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viernes, 25 de septiembre de 2026

25 DE SETIEMBRE: RECORDANDO SIEMPRE A MI QUERIDO VIEJO






Hoy, 25 de Setiembre, mi padre hubiera cumplido 99 años de edad. Y por ello, quise actualizar el post que le dediqué en mi blog hace trece años y publicarlo con fecha de hoy. Además, no quería que esta fecha pasara desapercibida en mi blog sin evocar a mi padre, ALBERTO SAMUEL GUADALUPE WIESE, quien aunque no está físicamente entre nosotros, su recuerdo permanece duradero por siempre entre nosotros.


Mi viejo nació un domingo 25 de setiembre de 1927, en la provincia del Callao. Cuando aún estaba en la barriga de su madre -mi abuela Ida-, su padre Samuel, de nacionalidad ecuatoriana, falleció en circunstancias más que misteriosas –la versión “oficial” fue que se ahogó cuando viajaba de una provincia a otra-, y al nacer, desde el saque ya era huérfano de padre, y su madre tuvo que sacar sola adelante a su familia, lo cual le endureció bastante el carácter. Vivió parte de su niñez en la Calle Constitución, en una especie de quinta al lado de casi toda su familia materna, y años más tarde, se iría a vivir al edificio de la cuadra 14 de Arenales, hasta cuando se casó con mi madre, Sara Gioconda Tello Arrasco, un domingo 2 de abril de 1961. Cuando el que escribe vino al mundo, un domingo 3 de febrero de 1963 –una vez más, un día domingo vuelve a estar presente en una fecha importante en la vida de mi padre-, mi viejo tenía 35 años. Terminó en la universidad sus estudios de Ingeniería Química, pero su gran pasión fue el periodismo, que finalmente lo terminó reclutando en sus filas.

Fue un periodista de la vieja guardia y pasó por numerosos medios de comunicación, tanto en prensa, radio y hasta TV. En prensa, se inició en “La Prensa” en la década del 50, y trajinó por diarios como “Expreso”, “Correo”, "Ultima Hora", “Visión Peruana”, y hasta llegó a ser Director del diario “Actualidad” en 1986, y en un gesto que reflejó con creces su ética profesional, renunció a dicho cargo cuando los dueños de dicho diario, le cambiaron la primera plana de la edición del día siguiente, sin siquiera comunicarle nada y pasando por encima de él, sorprendiéndolo al día siguiente cuando el diario ya estaba en los kioscos. Sin pensarlo dos veces, mi viejo presentó su carta de renuncia, expresando literalmente en su carta su decepción total con ese tipo de actitudes. En radio, estuvo en Radio Libertad con su entrañable amigo Víctor Manuel Avendaño en “La Voz de Libertad”. Y en TV, estuvo en la Jefatura de Redacción del Noticiero del Canal 2, "90 Segundos" -en sus momentos de esplendor-, y también en el noticiero del Canal 7 junto con su gran amigo, y hermano del alma, Lucho Jiménez -el “Tío Lucho” para quien lo conocíamos. Además del periodismo, también fue Relacionista Público y trabajó en diversos lugares, como el Ministerio de Industria y Turismo, el INIE –Instituto Nacional de Investigaciones Energéticas-, el Ministerio de Energía y Minas, y como dirigente gremial participó en congresos internacionales de periodistas y representó al país en certámenes internacionales. Fue también asesor en la administración pública y privada y finalmente en 1989 entró como Asesor y Jefe de la Oficina de Prensa de la Municipalidad de Miraflores, en la gestión del alcalde Alberto Andrade -quien era amigo suyo-, y estuvo allí hasta el final de sus días, en 1993. Y si hubo unanimidad en algo, después de su partida, fue que todos los medios al informar la noticia, señalaron que se había ido "un señor del periodismo".


Mi viejo me llevó por primera vez al Estadio Nacional a un partido de la U cuando yo tenía 6 años, y recuerdo que fue ante el KDT y la U goleó 3-0 ese partido. Mi padre era chalaco de nacimiento, pero crema de corazón desde que era niño cuando veía jugar a su ídolo Lolo Fernández y eso intentó inculcar en su primer hijo, y vaya que lo logró. Como en esa época vivíamos en Jr. Huancayo 177, a media cuadra de la Av. Wilson, estábamos relativamente cerca al estadio, y fuimos con cierta frecuencia y así me hice hincha crema desde mi niñez. Algo que no logró con mi hermano Alex, ya que desde niño se hizo hincha del Sporting Cristal.


En casa mi viejo era una persona seria, estricta y a veces rigurosa, pero eso era parte de una época en que no había las amplias libertades que hay en nuestros días. Debo admitir que durante mi niñez, adolescencia y juventud, fui muchísimo más pegado a mi madre, y mi padre era más una figura de autoridad y respeto, pero tampoco era alguien lejano o distante. Era quien me daba las propinas cada fin de semana o a quien había que pedirle permiso para salir a tal o cual lugar. Tenía su geniecito, pero no era rencoroso ni albergaba en su espíritu resentimientos ni odios. Era de corazón noble, solidario, sensible, afectuoso y sobretodo justo. Me acuerdo que cuando llevaba algo a la casa para comer o beber, SIEMPRE llevaba cinco porciones: para mi padre, mi madre, mi hermano Alex, yo y nuestra empleada, Antonia -leal puneña que me vio nacer y nos acompañó durante mucho tiempo y que en Enero del 2014 nos dejó para siempre. No para nosotros cuatro solamente, siempre incluía cinco pedazos de todo aquello que llevaba a casa. Tanto en su familia como en la familia de mi mamá, fue alguien muy querido y apreciado, porque era bien neutral y no se compraba problemas ajenos. Recuerdo que me decía, que si dos familiares estaban peleados, él no lo estaba con ninguno de los dos y no se hacía problema ni tomaba partido ni por uno ni por otro. Mis primos siempre lo querían como el “Tío Alberto” y los primos de su generación del ala materna –no tuvo parientes del ala paterna acá ya que su familia paterna provenía de Ecuador y nadie vivía acá-, lo llamaban por su apelativo que desde niño le decían, “Cato”. Una vez me dijo que cuando era bien niño, era pequeñito, y su abuela –la famosa “mamita” Georgina Drago- le decía “Pocato”, por “pequeño”, hasta que se quedó en “Cato” y así lo recuerda TODA mi familia paterna.


Por su profesión misma de periodista, fue una persona bien bohemia y le gustaba reunirse con sus colegas, después de las jornadas de trabajo, algo que a veces a mi vieja no le hacía mucha gracia y tampoco a mí cuando era niño y adolescente, pero después con los años llegué a comprenderlo. Debido a su múltiple paso por diversos medios de comunicación, ello generó que tuviese una gran cantidad de amigos y relaciones que a la hora de contactar con un medio, las puertas se le abrían con facilidad. Era una persona bastante sencilla, con él no iban los snobismos ni las pituquerías ridículas. El se sentía identificado con el hombre común de la calle, de clase media que a base de esfuerzo y trabajo, labraba su camino para sacar adelante a su familia. Nadie le regaló nada en la vida. Tenía amplia cultura y como siempre debía estar informado de todo lo que acontecía en el mundo por su profesión, era alguien con quien podías conversar de todo, desde política, hasta de futbol o cine. Pero por encima de todo, fue un profesional honesto, honrado e incorruptible, dueño de una ética intachable. Algo que una vez nos dijo a mi hermano y a mí fue que el día que nos dejara no nos iba a dejar riquezas ni fortunas, pero sí dos cosas puntuales: una profesión y un apellido limpio. Y vaya que lo logró.


