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lunes, 23 de febrero de 2026

23 DE FEBRERO DE 1980: MI EXAMEN DE ADMISION







Un día como hoy, un sábado 23 de febrero de 1980, dí mi Examen de Admisión a la Pontificia Universidad Católica del Perú. Han pasado ya 46 años de ese muy especial momento, que marcó el inicio de una nueva etapa en mi vida y no quería dejar de evocarla en mi blog y recordar aquellos momentos anteriores y posteriores a aquel día.

Como ya le he señalado en reiteradas oportunidades en diversos posts, en 1979 concluí con mi etapa del colegio. Pero desde el mes de agosto, como ya era costumbre, comencé a prepararme en una academia pre-universitaria. Luego de ver diversas opciones -no habían muchas, como hay ahora-, me inclinaba por la Academia "La Sorbona", que estaba ubicada en la Av. Wilson, al frente de lo que hoy es el Centro Cívico. Mi viejo fue para averiguar y matricularme y luego de obtener información, vio que al costado había otra academia "Programa 2000", y entró y conversó con los directivos de dicha academia y al final, se decidió por ella. Al comienzo, lo quería matar a mi viejo porque yo quería prepararme en "La Sorbona", pero después el tiempo daría la razón. La preparación fue amplia y buena, y como el mayor porcentaje de los que estudiaban iban a postular a San Marcos, enseñaban todos los cursos. Pero, yo iba a postular a la Universidad Católica, a Derecho, y de acuerdo al prospecto que me dieron el día que fui a inscribirme, el examen no iba a incluir materias vinculadas a ciencias -llámese física, química, biología, anatomía y materias similares. Como en todo examen de admisión, lo central era las materias de Razonamiento Matemático y Razonamiento Verbal, algo que en los colegios no enseñaban, y si uno no pasaba por una academia para aprender eso, era más que fijo que uno no ingresaría. Y también Letras -como Historia, Geografía y hasta preguntas de actualidad-, y un poco de Matemáticas, como Algebra, Geometría y Trigonometría. De esta manera, me preparé a conciencia, y cuando comenzó el año 1980, intensifiqué mi preparación. En las mañanas me encerraba en el escritorio de mi casa para repasar todo lo que pudiera, y en las tardes, eran mis clases en la academia "Programa 2000". Y en las noches, remataba con un repaso general. En Enero me tocó rendir dos simulacros de examen de admisión en la academia, y a Dios gracias, me fue bien, y me reconfortaba el saber que iba en la dirección correcta. Cuando comenzó febrero, entré en la cuenta regresiva. Y en mi salón de la academia, éramos solo cinco los que postularíamos a la Católica, ya que la casi totalidad postularía a San Marcos, dos meses después.

Desde que puse un pie en la Universidad Católica, siempre estuve seguro que ese era el lugar donde quería estudiar. Me gustaba lo amplio que era el campus universitario y el nivel que uno había escuchado que tenía. Dos semanas antes, mi viejo me contactó con un amigo suyo, que había sido profesor en la Católica, y me reuní con él y me dio varios tips y recomendaciones, que me sirvieron de mucho. En primer lugar, me recomendó que no llegara al sábado 23, con la angustia de estar repasando hasta el último momento. Me sugirió que el día anterior, el viernes 22, a una determinada hora, de preferencia al mediodía o a la 1 pm, terminara de estudiar y cerrara los libros, y ya no volviera a abrir u hojear libro alguno, y que me relajara en la tarde y saliera a caminar o al cine, ya que cuando uno pretende meterse conceptos o conocimientos a la cabeza a último momento, jamás permanecen allí. En segundo lugar, me recomendó que si me topaba con una pregunta que no supiera, que no me detuviera en ella y que pasara a la siguiente pregunta, y que al final, volviera a revisarla y que si no la sabía, que la dejara sin contestar y no me arriesgara, ya que si uno se equivocaba, la respuesta negativa era punto en contra y no cero. Muchas veces, esos puntos en contra marcaban la diferencia entre ingresar y no ingresar. Y en tercer lugar, que fuera tranquilo y no me pusiera nervioso y que fuese preparado a encontrar dificultades previas, cuya única intención era poner nerviosos a los postulantes y así comenzar con desventaja. Y con esas recomendaciones, me alisté para ese sábado 23 de febrero. Cuando llegó el viernes 22, exactamente a la 1:00 pm, puse punto final a mi preparación de casi siete meses para el objetivo final: ingresar a la Universidad Católica. En la tarde me puse a ver un poco de TV y en la noche, salí con mis viejos y mi hermano a comer un helado. Y me acosté temprano, sabiendo lo que vendría al día siguiente.

