4.- NUESTRAS CERAMICAS.- Finalizo esta reseña con algunas de los productos típicos del Perú, como lo son las Cerámicas de Chulucanas, reconocidas internacionalmente, y de manera adicional, el Tumi y el famoso Retablo Ayacuchano, que son objeto de admiración en el extranjero y que forman parte de la historia de nuestro Perú. Realmente, tres joyas del Perú.







Estos son solo cuatro productos que le dan al Perú un enorme prestigio a nivel mundial y que hacen que nos sintamos orgullosos de ser peruanos. Finalizo este post, enviando mi saludo por estas fiestas a todos mis compatriotas y en particular, a quienes se encuentran lejos de nuestra tierra y que en estas fechas, recuerdan a nuestro querido Perú, sus costumbres típicas y su deliciosa comida.


¡¡UN SALUD CON UN RICO PISCO SOUR Y QUE VIVA EL PERU!!





domingo, 1 de febrero de 2015

HACE 30 AÑOS: JUAN PABLO II EN EL PERU






Febrero de 1985. Hace 30 años, el Perú vivió un momento histórico y único. Por primera vez en la historia, un Papa pisaría tierra peruana y permanecería cinco días en el Perú. Desde que se supo la noticia de la llegada de Juan Pablo II, se generó una tremenda expectativa en nuestro país, no solo de la población católica sino de todo el país. Y el Papa Juan Pablo II visitaría Lima, Arequipa, Ayacucho, Trujillo, Piura e Iquitos, del 1° al 5 de febrero del 1985. En ese año 1985, el presidente era Fernando Belaunde Terry y su gobierno se encontraba sumamente desgastado y en el mes de abril se llevarían a cabo las elecciones presidenciales y el claro favorito era el candidato del APRA, Alan García. Y comenzando febrero, a dos meses de las elecciones, se venían con todo las campañas presidenciales de los candidatos. Pero durante los primeros cinco días de febrero, todo lo áspero de la política pasó a un segundo plano, con la presencia del Papa en nuestro país. Banderitas amarillas con blanco flameaban en las calles limeñas. En los corazones de niños, jóvenes y adultos, una frase resonaba sin cesar: “Juan Pablo, amigo, el Perú está contigo”. Fue un acontecimiento sin precedentes que conllevó múltiples significados y hechos, debido a que se llevó a cabo durante una época de crisis económica y con el país amenazado por grupos terroristas.  A nivel personal, una de las más gratas noticias que recibí el domingo 27 de enero en misa de 12 en la Parroquia San Felipe, fue saber que el Papa pasaría en su conocido “Papamóvil” por toda la calle Prescott, que se encontraba ubicada a tres cuadras de mi casa, el domingo 3 de febrero, día de mi cumpleaños Nº 22. Ni en mis más idealizados sueños me imaginaba tener la dicha de ver a un Papa y justo que esto sucediera el día de mi cumpleaños. Solo quedaba esperar ese mágico momento. 


No pretendo hacer un resumen detallado de lo que fueron esos cinco días de Juan Pablo II en el Perú, pero sí destacar aquello que quedó grabado por siempre en el corazón de los peruanos. El viernes 1º de febrero de 1985, a las 7:10 pm. llegaba el avión que traía al Papa por primera vez aquí. Todos los canales de televisión transmitían acontecimiento histórico y cuando el avión aterrizó la emoción iba en aumento. Cuando se abrió la puerta del avión y apareció la figura de Juan Pablo II se sintió una gran emoción y de inmediato bajó por la escalinata del avión y se inclinó a besar el suelo peruano. Fue recibido por el presidente Belaunde, el Arzobispo de Lima Juan Landázuri Ricketts, el Nuncio Apostólico Mario Tagliaferri y autoridades políticas y eclesiásticas. Me acuerdo que el Papa mostraba un rostro de cansancio por el viaje, pero siempre con la sonrisa y mirando fijamente a quienes se dirigían a él. Luego del recibimiento, Juan Pablo II se dirigió hacia la Catedral de Lima, donde ofició una misa.
Al día siguiente, sábado 2, estuvo en la mañana en Arequipa y en la tarde se llevó a cabo el encuentro del Papa con los jóvenes en el Hipódromo de Monterrico y fue algo apoteósico y el hipódromo se llenó totalmente. Nunca antes se había visto tal concentración de personas en un recinto cerrado y todo el país estuvo pendiente de este inolvidable encuentro.