En la década del 80, en mis años universitarios, por la edad, mi prioridad eran mis amigos, las fiestas y las salidas nocturnas y mi familia quedaba relegada. Ya cuando mi madre nos dejó en setiembre de 1987, sin duda eso generó un acercamiento con mi padre y una mayor integración. En lo personal, me queda la satisfacción que su último cumpleaños en 1992, que cayó viernes y lo celebramos el sábado con algunos familiares y amigos, nos divertimos bastante en el otrora Restaurant "Bertolotto", y en épocas de toque de queda, nos quedamos con mi prima Chabelita hasta las 5 de la mañana, siendo un día inolvidable que siempre recordaremos.

En 1993 enfermó, originalmente con una esofagitis, y tras hacerse exámenes y análisis, resultó que tenía una posible metástasis, que fue confirmado en abril de 1993 cuando fuimos donde mi tío Hector Vizcardo –QEPD-, quien era Gastroenterólogo en la Clínica San Borja y tras hacerle más exámenes, al final confirmó los temores: metástasis hepática derivada de un cáncer al estómago. A la semana siguiente, por medio de la familia de la entonces enamorada de mi hermano Alex, Blamy, supimos de un médico naturista, Dr. Casanova y fuimos hasta Huachipa a la consulta. Y luego de que el doctor vio los resultados de sus exámenes, dijo que necesitaba quedarse internado y que necesariamente un familiar debía quedarse con él. En ese momento, mi hermano Alex trabajaba y yo estaba sin trabajo fijo, así que elegí quedarme y un 21 de abril nos fuimos a Huachipa y estuve con él hasta el martes 4 de mayo, cuando nos dejó para siempre. En verdad, su fase ya era terminal y no había nada que hacer, pero al menos se fue en paz y esos últimos 14 días de su vida fueron tranquilos y no se fue sufriendo, sino se apagó lentamente. Quizás en una clínica hubiera durado un poco más, pero a un precio quizás más doloroso para él.

Hace 33 años que nos dejó, pero su recuerdo siempre permanece imborrable en nuestras mentes y corazones. Desde que nos dejó, he podido avanzar en mi vida y sortear dificultades y superar momentos bastante duros, tanto sentimentales, económicos como laborales, y a Dios gracias, hoy me siento una persona agradecida con lo que Dios y la vida me ha dado. SE que si viviera, se sentiría feliz por mi y por mi hermano Alex. Y SE que hubiese adorado a mi esposa Silvana, no me cabe la menor duda de ello, y de hecho, debe haberse encontrado con ella en el reino espiritual. Es más, ahora que me ha tocó perder a mi amada esposa Silvana el 4 de Noviembre del 2020, entiendo y SE lo que debe haber sentido mi viejo cuando perdió a mi madre. SE que también hubiera estado feliz de ver que pude cumplir mi sueño de ver a la dupla sobreviviente de QUEEN en Chile, ya que él entendía mi pasión por QUEEN, ya que él sentía eso mismo por Carlos Gardel y sus tangos, y por la música criolla. Y también estoy seguro que le hubiera fascinado este blog personal y sería un asiduo lector y mi principal crítico también. Si algo heredé de mi padre fue mi pasión para escribir que proviene de su vena periodística y sobretodo, sin errores ortográficos, algo que se me inculcó desde niño. Me acuerdo cuando en el 93 estuve en el programa de radio “Cinco Noches” al lado de mi gran amigo Huguito Salazar, mi viejo me grababa cada miércoles los programas, y muchos meses después, cuando él ya se había ido, supe por una de las chicas que trabajaron con él en la Municipalidad de Miraflores, que mi viejo le contaba con orgullo a las personas con las que trabajaba, que su hijo estaba en la radio los miércoles. Y además, como todos los diarios pasaban por su escritorio, TODA noticia vinculada a QUEEN, era recortada por él y separada y me la llevaba a casa sin falta. Y también SE que estaría feliz de mi experiencia en Stereo Lima.com.

Su espíritu alegre, su caracter amiguero, su sencillez, sensibilidad y trato cordial con todos, su dedicado y entregado profesionalismo, y sobretodo, su intachable honradez y honestidad moral fueron su sello distintivo. Por eso es que quise desde este modesto blog, evocar a mi querido viejo y agradecerle por todo lo que me dio en la vida, por los valores que me inculcó y que me sirvieron tanto para ser un hombre de bien en la vida. Y desearle que donde quiera que se encuentre en el Reino de los cielos –estoy seguro que estará en una Zona Super VIP, al lado de mi madre-, pase un mágico cumpleaños y que desde arriba vea que sus hijos lo recuerdan siempre y siguen diariamente su ejemplo de vida, hasta el día en que llegue el anhelado reencuentro en el reino de Dios. Y concluyo este post con este tema que le gustaba tanto: "Only You" de The Platters.

¡FELIZ DIA MI QUERIDO VIEJO!!





miércoles, 16 de septiembre de 2026

16 DE SETIEMBRE: RECORDANDO A MI MADRE






Hoy 16 de Setiembre se cumplen 39 años de la partida de mi madre, SARA GIOCONDA TELLO ARRASCO, y quería compartir con ustedes su recuerdo y su imagen. Aunque no está físicamente entre nosotros desde 1987, su recuerdo permanece duradero por siempre.

Mi viejIta nació un miércoles 21 de marzo de 1934, en la provincia de Chiclayo, departamento de Lambayeque. Vivió su niñez y adolescencia en las cálidas tierras chiclayanas, al lado de su madre Petronila, y sus hermanas Letty, Aura y Norma, y años más tarde, se iría a vivir a Lima. Se casó con mi padre, Alberto Samuel Guadalupe Wiese, un domingo 2 de abril de 1961 en la Iglesia "Cristo Rey" en Santa Beatriz y se fueron a vivir al edificio que estaba en la cuadra 14 de la Av. Arenales. Cuando el que escribe vino al mundo, un domingo 3 de febrero de 1963, mi madre tenía 28 años y ya vivían en el Jr. Huancayo 177, Departamento 203, en Lima, donde estuvimos hasta febrero de 1971, cuando nos mudamos a nuestra recordada casa en Lince, en el Jr. Sinchi Roca 2538, al frente del parque "Mariscal Castilla". 


En casa mi mamá -a quien llamábamos la "Chanchita"- fue una persona afectuosa y sobretodo, justa. Era una persona bien nerviosa y por ello, muchas veces era estricta cuando se trataba de darme permiso para salir con mis amigos a la calle, pero eso era parte de una época en que no había las amplias libertades que existen en nuestros días. Durante mi niñez, adolescencia y juventud, fui mucho más pegado a mi madre, quien a veces intercedía ante mi viejo para lograr un permiso mayor o para comprarme algunas cosas que me gustaban. Mientras mi padre trabajaba, todo permiso en la casa era con ella. Era una persona que se hacía querer por todo aquel que la conocía o trataba. Tanto en su familia como en la familia de mi padre, fue alguien muy querida y apreciada, porque era bien neutral y no se compraba problemas ajenos y también supo lidiar con mi abuela Ida, abuela paterna -quien tenía un carácter muy fuerte-, y con los años se convirtió en su mayor soporte y apoyo. Mis primos siempre la querían como la “Tía Gioco”, la tía conciliadora y que recibía siempre con los brazos abiertos a todos sus sobrinos, sin excepción.