Sábado 23 de Febrero de 1980. Me levanté tranquilo y temprano y tomé desayuno con mis viejos, quienes tenían bastante expectativa. Y tras despedirme de ellos, me fui para la Católica, en Pueblo LIbre. Varios amigos de la promoción del colegio también se presentaban, tanto a Letras como a Ciencias, y eso nos permitió contactarnos ese fin de semana. Cuando llegué al lugar donde rendiría mi examen, en el Pabellón de Estudios Generales Letras, estaba bastante tranquilo. La hora fijada era a las 8:00 am, pero no comenzó a esa hora. Mi número de postulante era el 00633, y coincidencia o no, tenía que ver con el día de mi cumpleaños -el 3- y el año en que nací -el 63. Y desde el saque, ya habían postulantes que por la desesperación que comenzara el examen de una vez, ya empezaban a sentirse nerviosos. Recuerdo que los observaba con total tranquilidad y en mis adentros me decía a mí mismo: "Que se demoren todo lo que quieran", y así tener más rivales en desventaja para la competencia. A las 8:15 am, ingresamos al aula y nos sentamos y tras varios minutos de espera, nos entregaron los exámenes y tendríamos cerca de tres horas para desarrollarlo. A medida que iba leyendo y contestando, me iba dando cuenta que no lo estaba haciendo mal. Poco a poco, sin apurarme, fui avanzando en el examen. Pero llegó un momento en que me hizo dudar. Me topé con las preguntas de Geometría, y justamente, me dio en el pie que más cojeaba. Eran siete preguntas que no las sabía, y en esos momentos, por un lado, tenía en mi cabeza la recomendación del amigo de mi viejo, y por otro lado, el querer arriesgarse a conseguir uno o dos puntos más, que sirvieran en la nota final. Pero, no quise arriesgarme, y las pasé por alto, al inicio y luego en la revisión final. Esas siete preguntas de Geometría quedaron sin contestar, y a eso del mediodía, terminó el examen, y en mi interior sentía confianza que podía ingresar, pero por otro lado, me empezó a preocupar la posibilidad de quedarme afuera por esas siete preguntas no contestadas. Demás está decir que ese pensamiento me acompañó todo el día y hasta la noche, y no dormí tranquilo por eso. En la Universidad había escuchado que los resultados estarían en la noche o al día siguiente en la mañana. Preferí ir al día siguiente y que fuera lo que Dios quisiera.