Al día siguiente, domingo 3, recibiría uno de los regalos de cumpleaños más maravillosos que Dios me dio: ver al Papa a pocos metros de distancia. Ese día, recuerdo que me fui a misa de 12 y terminando, me di una vuelta por la calle Prescott, la cual estaba abarrotada de gente, la gran mayoría vestidas de blanco y amarillo. El ambiente que se vivía era una verdadera fiesta y los rostros de todas las personas allí era de entusiasmo, alegría y emoción. Me acuerdo que me encontré con dos amigos, y poco rato después, retorné rápido a casa para almorzar y con las mismas regresar para aguardar el momento tan esperado cuando pasara Juan Pablo II en su Papamóvil. Quedé en encontrarme con un amigo allí a las 2:30 pm, y mis viejos y mi hermano también fueron a la calle Prescott, pero por su lado. Regresé a las 2:40 pm -estaba rico el almuerzo que habían preparado en casa por mi cumple Nº 22- y la emoción iba en aumento. Me había ubicado justo al frente del colegio Sophianum y la pista estaba totalmente despejada y todas las veredas estaban colmadas de gente, pero si hay algo que fue destacable fue el orden, la organización y el respeto que había allí y que se respiraba en el ambiente. A medida que pasaban los minutos, la emoción iba creciendo y el corazón palpitaba a mil por hora. Cuando minutos antes de las 3 pm, alguien dice por allí: "Ya salió del Nuncio Apostólico", el cual estaba ubicado en las primeras cuadras de la Av. Salaverry, la expectativa llegaba a su punto más alto. Minutos después, la policía por megáfonos anuncia: "El Papa ya está entrando a Prescott", y la gente desbordaba de emoción. Las patrullas que iban adelante al entrar a Prescott, por el megáfono dijeron: "Muchas gracias por su colaboración". Yo estaba a tres cuadras cortas del inicio de Prescott y a la distancia se divisó el Papamóvil. La gente gritaba de la emoción, flameando sus banderitas blancas y amarillas, y segundos después, a una velocidad regular, pasó Juan Pablo II. En mis 51 años -52 dentro de unas cuantas horas- nunca viví una emoción tan indescriptible. Y tuve la dicha de que en el momento en que el Papamóvil pasaba por nuestro lado, el Papa Juan Pablo II giró para dar la bendición hacia el lado donde nos encontrábamos ubicados, a muy pocos metros de distancia. Fue ver en carne y hueso a un personaje que solo uno lo veía por televisión y en las noticias y debo confesar que la emoción me hizo derramar algunas lágrimas. Pero no era el único. Minutos después, cuando el Papa ya había pasado y se encontraría por otras avenidas o calles, toda la gente estaba con un rostro radiante de felicidad y muchos lloraban de la emoción. La sensación de ver a Juan Pablo II fue única, porque en los pocos segundos que pudimos verlo, su expresión y su sonrisa -que pudimos verla en ese momento- trasmitían una paz única. Sinceramente, me acuerdo muy poco lo que hice después ese día en mi cumpleaños. Pero lo que quedó por siempre en mi memoria y en mi corazón, fue el regalo divino que Dios me dio: ver al Papa en mi cumpleaños. ¿Qué más podía pedir?













En los dos días siguientes, el Papa estuvo en diversas ciudades del país y se recuerda bastante su fuerte crítica hacia el terrorismo en Ayacucho, o cuando en Villa El Salvador con firmeza señaló que no podía haber hambre de Dios y tampoco hambre de pan. Y algo que también quedó grabado en los corazones fue cuando estando en Iquitos, el Papa dijo sentirse charapa, provocando la alegría del pueblo de Iquitos. Finalmente, a la 1 pm del martes 5 de febrero, el Papa Juan Pablo II se despidió de los fieles peruanos en la tropical ciudad de Iquitos y partió hacia Trinidad y Tobago. Se habían rápido los cinco primeros días de febrero y realmente el país había quedado deslumbrado con la presencia de Juan Pablo II.



Tres años después, en mayo de 1988, Juan Pablo II volvió al Perú, con ocasión del Congreso Eucarístico Mariano Bolivariano, en un viaje que duró 40 horas, a diferencia de la anterior visita que duró 5 días. Sin duda, Juan Pablo II fue un Papa diferente, que supo ganarse el corazón de los fieles. Fue el primer Papa polaco y su pontificado duró 26 años y llevó el mensaje de Dios a muchos lugares del mundo, lo que le ganó el apelativo del "Papa Viajero". El 2 de abril del 2005, a la edad de 84 años, Juan Pablo II falleció, luego de que salud se viera muy quebrantada en los últimos años.


Pero para los que tuvimos la suerte de vivir esos cinco días mágicos de febrero de 1985, fue una bendición la presencia del Papa en el Perú. NUNCA ví al Perú tan unido en torno a una figura de la talla de Juan Pablo II. Todas las diferencias políticas fueron dejadas de lado, no hubo enfrentamientos políticos, parecía algo utópico y de fantasía. Por lo menos, por cinco días, los peruanos nos sentimos más buenos, tolerantes, generosos, servidores del prójimo. La sola presencia de Juan Pablo II bastó para que la fuente de nuestra vida, el corazón, se abriera con toda su bondad. Y todo ello sucedió hace 30 años, y me acuerdo como si hubiera sido ayer y lo recuerdo maravillado.


 

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