Era una persona bastante sencilla, con ella no iban snobismos ridículos. Ella se sentía identificada con la persona común de la calle, y cuando iba a hacer sus compras al mercado, o cualquier otro lado, tenía sus caseras quienes le tenían mucho cariño y consideración. Recibía a todos por igual y cuando mis amigos del colegio o de la universidad pisaban a la casa, nunca dejaba de atenderlos y hacerlos sentir como en su casa.

Entre sus gustos, le encantaba la música instrumental, sobretodo la de Richard Clayderman –le fascinaba la “Balada para Adelina”-, y una de las mayores satisfacciones que mi hermano y yo tuvimos fue regalarles a nuestros padres por su aniversario de bodas número 26, dos entradas para ver a Richard Clayderman en vivo en el Auditorio del Colegio Santa Ursula, y recuerdo cuando regresaron del show, tenía una sonrisa de oreja a oreja por haber visto a un músico a quien admiraba. Pero si hay un tema que cuando lo escucho inmediatamente me hace evocar a mi madre y me mueve un poco el piso, es el instrumental “Love Is Blue” de Paul Mauriat, porque me traslada al año 1968 cuando tenía 5 años y vivíamos en la casa de Jr. Huancayo y mi hermano Alex tenía meses de nacido. Mi madre siempre me recogía de la escuela "Nuestra Señora de la Paz” y siempre nos íbamos a tomar lonche los viernes. También le encantaba el cine y sus actores favoritos eran Robert Wagner y Paul Newman. Le gustaba ver TV y siempre en las tardes y en las noches veía sus telenovelas al lado de nuestra empleada, Antonia -leal puneña que me vio nacer y nos acompañó durante mucho tiempo y que en enero del 2014 también nos dejó. Y por supuesto, le gustaba el fútbol, y en la casa había democracia para el fútbol. Mientras mi viejo y yo éramos cremas, y mi hermano era del Cristal, mi madre era aliancista de pura cepa y adoraba al “Nene” Cubillas y también le encantaba Oblitas. Pero era de las hinchas que cuando un equipo peruano distinto a su equipo blanquiazul jugaba contra un equipo extranjero, gritaba y vibraba con los goles que hacían. Y ni qué decir cuando jugaba la selección peruana, pegaba unos gritos de emoción cuando ganaba Perú, que perforaban nuestros oídos.



En la década del 80, en mis años universitarios, por la edad, mi prioridad fueron mis amigos, las fiestas y las salidas nocturnas y mi familia quedó relegada. Pero todo eso cambió en la setiembre de 1986 cuando luego de hacerse unos análisis, le diagnosticaron una fuerte anemia y una insuficiencia renal crónica. Fue un impacto fuerte porque en ese mes de setiembre, se puso muy mal y parecía que nos dejaba. Dejé todo por estar a su lado y estar atento a lo que necesitara. Luego que mi padre hiciera algunas gestiones, a partir de ese mes, comenzó con un tratamiento de diálisis para su insuficiencia renal y al comienzo, fue algo muy fuerte que la hacía sufrir mucho. Pero en los siguientes meses, ese tratamiento generó algunas mejoras en ella y pudo hacer su vida normalmente, pero sin dejar de someterse tres veces por semana al tratamiento de diálisis. Yo siempre la recogía de cada sesión y había veces que salía bien, como otras veces salía extenuada y muy agotada. Pero allí iba, lidiando de la mejor manera con este problema de salud. Recuerdo su último cumpleaños en marzo del 87, que en casa de mi tía Letty -su leal hermana con quien hablaba todos los días por teléfono-, le organizaron un almuerzo sorpresa y fue una velada muy grata y especial en familia.

Pero las cosas comenzaron a empeorar para setiembre del 87. La enfermedad había avanzado progresivamente y por más diálisis que tuviera, ya sus riñones se iban deteriorando cada vez más. Y a eso, se agregaba que el corazón se le había dilatado y había agarrado parte del pulmón, provocándole problemas respiratorios. Daba dos pasitos y se agitaba de cansancio. El martes 15 fue un día muy duro y esa noche, no durmió por el dolor que la aquejába –y ninguno de nosotros en la casa pudo dormir tampoco-, y para el día siguiente, miércoles 16, los dolores fueron en aumento. A eso del mediodía, decidimos internarla de emergencia en la Clínica Anglo Americana con el fin que la pudieran controlar mejor y estabilizar. Gracias al apoyo de mi tía Carmela y mi primo Fernando, nos trasladamos allá con mi viejo, mientras mi hermano Alex se quedó en casa. Al llegar a la clínica, aparentemente se había podido estabilizar y estaba más tranquila y la trasladaron a su cuarto. Todo iba bien hasta que en un momento comenzó a faltarle el aire y luego de una muy criticable indiferencia inicial por parte de los enfermeros, alguien se dio cuenta de la gravedad de la situación y eso generó que de inmediato llamaran a todos los paramédicos quienes entraron al cuarto, y mi padre y yo tuvimos que abandonar el cuarto. De inmediato llamé a mi hermano para que viniera a la Clínica porque la cosa era seria. La espera fue tensa y me comenzó a dar mala espina ver que las enfermeras salían lentamente del cuarto y en silencio. Y lo peor se confirmó minutos después. Mi padre y mi hermano se habían ido por otro lado y me encontraba solo esperando. Habían llegado mi tía Victoria y su hija Pilar, familiares cercanos del ala paterna y del cuarto salió el médico y se acercó hacia mí con semblante serio y con pesar me informó que mi madre nos había dejado para siempre por un paro cardiorespiratorio. Lo que vino después fue uno de los momentos más duros y dolorosos que me haya tocado vivir. Y a diferencia de mi padre, quien se fue sin sufrir, mi madre hasta el final se fue sufriendo y mucho.

Hace 38 años que nos dejó, pero su recuerdo siempre permanece imborrable en nuestras mentes y corazones. Desde que nos dejó, he podido avanzar en mi vida y sortear obstáculos y dificultades y superar momentos difíciles, tanto económicos, sentimentales como laborales, y a Dios gracias, hoy me siento una persona agradecida con lo que Dios y la vida me dio. SE que si viviera, me diría que se sentiría feliz por mi y por mi hermano Alex. Y SE que hubiese adorado a mi esposa Silvana, quien hubiera sido su “Aliada y Compañera Número 1”, no tengo la más mínima duda de ello. Y no tengo la menor duda que ya debe haberse encontrado con ella en el reino espiritual y deben haber charlado harto. Ella también sabía cuanto me gustaba QUEEN –varias veces cuando veía especiales de QUEEN en la TV, se sentaba en la sala a acompañarme- y SE que también hubiera estado feliz de ver que pude cumplir mi sueño de ver a la dupla sobreviviente de QUEEN en Chile, en el 2008.