Al día siguiente, domingo 24, me fui en la mañana y me encontré con varios amigos del colegio, pero al llegar a la universidad todavía no estaban los resultados, debido a algunos problemas con la computadora. La espera se hacía más larga y angustiosa. E informaron que estarían a partir de las 3 pm. Regresé a mi casa, almorcé con mi familia, y luego a las 2:30 pm regresé a la Universidad. Mis viejos -que parecía que ellos eran los que habían postulado por sus caras de angustia y expectativa- me dijeron que fuera tranquilo y que si la suerte no me acompañaba, que me quedara la satisfacción de haber dado todo mi esfuerzo y que con las mismas, me presentaría a dar examen de admisión a la San Martín. Y me dijeron que si ingresaba, seguro que me cortarían el pelo -era costumbre que a los "cachimbos", quienes eran los postulantes que ingresaban, les rapaban el pelo-, y cuando regresara se daría cuenta que había ingresado, y que si no, que me comprara un helado y llegara a la casa con mi helado y esa sería la señal. Me fui de nuevo a la universidad y me encontré de nuevo con mis amigos del colegio y cuando entramos al campus universitario, por la gente que salía, supimos que ya estaban los resultados y que estaban publicados en la Cafetería Central. Nunca sentí una caminata tan larga y angustiosa, similar a la que siente un futbolista en una definición por penales, cuando camina de la mitad de la cancha hacia el área chica para patear el penal. Cada paso que daba, el corazón me latía a mil por hora y me temblaban las piernas. Llegué a la Cafetería y en las lunas de la Cafetería estaban pegadas las hojas con los postulantes y los resultados. Recuerdo que en la esquina derecha, aparecía la palabrita "INGRESO" o "NO INGRESO". Cuando busqué mi número, en principio dí con mi hoja, y vi que en esa página, nadie había ingresado. Bueno, había hecho mi mayor esfuerzo, y era lo que Dios quería. Pero en eso, ví bien y no era la hoja, y me había equivocado. Volví a ubicar la hoja donde estaba mi número de postulante -00633- y ahora sí la ubiqué y ví que solo tres personas de esa hoja habían ingresado. Respiré hondo y me acerqué a ver, estiré mi dedo a la parte izquierda donde estaba mi nombre y avancé lentamente con el dedo índice derecho, de izquierda a derecha en la hoja, y al llegar a la esquina derecha, vi la palabra "INGRESO". Y siempre conservo el puntaje que obtuve: Razonamiento Matemático: 616.1; Razonamiento Verbal; 571.6; Total: 1185.7. Orden de Mérito: 370. Me quedé paralizado en ese momento, y nuevamente volví a pasar una y otra vez por mi nombre y efectivamente había logrado mi objetivo: ingresar a la Universidad Católica. Sinceramente me albergó una emoción indescriptible y mis amigos se acercaron -ya varios habían ingresado a Ciencias y también a Letras-, y me preguntaron y al ver el resultado, todos nos abrazamos con emoción. Y lo mejor estaba por venir. Luego de la euforia desatada, retorné a casa, y mis viejos esperaban impacientes mi regreso. Y cuando entré, al verme sin el pelo rapado y sin un helado en la mano, se quedaron desconcertados y lo único que les dije fue: "Ingresé" y eso desató una emoción tremenda en mis viejos. Mi madre se puso a llorar de la emoción y comenzó a llamar a toda la familia para darles la noticia y el viejo me abrazó con lágrimas en los ojos, al igual que mi hermano. Fue un momento maravilloso e indescriptible, que sucedió hace 46 años, y que sinceramente me parece como si hubiera sucedido ayer.


Lo que vino en los siguientes días, fue muy especial. Fui a agradecer a muchas de las personas que me apoyaron. Fui a la Academia y esa tarde fue muy grata, con los profesores alegrándose por el logro obtenido, al igual que los amigos de mi salón. Y ya para el mes de marzo, comenzaría el Primer Ciclo de Estudios Generales Letras, y sería el inicio de una nueva etapa en mi vida. Diez años maravillosos en los cuales, la Universidad fue mi segunda casa y en donde mi universo de amigos se amplió considerablemente, tanto en Estudios Generales, como ya en la Facultad de Derecho, hasta enero de 1990 cuando me gradué de Abogado. Pero todo ello, tuvo su origen un 23 de febrero de 1980, cuando rendí mi examen de admisión que significaría abrir la puerta de un nuevo mundo para mí, y que hoy, 46 años después, lo sigo recordando maravillado.




sábado, 31 de enero de 2026

31 DE ENERO DE 1990: MI EXAMEN DE GRADO







Un día como hoy, 31 de Enero de 1990, dí mi Examen de Grado para optar el Título de Abogado. Han pasado 36 años de ese muy especial momento en mi vida y no quería dejar de recordarlo en mi blog y evocar aquellos recuerdos ligados a aquel día.


Ingresé a la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1980, tras rendir mi examen de admisión un 23 de febrero y llevé dos años de Estudios Generales Letras y en 1982 pasé a la Facultad de Derecho y culminé mis estudios en el segundo semestre de 1987. Luego de ello, por esos años, se tenía que elaborar una tesis para optar el Grado Bachiller en Derecho -no como años después en que el Bachillerato pasó a ser automático- y el siguiente paso era el Examen de Grado para optar el Título de Abogado. Para mi tesis, mi tema elegido fue "El Derecho a la Inviolabilidad de Domicilio" y mi asesor fue el Dr. Francisco Eguiguren y sustenté mi tesis el 18 de noviembre de 1988 ante un jurado y fui aprobado por unanimidad con la mención de Bien. Faltaba el paso final, el Examen de Grado para el Título de Abogado.

Para optar el título de Abogado, se tenía que presentar dos expedientes de diferentes áreas del Derecho y estudiarlos exhaustivamente y sobre todo, estudiar todos los temas vinculados al área del expediente y sustentarlos ante un jurado. A diferencia de la sustentación de la tesis, en donde el jurado solo podía hacerte preguntas sobre tu tema y no salirse de allí, para el Examen de Grado el jurado podía preguntarte cualquier cosa correspondiente al área de tus dos expedientes, aunque no guardara relación directa con los expedientes. Y para ello, había que repasar todo lo que se había estudiado en los años en la Facultad y estudiarlo a conciencia y prepararse bien. Por esos años, el área constitucional estaba incluida en el área civil y no se podía presentar dos expedientes correspondientes a esas dos áreas, y era uno u otro. Y conseguirse expedientes en el Poder Judicial no era algo sencillo porque había que buscar algún contacto que te facilitara la labor y que te conectara con alguien que pudiera darte una mano. En ese año 1990, recuerdo que busqué al que fue mi profesor de Sucesiones, el Dr. César Fernandez Arce y me dio el nombre de un magistrado que podía darme una mano. Era el Dr. Alejandro Rodriguez Medrano, quien años después fuera objeto de duros cuestionamientos que culminaron en una sentencia condenatoria por su participación en actos de corrupción en el gobierno fujimorista. Pero esa es otra historia. En ese año 1989, el Dr. Rodríguez Medrano me dio los nombres de dos secretarios de juzgado para poder allí conseguir mis dos expedientes. Había elegido un expediente constitucional y uno penal. Pero cuando fui al secretario Casasola de un juzgado civil, solo tenía juicios civiles y no constitucionales y opté por un juicio de Desahucio. Pero por el lado penal, la cosa no fue fácil, porque el secretario donde fuí no tenía expedientes disponibles. Tuve que buscar otros contactos y recuerdo que un amigo de mi padre, trabajaba en la Oficina de Relaciones Públicas del Poder Judicial y fui a buscarlo. Y me contactó con un secretario de un juzgado penal y durante varias semanas me hicieron venir a cada rato y me decían, "regresa la próxima semana para ver si hay algo", y así se pasaban las semanas. Hasta que en el mes de junio, pude conseguirme un expediente penal, que era juicio por Hurto. Ya tenía mis dos expedientes, pero la mala suerte se volvió a interponer en el camino. A las pocas semanas de haberme conseguido mi expediente penal, me llamó el Secretario Casasola para decirme que necesitaba el expediente de Desahucio, porque se lo estaba pidiendo la Corte Superior. No había nada que hacer y tuve que devolverlo y a comenzar de nuevo a buscar un expediente. A los pocos días, fui donde un Secretario llamado Jorge Chávez -con quien había llevado un expediente años atrás cuando estuve practicando en un estudio- y me mandé de frente y le dije que el Dr. Rodriguez Medrano me lo había recomendado para conseguir un expediente. A Dios gracias, eso me abrió las puertas y pude conseguirme un expediente constitucional, una Acción de Amparo. Ahora sí ya tenía los dos expedientes y comenzaba mi preparación para el Examen de Grado. Originalmente, mi idea era pedir fecha para mi Examen para noviembre de 1989, al año de haber sustentado mi tesis, pero circunstancias y contratiempos de índole personal fueron postergando ese deseo y finalmente tomé la decisión de pedir fecha para enero de 1990.