Su caracter alegre, su sencillez y trato cordial con todos, sus sinceros deseos de atender siempre bien -con lonchecito incluido- a quien visitaba la casa y el enorme ángel que tenía, fueron siempre características esenciales de ella y su sello distintivo. Por eso es que quise desde este modesto blog, evocar a mi viejita y agradecerle por todo lo que me dio en la vida, por los valores que me inculcó y que me sirvieron tanto para ser un hombre de bien en la vida. Y desearle que donde quiera que se encuentre en el Reino de los cielos –estoy seguro que estará en una Zona Super VIP, al lado de mi padre, su mamá, su querida hermana Letty y por qué no, también de mi amada esposa Silvana-, vea que sus hijos lo recuerdan siempre y siguen diariamente su ejemplo de vida, hasta el día en que llegará el anhelado reencuentro en el reino espiritual.





lunes, 29 de junio de 2026

DIANA GARCIA: TU, YO Y NUESTRA AMISTAD






Hoy, 29 de Junio, se cumple un aniversario más del nacimiento de la mejor DJ femenina que hubo en el Perú, mi gran amiga DIANA GARCIA. Cuando era niño, a la edad de 11 años, hubo una voz femenina que captó mi atención y por partida doble. Por un lado, en las transmisiones de los partidos importantes de futbol de la selección peruana en el canal 4, junto a Luis Angel Pinasco y Roberto Salinas, había una voz femenina encargada de la locución comercial, esto es, de anunciar a los productos auspiciadores en algunos pasajes de los partidos. Incluso, su voz había sido escuchada en algunos comerciales de TV de ese entonces. Paralelamente, cuando comencé a escuchar radio a los 11 años en 1974, mi radio preferida era Radio Miraflores y esa voz femenina era la voz que identificaba dicha radio, y además, tenía un programa de lunes a viernes de 8 a 9 pm, llamado “Tu, Yo y Mis Discos”. Su nombre era Diana García y durante esos primeros años de radioescucha, recuerdo que paraba en mi cuarto escuchando en mi radio, su programa en AM, el cual me acompañaba siempre todas las noches -cuando ni siquiera en mi imaginación más delirante, podía pensar que algún día y muchos años después, llegaría a conocerla. Recuerdo que allí fue la primera vez que escuché “Please Mr. Postman” de Los Carpenters –mi grupo favorito de ese entonces-, y el tema que me cautivó en ese año 74, “Sad Sweet Dreamer” de Sweet Sensation. Durante esos años de la década del 70, Radio Miraflores –la radio chiquita de corazón grande- fue quien me incentivó muchísimo mi afición por la música ¿Y qué discjockeys había en esa época dorada? Pues Tony Marbel, Renato Schols, Enrique Llamosas, Perico Durand, Nelly Mendivil Castro, entre otros. ¡Que constelación! Y es que en esa época te ofrecían buena música y con criterio. Había buenos programas y muy buenos discjockeys, y entre ellos, sobresalía Diana García. En la década del 80, se pasó a las filas de Radio América y su voz fue también parte importante en el programa del Canal 4, “Triki Trak”. Y a inicios de los 90’s volvió a Radio Miraflores y estuvo allí hasta 1993, cuando emigró a Telestereo, donde estuvo hasta el final de sus días. 

Tuve el enorme privilegio no solo de conocerla, sino también de contar con su entrañable amistad, y realmente fue una gran amiga a quien quise mucho. Recuerdo que en el mes de noviembre del 92, la llamé por teléfono por primera vez para pedirle un tema de QUEEN y hacerle recordar que se venía el primer aniversario de la muerte de Freddie Mercury. En ese momento Hugo Salazar –cuando aún no nos conocíamos- tenía su programa “Cinco Noches”, de lunes a viernes de 7 a 8 pm y los miércoles eran dedicados a QUEEN. Otro día volví a llamarla y hablamos un poco más y le pedí el tema “Delilah” de Tom Jones y le mencioné que la escuchaba desde que era niño y le agradecí por haber sido parte de mi niñez con su programa y le mencioné a varios de los DJs de aquella época, lo cual sorprendió a Diana. Y cuando pasó el tema “Delilah”, en su programa inolvidable programa “Memories”, mencionó mi llamada y me dedicó el tema. Acto seguido, llamé para agradecerle y me presenté debidamente y justo ese día era miércoles y le dije a Diana, “felicítalo a Hugo por tan brillante idea de tener un programa semanal de QUEEN”, y en eso Diana me contesta, “mejor, por qué no se lo dices tú? Aquí lo tengo al frente”. Y así conversé por primera vez con Hugo y fue un diálogo y breve, ya que en minutos arrancaba con su programa. Semanas después, nos conocimos personalmente y las circunstancias jugaron para que en el programa víspera de Navidad, al no tener Hugo el tema de QUEEN, “Thank God It’s Christmas” –y yo sí-, me invitara para que fuese a la radio el martes 22 y le llevase el cassete donde tenía la canción grabada –como 24 de diciembre caía jueves y Hugo dedicaba los jueves a los Beatles, lo había adelantado un día antes y QUEEN iría esa semana el martes. De esa forma, fui ese martes 22 para apoyar a mi gran amigo Huguito Salazar en su programa "Cinco Noches", y como el programa de Diana era antes del de Hugo –de 5 a 6 pm tenía “Tu, Yo y Mis Discos” y de 6 a 7 pm tenía “Memories”-, tuve la oportunidad de ser presentado a Diana por Hugo. Fue un momento muy emocionante para mí porque conocía a una DJ, cuyos programas había seguido desde mi niñez y a quien había admirado tremendamente, y me cautivó su sencillez y amabilidad y recuerdo que me dijo, "te felicito por escuchar muy buena música". De allí en adelante, seguiría apoyando a Hugo en los miércoles de QUEEN en “Cinco Noches” –tema que fue motivo de un posteo más detallado- por el tiempo que duraría "Las Noches de la Reina" –duró desde diciembre del 92 a agosto del 93-, y cada miércoles recuerdo que yo llegaba a la radio 15 minutos antes de las 7 pm, y me ponía a conversar con Diana de música y de todo un poco. Cuando "Cinco Noches" fue cancelado, a partir de ese momento, se generó una linda y hermosa amistad, teniendo el placer de compartir momentos lindos en su casa con ella, su esposo Armando, sus hijos Armando Jr. y Angel, y la entrañable y siempre leal Isabelita, cuya más que deliciosa sazón recuerdo que nos hizo engordar algunos kilitos.


Luego con el paso de Diana a Telestereo, vendría noviembre del 93 y comenzó un hermoso trabajo en conjunto que fue consolidando mucho más nuestra amistad. El 24 de noviembre del 93 era el segundo aniversario de la muerte de Freddie Mercury y juntos elaboramos el primer mini especial de 30 minutos dedicado a QUEEN, el cual fue todo un éxito, y que generara una gran respuesta de sus oyentes y hasta del dueño de la radio, el Gral. Gonzales –padre de mi amigo Speedy Gonzales-, quien incluso la llamó a Diana luego de terminar el programa para decirle que le había encantado el programa –al General no le gustaba el rock- y que pensaba que QUEEN era música estridente y que al escuchar esos 30 minutos admitió que se había equivocado. Al año siguiente arrancaríamos con los especiales de una hora de diversos cantantes y artistas –en su mayoría británicos y con motivo de sus cumpleaños- y el primero fue dedicado a Karen Carpenter, y estos especiales se mantendrían desde el 94 hasta el 97. Hicimos muy buenos especiales, y hasta ahora recuerdo por ejemplo, los dos que hicimos de Brian May, los de QUEEN para los 24 de noviembre, Elton John, Barry Gibb, Cliff Richard, pero en mi memoria guardo muy adentro tres especiales que hicimos: el de Sting, que rompió en sintonía y que incluso generó que gente llamara para pedir que lo repitieran; el del aniversario de Elvis en el que previamente al especial de Elvis que Dianita infaltablemente haría, hicimos uno de una hora de covers de Elvis, donde la primera media hora fue de artistas de USA y la segunda media hora fue de artistas y grupos británicos; y en tercer lugar, aunque no tuvo tantas apabullantes llamadas, fue el de Eric Clapton. Aún recuerdo como anécdota, que literalmente nos estábamos rompiendo el cerebro para elegir qué temas seleccionábamos de Clapton, por su paso por diversos grupos. Y al momento de ver qué elegíamos de Cream, yo tenía en cassette el tema “Strange Brew” y “I Feel Free” y Diana me insistía en que mejor sería “Sunshine Of Your Love”, pero no teníamos este tema. Le dábamos vueltas a la idea pero nos quedaba esa espina adentro y en eso, de la nada, apareció su hijo menor Angel –a quien guardo un gran aprecio y estimación- y al parecer, nos había estado escuchando y salió con un LP en sus manos y le dice a su mamá, “Los he estado escuchando, tomen, úsenlo en su especial”, y en su LP de Cream estaba “Sunshine Of Your Love”. No miento, en ese momento, Diana y yo saltamos y nos abrazamos como si nos hubiéramos sacado la lotería, fue algo de locos y nos sirvió para el especial de Clapton. Así eran nuestras “sesiones” de elaboración de especiales. Adicionalmente, tuve también la suerte de ser colaborador y fuente de información del panorama musical británico de esos años, razón por la cual me llamaba con el apelativo de “Su 007", o su "Agente Secreto", e incluso hasta un día en 1995, me invitó a su programa en la última media hora de “Memories” y fue uno de los momentos más lindos de mi vida. Realmente aquellas fueron lindas y maravillosas épocas que siempre permanecerán en mi recuerdo. Y hasta incluso, teníamos nuestra canción, que era "Friends Will Be Friends" de QUEEN.