1990. Comenzaba una nueva década y atrás había quedado la década del 80, en la cual mi vida giró en torno a la universidad. Pero en la primera semana de 1990, recibí una llamada del Secretario Penal que quería que le devolviera el expediente porque había pasado mucho tiempo desde que me lo prestaron. De inmediato me fui para allá y hablé personalmente con el Secretario y le pedí que me lo prestara hasta fin de mes, porque ya iba a pedir fecha para ese mes. Al comienzo como que no le cuadró mucho eso, pero le prometí y le dí mi palabra que de todas maneras sería en enero porque si no, tendría que esperar hasta marzo porque en febrero el personal del Departamento Académico de la Facultad de Derecho salía de vacaciones por todo febrero y no me quedaba otra. Y si por esas cosas, no daba mi Examen de Grado me comprometía a devolvérselo el 31 de enero, con el riesgo de volver a comenzar. Y así quedamos. Para la tercera semana, solicité formalmente fecha. Por un lado, siempre quedaba la incógnito de quienes estarían en mi jurado, ya que uno no lo sabía hasta días antes del Examen. Y siempre se tenía el temor que te tocara alguien inquisidor o que le guste revolcar al graduando. Y en mi caso, mi temor era por el expediente penal. En esos momentos, en la Facultad, los cursos de Derecho Penal eran un paseo y muy pocos, optaban por especializarse en esa área. Y era volver a repasar TODO Derecho Penal, con el riesgo que te tocara un jurado de esos que sean expertos en la materia y te dejen en el suelo. Y habían profesores que eran así. De los tres jurados, siempre dos eran del área civil o constitucional y el restante del área penal. En esos días, me había hecho amigo de Mauro, quien se encargaba de dejar los expedientes a los jurados elegidos. Y allí supe que dos de mis jurados serían el Dr. Valega por el expediente constitucional y el Dr. Váscones por el expediente penal. Me hizo respirar tranquilo esta designación porque sabía que eran dos jurados que no eran unos malditos despiadados. Tampoco eran fáciles, porque de todas maneras tenía que prepararme bien. Y me dieron fecha para el 29 de enero. Para ello, dos días antes, como era costumbre antes de dar un examen de grado, en mi casa hice un simulacro de examen con tres amigos que hicieron de jurado, quienes fueron Samuelito Abad, Bruno Marchese y Alfonso Valencia, quienes me ayudaron a corregir algunos errores y mejorar en algunas cosas con miras al examen.

Días antes, supe que mi examen había sido postergado para el 30 porque al Dr. Valega se le había presentado un problema y no iba a poder estar como jurado y devolvió el expediente. En ese momento el Departamento Académico comenzó a buscar un nuevo jurado y el día 29 me comunicaron que mi examen había sido pospuesto al día 31 de enero porque todavía no se había conseguido un jurado. El 31 era el último día hábil de ese mes, y si no encontraban jurado la cosa se corría para marzo, con el riesgo de tener que devolver el expediente penal. Pero en la Secretaría me aseguraron que de todas maneras el Examen sería el 31 a las 8:00 am. Poco después me enteré de toda la odisea que se pasó para conseguir a ese tercer jurado. En ese momento el Secretario Académico era el Dr. César Landa, quien era constitucionalista. Y supe que habían acudido a todos los profesores del área constitucional y ninguno podía ser jurado, entre ellos el mismo Dr. Landa. Se llegó hasta el punto de acudir a un profesor de Derecho Penal para conseguir ese tercer jurado -algo poco usual porque siempre había un solo jurado en Derecho Penal cuando había un expediente penal-, pero tampoco se logró conseguir a alguien. En circunstancias normales, ese Grado hubiera sido postergado hasta Marzo, pero gracias a la generosidad del Dr. Landa, quien al saber el problema, optó por aceptar ser Jurado para mi Examen de Grado el mismo día 30 de enero. Y eso lo supe después de dar mi examen de Grado.