En los siguientes años, siempre nos mantendríamos en contacto, y nos veíamos con cierta frecuencia y compartimos momentos gratos en su casa y hasta incluso recuerdo que mi cumpleaños del 94 lo recibí en su casa, donde también estuvo mi hermano Alex. Hasta que en el día de la madre del 2001, llamé para saludarla y de paso quería darle la noticia de que acababa de iniciar una nueva relación en mi vida –con mi amada esposa Silvana- y cuando me contestó sentí su voz agitada y me comunicó del terrible mal que la estaba aquejando desde un par de meses atrás: tenía cáncer en el pulmón. Recuerdo que la noticia me cayó como un balde de agua helada y ya ni pude decirle de mi relación con Silvana. Llamé inmediatamente a Hugo y a la semana siguiente fuimos a verla a su casa, y se le veía agotada, pero tranquila y allí le conté mi nueva relación y ella se puso muy feliz por ello. Recuerdo cuando en junio del 2002 la llamé para invitarla a mi matrimonio, era obvio que no iba a poder ir, pero cuando supo la noticia, se puso muy, pero muy feliz por ello y me deseó todo lo mejor. Los siguientes dos años, fueron de lucha ante este mal, y dejó de hacer su programa diario -solo se escuchaban programas grabados-, y la última vez que nos vimos fue en diciembre del 2002, cuando compartimos en su casa un momento lindo con su familia y mi amigo Huguito Salazar, y además de presentarle a mi esposa Silvana por vez primera. Finalmente, en mayo del 2003, supe por su familia que su enfermedad había avanzado y que estaba bien mal, y que incluso ya no contestaba el teléfono. El tercer sábado de mayo, llamé a su casa para saber como estaba, y para suerte mía, ella me contestó. Hablamos un buen rato, y al final de nuestra conversación, recuerdo muy claramente que ella me pidió enviar sus saludos a toda mi familia, mencionando uno por uno, y al final, me dijo: "Y tú, mi hermano, cuídate mucho, por favor. Hasta siempre hermano". Fue la última vez que escuché su voz y esas palabras me quedaron grabadas en mi memoria por siempre. Dos semanas después, un sábado 7 de junio, cuando me preparaba para celebrar mi primer aniversario de matrimonio -me casé un 7 de junio del 2002-, llamé a mi amigo Hugo -habíamos quedado en reunirnos en su casa al día siguiente para ver videos- para coordinar la hora en que iríamos a su casa y me contestó su mamá y me contó que había recibido la llamada de Angel, segundo hijo de Diana, en el que le informaba que Dianita ya nos había dejado para siempre. Fue un momento muy duro y triste para mí y sin duda, ello alteró todos nuestros planes de ese día y fuimos con mi esposa de frente al velorio, y al día siguiente a su sepelio, para despedirme de ella, como debía ser.


Un mes después, el domingo 6 de Julio, de 6 a 8 pm, la DJ Helene Ramos organizó un programa tributo a Dianita en Radio Miraflores, y fue un programa emotivo, maravilloso e inolvidable en donde estuvieron presentes colegas y amigos de Diana, como Ramiro Arriarán, Hugo Salazar, Speedy Gonzales, Renato Shols, Enrique Llamosas, Dante Capella, Jorge Cox, Liliana Sugobono, y telefónicamente Rulli Rendo, y Javier Lishner y Pepe Barreto desde USA. Y el que escribe tuvo el privilegio de estar invitado como alguien que colaboró con Diana en Telestereo y tuve algunos minutos para recordarla al aire.

Un 7 de junio del 2003, nos dejó Diana García de Palacios, destacada DJ y locutora comercial. Su característica y única voz dejó huella en el mundo de la radio, por las emisoras en donde estuvo, Radio Miraflores, Radio América y Telestereo. Sus programas "Tu, Yo y Mis Discos" y "Memories" sin duda alguna, formaron parte de lo mejor de la programación radial, y fueron parte de nuestras vidas. Han pasado ya 23 años y desde este blog he querido elaborar esta modesta semblanza de mi gran amiga Dianita García de Palacios, y recordarla de la mejor manera. Diana fue una persona sencilla, amable, recontra criolla, ocurrente, cariñosa con sus amigos y sobretodo, con un corazón de oro. Hincha acérrima de Alianza Lima –siempre discutíamos alegremente cuando en un clásico ganaba uno o el otro-, pero cuando le tocaba ganar a la U, sabía reconocer y siempre me decía “felicitaciones por el triunfo de tu equipo, nadie es perfecto”, algo que yo también le decía en forma graciosa. También era fanática de Brasil y gozaba cuando Brasil ganaba, tanto como si fuera Perú. Y en música, su devoción por Elvis era grande y le fascinaba Barbra Streisand, toda la música del sonido Motown, los Beatles, los Rolling Stones –adoraba a Mick Jagger-, y QUEEN, aunque en honor a la verdad, ella era más de Freddie Mercury que de QUEEN.

Sin duda, hoy por hoy, se extraña bastante su recordada voz en la radio y su buena música que propalaba diariamente, sus buenos recuerdos, sus "super oldies" y sus temas de Elvis Presley.

Gracias Dianita por tu amistad, por ser como fuiste y por habernos regalado diariamente tu voz, y sobretodo, por haber sido parte muy importante de nuestras vidas y muy en particular, de la mía.



¡QUERIDA DIANITA, NUNCA TE OLVIDARE! ¡QUE DIOS TE TENGA SIEMPRE EN SU GLORIA!


domingo, 7 de junio de 2026

07 DE JUNIO DEL 2002: EL MEJOR MOMENTO DE MI VIDA





Un 7 de junio del 2002, hace ya 24 años, viví el momento más feliz de mi vida, cuando me casé por civil con Silvana, el amor de mi vida. Aunque me imagino que algunos pensaran que entro en una contradicción, ya que en algunos posts anteriores he afirmado contundentemente que el día más feliz de mi vida fue el 19 de noviembre del 2008 en Santiago de Chile al lado de mi esposa, cuando ese día logré hacer realidad el sueño de ver a la dupla sobreviviente de QUEEN en concierto. No, sigo sosteniendo que ese día fue el más maravilloso que me ha tocado vivir en mis 63 años de vida, de principio a fin. Pero, si hablamos de momentos, el momento en el cual me sentí más feliz que nunca fue cuando me casé por civil por Silvana -no me casé por religioso porque mi esposa era divorciada y la Iglesia tiene sus retrógradas reglas considerando al divorciado como un paria o apestado, sin derecho a ser feliz nuevamente-, pero no fue el día más feliz que tuve, porque ese día fue literalmente un día lleno de caos, correteos, apuros y tensiones, y todo cambió cuando puse en pie en la Municipalidad, Y deseo compartir con ustedes, mis queridos amigos, lo que fue ese día para mí. Y ahora, que en este 7 de Junio en que ya no tengo a mi esposa a mi lado, tras su partida física el pasado 4 de noviembre del 2020, este post adquiere un ribete distinto, nostálgico y lleno de emociones.

Como antecedente, originalmente me iba a casar el 12 de abril del 2002, pero a fines de marzo, mi entonces novia Silvana se puso mal y la tuvieron que llevar de emergencia y tuvieron que extraerle la vesícula, y ello ameritaba reposo absoluto luego de ser dada de alta en los primeros días de abril. Ante ello, como habíamos ingresado el expediente en la Municipalidad de San Borja el día 21 de marzo -el día del cumpleaños de mi madre-. teníamos hasta el 21 de junio para fijar nueva fecha. Y decidimos que fuera en junio, el viernes 7, para que ella pudiera estar totalmente recuperada. Y así fue. Y en parte, el destino casi me juega una mala pasada, porque el día 4 de junio falleció el ex presidente Fernando Belaúnde Terry y el entonces presidente Toledo decretó dos días de duelo nacional como feriados no laborables. Si ese señor hubiera fallecido un día después, todo se iba al agua y no me hubiera podido casar ese día 7, y ya teníamos todo separado a partir de esa fecha. Felizmente no ocurrió así y el 7 fue un día laborable más, pero no me imaginé el problema del tráfico que se iba a generar después.

En ese momento estábamos en pleno mundial de fútbol y de los 32 partidos de la primera ronda del Mundial Corea Japón 2002, el único partido que me interesaba ver era el de Argentina-Inglaterra. Y para mala suerte mía, el partido fue fijado el 7 de junio a las 5 am, hora de acá. Y no me lo quería perder por nada del mundo. Me levanté a las 5 am para ver el partido, que finalmente ganó Inglaterra por 1-0, y luego de ello, me puse a embalar en cajas lo último que me quedaba. Hasta ese momento y durante 4 años y 8 meses, viví en una casa de familia en La Calera de la Merced en una habitación amplia con baño y un patiecito, que era independiente. Y siempre tuve una muy buena relación con la dueña de casa, la Sra. Amelia, quien siempre se portó muy bien conmigo y me apoyó enormemente en momentos algo complicados. Para eso, ya había contratado a un taxista que trabajaba en Metro y quien en los días anteriores, me transportó parte de mis cosas a la casa de mi esposa en San Antonio, en el Rímac, donde vivo actualmente. Y también lo había contratado para que nos llevase a la Municipalidad de San Borja. Ese momento fue muy duro para mí. Primero me despedí de mi vecino de cuarto en el tercer piso y ya en ese momento comenzaba a sentir un nudo en la garganta. Luego me despedí de otro inquilino, el Sr. Soto, quien siempre fue muy respetuoso y cordial conmigo, y ya en ese instante sentía que me temblaban las piernas por la emoción y la pena. Y lo más difícil vino después, despedirme de la Sra. Amelia y ya en ese instante, los ojos se me pusieron vidriosos, y recuerdo algo que me dijo la Sra. Amelia. "los buenos amigos nunca se despiden. Nos vemos en el matri". Luego de ello, llegué con el último cargamento de mis cosas a San Antonio y a partir de ese momento a acomodarlas, hacer las maletas y coordinar lo que se venía en las siguientes horas.

Acompañé a Silvana a una peluquería para que le hicieran un pequeño arreglo a su pelo, y lejos de hacerlo bien, y como Silvana tenía rulos, al salir de allí, quedó totalmente descontenta con lo que le habían hecho a su pelo y al regresar a casa, fue de frente al baño a mojarse el pelo nomás para que sus rulos volvieran a estar como estaban. Pero eso no fue inmediato y mientras no sucedía, la tensión se apoderaba del momento. En principio, la idea de ese día era descansar, pasar un momento en familia y dejar todo listo para el matrimonio civil. Pero fue todo lo contrario. Teníamos previsto que el taxista nos recogiera a las 5 pm, porque el matrimonio era a las 7 pm y queríamos llegar una hora antes para coordinar todo allí, con los mozos para el champagne, recibir a la gente que asistiría y esperar el momento. Y de paso, ya había quedado con la Sra. Amelia en dejarle mis maletas antes del matri para luego de terminado, recogerlas e irnos al Hotel. Pero jamás imaginamos el horrible y atorado tráfico que hubo ese día. Como los dos días anteriores habían sido feriados y siendo viernes el último día hábil de la semana, la congestión del tráfico era en todos lados. No avanzábamos nada y a mí me estaba matando la tensión y la idea de llegar pasadas las 7 pm. Eran las 6:30 pm y todavía seguíamos en la Vía Expresa. Pasaban los minutos y avanzábamos a ritmo de tortuga. Y encima, como aparentemente habíamos salido más temprano que lo usual, mi suegro, David -el hijo de mi esposa-, mi cuñado y sus seis hijos iban a salir a las 6 pm. Eran las 6:55 pm, y recién salíamos de la Vía Expresa y estábamos en el taxi con todas las cosas, la torta, los champagnes, y nuestras maletas y me imaginaba que allí estarían pensando que nos arrepentimos y nos fugamos. A las 6:58 pm en punto llegamos a la Municipalidad y en ese preciso instante cuando puse un pie en la Municipalidad, el día cambió totalmente para mí. Fue como pasar de la noche al día y lo que vino en las siguientes horas, fueron los momentos más felices de mi existencia. Fue pura magia para mí y allí estaban nuestros familiares y amigos cercanos. Pero debido al problema del tráfico, muchos de nuestros familiares más cercanos llegaron cuando ya la ceremonia había terminado y estábamos en el saludo, entre ellos, quienes salieron a las 6 pm del Rímac, mi hermano Alex y mis dos sobrinos y mis tías maternas más cercanas. Ese fue un momento hermoso y único. Luego de allí, nos fuimos a la recepción, que a última hora mi hermano Alex me ofreció para hacerla en la terraza del edificio donde vivía en ese entonces, en la Av. Javier Prado y donde estuvieron presentes nuestras familias y nuestro grupo de amigos más cercano. Y nuevamente, la magia se apoderó de ese momento y nunca me sentí tan feliz como en ese momento. Hasta me dí el gusto de bailar un medley de QUEEN. Al final de todo, retornamos al Hotel Country Club, donde fue nuestra Noche de Bodas y donde pasamos un mágico momento, y a la mañana siguiente, disfrutamos de un rico desayuno. Pero antes, el gran fotógrafo Luchito Padilla fue hasta el Hotel para entregarme todas las fotos que tomó tanto en el matrimonio civil como en la recepción. Y las fotos fueron de muy buena calidad de quien además, fuera gran amigo de mi padre. A las 3 pm, viajamos por tierra a Tacna para nuestra luna de miel, y nos hospedaríamos en la casa de mis tíos Ernesto y Celia, quienes siempre nos invitaban a visitarlos a Tacna. Y pasamos una semana muy grata y tuvimos la suerte de pasar una noche en Arica, Chile.