31 de Enero de 1990. Por esos días, era común estar sin luz por los racionamientos de energía eléctrica. Y me levanté a las 6 am, y me di con la situación que no había luz. Y para remate, el 1º de enero de ese año se había adelantado una hora y a las 6 am todavía estaba oscuro. Tuve que afeitarme con velas en esa mañana. Y con mi padre y mi hermano Alex. nos fuimos a la Universidad para mi Examen de Grado. A las 8 am, ingresó mi jurado compuesto por los Dres. Landa, Ochoa Cardich y Váscones. Y al sonar la campana, ingresé a exponer mis dos expedientes. Mi padre y mi hermano estaban sentados viendo el Examen y algunos amigos que se habían enterado también fueron allí. En el expediente de la Acción de Amparo, había sentencia contradictoria y en el Expediente Penal, aunque no había esto, pero habían varios temas por discutir y debatir. Mi exposición duró un promedio de 20 minutos y luego el Jurado formuló sus preguntas, vinculadas a los expedientes y también a las áreas constitucional y penal. Y en algún momento, el Dr. Váscones me hizo pasar más de un apuro, pero no al punto de hacer dudar sobre mi examen. Al finalizar las preguntas, nos invitaron a salir para que el jurado deliberara. Cuando uno era aprobado, sonaba la campana y si no, el jurado abandonaba la sala. Esos minutos de espera los sentí larguísimos y cuando sonó la campana, en ese momento sentí una emoción indescriptible, porque lo primero en que pensé fue en mi madre que nos había dejado hace más de dos años. Y al entrar, el Jurado me comunicó que había sido aprobado por unanimidad y que ya tenía el título de Abogado y luego pronuncié un juramento y así culminó todo. Lo que vino después fue emotivo, mi padre con lágrimas en los ojos me abrazó con emoción al igual que mi hermano Alex. Y mis amigos que estaban allí se acercaron a felicitarme. Y luego me acerqué a la facultad para pedir que me devolvieran los expedientes porque al día siguiente, 1º de febrero, iba a estar cerrada las oficinas de la Facultad. Y fue una experiencia maravillosa porque todas las personas en las oficinas -a quienes conocía-, al enterarse del resultado de mi examen me expresaron en forma sincera sus felicitaciones. Tres días después, el sábado 3 celebraría mi cumpleaños con un motivo más que especial por celebrar.

Han pasado 36 años de ese momento y el 16 de marzo de 1990 me incorporé al Colegio de Abogados de Lima. Desde ese entonces, mucha agua ha pasado bajo el puente. He tenido buenos momentos, pero también malos momentos. He trabajado en diversos lugares, y en varios años también estuve sin trabajo, en donde tuve que trabajar en otras cosas. En esos 36 años, estuve 10 años trabajando en la Asociación de Agentes de Aduana del Perú, desde 1997 hasta el 2007. He trabajado en algunos estudios, he trabajado conjuntamente con algunos colegas y muy pocas veces por mi cuenta. Y mi último trabajo fue en la Gerencia de una micro empresa desde el 2007 hasta el 2014, en donde no ejercí mi profesión al 100 %, pero tampoco estaba totalmente desvinculado. Y actualmente, ya estoy totalmente retirado y completamente alejado de la profesión. Pero todo esto tuvo su origen hace 36 años, cuando con ilusión y con preparación opté por mi título de Abogado.






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