Han pasado 24 años de ese mágico momento y hoy puedo decir que viví muy, pero muy feliz de la vida al lado de mi esposa Silvana y me consideré siempre como una persona FELIZMENTE casada. Lo mejor que me pudo haber sucedido en la vida fue casarme con ella y como dije en el momento que me casé, "antes de conocerla mi vida era distinta, después de conocerla, ya nada fue igual". De ahora en adelante, siempre recordaré esta maravillosa fecha, porque fui el ser más feliz y dichoso del planeta, cuando se hizo realidad mi deseo de casarme con el verdadero y único amor de mi vida. Y así será hasta el día que deje este mundo y me reencuentre con ella en el reino espiritual.





lunes, 23 de febrero de 2026

23 DE FEBRERO DE 1980: MI EXAMEN DE ADMISION







Un día como hoy, un sábado 23 de febrero de 1980, dí mi Examen de Admisión a la Pontificia Universidad Católica del Perú. Han pasado ya 46 años de ese muy especial momento, que marcó el inicio de una nueva etapa en mi vida y no quería dejar de evocarla en mi blog y recordar aquellos momentos anteriores y posteriores a aquel día.

Como ya le he señalado en reiteradas oportunidades en diversos posts, en 1979 concluí con mi etapa del colegio. Pero desde el mes de agosto, como ya era costumbre, comencé a prepararme en una academia pre-universitaria. Luego de ver diversas opciones -no habían muchas, como hay ahora-, me inclinaba por la Academia "La Sorbona", que estaba ubicada en la Av. Wilson, al frente de lo que hoy es el Centro Cívico. Mi viejo fue para averiguar y matricularme y luego de obtener información, vio que al costado había otra academia "Programa 2000", y entró y conversó con los directivos de dicha academia y al final, se decidió por ella. Al comienzo, lo quería matar a mi viejo porque yo quería prepararme en "La Sorbona", pero después el tiempo daría la razón. La preparación fue amplia y buena, y como el mayor porcentaje de los que estudiaban iban a postular a San Marcos, enseñaban todos los cursos. Pero, yo iba a postular a la Universidad Católica, a Derecho, y de acuerdo al prospecto que me dieron el día que fui a inscribirme, el examen no iba a incluir materias vinculadas a ciencias -llámese física, química, biología, anatomía y materias similares. Como en todo examen de admisión, lo central era las materias de Razonamiento Matemático y Razonamiento Verbal, algo que en los colegios no enseñaban, y si uno no pasaba por una academia para aprender eso, era más que fijo que uno no ingresaría. Y también Letras -como Historia, Geografía y hasta preguntas de actualidad-, y un poco de Matemáticas, como Algebra, Geometría y Trigonometría. De esta manera, me preparé a conciencia, y cuando comenzó el año 1980, intensifiqué mi preparación. En las mañanas me encerraba en el escritorio de mi casa para repasar todo lo que pudiera, y en las tardes, eran mis clases en la academia "Programa 2000". Y en las noches, remataba con un repaso general. En Enero me tocó rendir dos simulacros de examen de admisión en la academia, y a Dios gracias, me fue bien, y me reconfortaba el saber que iba en la dirección correcta. Cuando comenzó febrero, entré en la cuenta regresiva. Y en mi salón de la academia, éramos solo cinco los que postularíamos a la Católica, ya que la casi totalidad postularía a San Marcos, dos meses después.

Desde que puse un pie en la Universidad Católica, siempre estuve seguro que ese era el lugar donde quería estudiar. Me gustaba lo amplio que era el campus universitario y el nivel que uno había escuchado que tenía. Dos semanas antes, mi viejo me contactó con un amigo suyo, que había sido profesor en la Católica, y me reuní con él y me dio varios tips y recomendaciones, que me sirvieron de mucho. En primer lugar, me recomendó que no llegara al sábado 23, con la angustia de estar repasando hasta el último momento. Me sugirió que el día anterior, el viernes 22, a una determinada hora, de preferencia al mediodía o a la 1 pm, terminara de estudiar y cerrara los libros, y ya no volviera a abrir u hojear libro alguno, y que me relajara en la tarde y saliera a caminar o al cine, ya que cuando uno pretende meterse conceptos o conocimientos a la cabeza a último momento, jamás permanecen allí. En segundo lugar, me recomendó que si me topaba con una pregunta que no supiera, que no me detuviera en ella y que pasara a la siguiente pregunta, y que al final, volviera a revisarla y que si no la sabía, que la dejara sin contestar y no me arriesgara, ya que si uno se equivocaba, la respuesta negativa era punto en contra y no cero. Muchas veces, esos puntos en contra marcaban la diferencia entre ingresar y no ingresar. Y en tercer lugar, que fuera tranquilo y no me pusiera nervioso y que fuese preparado a encontrar dificultades previas, cuya única intención era poner nerviosos a los postulantes y así comenzar con desventaja. Y con esas recomendaciones, me alisté para ese sábado 23 de febrero. Cuando llegó el viernes 22, exactamente a la 1:00 pm, puse punto final a mi preparación de casi siete meses para el objetivo final: ingresar a la Universidad Católica. En la tarde me puse a ver un poco de TV y en la noche, salí con mis viejos y mi hermano a comer un helado. Y me acosté temprano, sabiendo lo que vendría al día siguiente.

Sábado 23 de Febrero de 1980. Me levanté tranquilo y temprano y tomé desayuno con mis viejos, quienes tenían bastante expectativa. Y tras despedirme de ellos, me fui para la Católica, en Pueblo LIbre. Varios amigos de la promoción del colegio también se presentaban, tanto a Letras como a Ciencias, y eso nos permitió contactarnos ese fin de semana. Cuando llegué al lugar donde rendiría mi examen, en el Pabellón de Estudios Generales Letras, estaba bastante tranquilo. La hora fijada era a las 8:00 am, pero no comenzó a esa hora. Mi número de postulante era el 00633, y coincidencia o no, tenía que ver con el día de mi cumpleaños -el 3- y el año en que nací -el 63. Y desde el saque, ya habían postulantes que por la desesperación que comenzara el examen de una vez, ya empezaban a sentirse nerviosos. Recuerdo que los observaba con total tranquilidad y en mis adentros me decía a mí mismo: "Que se demoren todo lo que quieran", y así tener más rivales en desventaja para la competencia. A las 8:15 am, ingresamos al aula y nos sentamos y tras varios minutos de espera, nos entregaron los exámenes y tendríamos cerca de tres horas para desarrollarlo. A medida que iba leyendo y contestando, me iba dando cuenta que no lo estaba haciendo mal. Poco a poco, sin apurarme, fui avanzando en el examen. Pero llegó un momento en que me hizo dudar. Me topé con las preguntas de Geometría, y justamente, me dio en el pie que más cojeaba. Eran siete preguntas que no las sabía, y en esos momentos, por un lado, tenía en mi cabeza la recomendación del amigo de mi viejo, y por otro lado, el querer arriesgarse a conseguir uno o dos puntos más, que sirvieran en la nota final. Pero, no quise arriesgarme, y las pasé por alto, al inicio y luego en la revisión final. Esas siete preguntas de Geometría quedaron sin contestar, y a eso del mediodía, terminó el examen, y en mi interior sentía confianza que podía ingresar, pero por otro lado, me empezó a preocupar la posibilidad de quedarme afuera por esas siete preguntas no contestadas. Demás está decir que ese pensamiento me acompañó todo el día y hasta la noche, y no dormí tranquilo por eso. En la Universidad había escuchado que los resultados estarían en la noche o al día siguiente en la mañana. Preferí ir al día siguiente y que fuera lo que Dios quisiera.

Al día siguiente, domingo 24, me fui en la mañana y me encontré con varios amigos del colegio, pero al llegar a la universidad todavía no estaban los resultados, debido a algunos problemas con la computadora. La espera se hacía más larga y angustiosa. E informaron que estarían a partir de las 3 pm. Regresé a mi casa, almorcé con mi familia, y luego a las 2:30 pm regresé a la Universidad. Mis viejos -que parecía que ellos eran los que habían postulado por sus caras de angustia y expectativa- me dijeron que fuera tranquilo y que si la suerte no me acompañaba, que me quedara la satisfacción de haber dado todo mi esfuerzo y que con las mismas, me presentaría a dar examen de admisión a la San Martín. Y me dijeron que si ingresaba, seguro que me cortarían el pelo -era costumbre que a los "cachimbos", quienes eran los postulantes que ingresaban, les rapaban el pelo-, y cuando regresara se daría cuenta que había ingresado, y que si no, que me comprara un helado y llegara a la casa con mi helado y esa sería la señal. Me fui de nuevo a la universidad y me encontré de nuevo con mis amigos del colegio y cuando entramos al campus universitario, por la gente que salía, supimos que ya estaban los resultados y que estaban publicados en la Cafetería Central. Nunca sentí una caminata tan larga y angustiosa, similar a la que siente un futbolista en una definición por penales, cuando camina de la mitad de la cancha hacia el área chica para patear el penal. Cada paso que daba, el corazón me latía a mil por hora y me temblaban las piernas. Llegué a la Cafetería y en las lunas de la Cafetería estaban pegadas las hojas con los postulantes y los resultados. Recuerdo que en la esquina derecha, aparecía la palabrita "INGRESO" o "NO INGRESO". Cuando busqué mi número, en principio dí con mi hoja, y vi que en esa página, nadie había ingresado. Bueno, había hecho mi mayor esfuerzo, y era lo que Dios quería. Pero en eso, ví bien y no era la hoja, y me había equivocado. Volví a ubicar la hoja donde estaba mi número de postulante -00633- y ahora sí la ubiqué y ví que solo tres personas de esa hoja habían ingresado. Respiré hondo y me acerqué a ver, estiré mi dedo a la parte izquierda donde estaba mi nombre y avancé lentamente con el dedo índice derecho, de izquierda a derecha en la hoja, y al llegar a la esquina derecha, vi la palabra "INGRESO". Y siempre conservo el puntaje que obtuve: Razonamiento Matemático: 616.1; Razonamiento Verbal; 571.6; Total: 1185.7. Orden de Mérito: 370. Me quedé paralizado en ese momento, y nuevamente volví a pasar una y otra vez por mi nombre y efectivamente había logrado mi objetivo: ingresar a la Universidad Católica. Sinceramente me albergó una emoción indescriptible y mis amigos se acercaron -ya varios habían ingresado a Ciencias y también a Letras-, y me preguntaron y al ver el resultado, todos nos abrazamos con emoción. Y lo mejor estaba por venir. Luego de la euforia desatada, retorné a casa, y mis viejos esperaban impacientes mi regreso. Y cuando entré, al verme sin el pelo rapado y sin un helado en la mano, se quedaron desconcertados y lo único que les dije fue: "Ingresé" y eso desató una emoción tremenda en mis viejos. Mi madre se puso a llorar de la emoción y comenzó a llamar a toda la familia para darles la noticia y el viejo me abrazó con lágrimas en los ojos, al igual que mi hermano. Fue un momento maravilloso e indescriptible, que sucedió hace 46 años, y que sinceramente me parece como si hubiera sucedido ayer.


Lo que vino en los siguientes días, fue muy especial. Fui a agradecer a muchas de las personas que me apoyaron. Fui a la Academia y esa tarde fue muy grata, con los profesores alegrándose por el logro obtenido, al igual que los amigos de mi salón. Y ya para el mes de marzo, comenzaría el Primer Ciclo de Estudios Generales Letras, y sería el inicio de una nueva etapa en mi vida. Diez años maravillosos en los cuales, la Universidad fue mi segunda casa y en donde mi universo de amigos se amplió considerablemente, tanto en Estudios Generales, como ya en la Facultad de Derecho, hasta enero de 1990 cuando me gradué de Abogado. Pero todo ello, tuvo su origen un 23 de febrero de 1980, cuando rendí mi examen de admisión que significaría abrir la puerta de un nuevo mundo para mí, y que hoy, 46 años después, lo sigo recordando maravillado.




sábado, 31 de enero de 2026

31 DE ENERO DE 1990: MI EXAMEN DE GRADO







Un día como hoy, 31 de Enero de 1990, dí mi Examen de Grado para optar el Título de Abogado. Han pasado 36 años de ese muy especial momento en mi vida y no quería dejar de recordarlo en mi blog y evocar aquellos recuerdos ligados a aquel día.


Ingresé a la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1980, tras rendir mi examen de admisión un 23 de febrero y llevé dos años de Estudios Generales Letras y en 1982 pasé a la Facultad de Derecho y culminé mis estudios en el segundo semestre de 1987. Luego de ello, por esos años, se tenía que elaborar una tesis para optar el Grado Bachiller en Derecho -no como años después en que el Bachillerato pasó a ser automático- y el siguiente paso era el Examen de Grado para optar el Título de Abogado. Para mi tesis, mi tema elegido fue "El Derecho a la Inviolabilidad de Domicilio" y mi asesor fue el Dr. Francisco Eguiguren y sustenté mi tesis el 18 de noviembre de 1988 ante un jurado y fui aprobado por unanimidad con la mención de Bien. Faltaba el paso final, el Examen de Grado para el Título de Abogado.

Para optar el título de Abogado, se tenía que presentar dos expedientes de diferentes áreas del Derecho y estudiarlos exhaustivamente y sobre todo, estudiar todos los temas vinculados al área del expediente y sustentarlos ante un jurado. A diferencia de la sustentación de la tesis, en donde el jurado solo podía hacerte preguntas sobre tu tema y no salirse de allí, para el Examen de Grado el jurado podía preguntarte cualquier cosa correspondiente al área de tus dos expedientes, aunque no guardara relación directa con los expedientes. Y para ello, había que repasar todo lo que se había estudiado en los años en la Facultad y estudiarlo a conciencia y prepararse bien. Por esos años, el área constitucional estaba incluida en el área civil y no se podía presentar dos expedientes correspondientes a esas dos áreas, y era uno u otro. Y conseguirse expedientes en el Poder Judicial no era algo sencillo porque había que buscar algún contacto que te facilitara la labor y que te conectara con alguien que pudiera darte una mano. En ese año 1990, recuerdo que busqué al que fue mi profesor de Sucesiones, el Dr. César Fernandez Arce y me dio el nombre de un magistrado que podía darme una mano. Era el Dr. Alejandro Rodriguez Medrano, quien años después fuera objeto de duros cuestionamientos que culminaron en una sentencia condenatoria por su participación en actos de corrupción en el gobierno fujimorista. Pero esa es otra historia. En ese año 1989, el Dr. Rodríguez Medrano me dio los nombres de dos secretarios de juzgado para poder allí conseguir mis dos expedientes. Había elegido un expediente constitucional y uno penal. Pero cuando fui al secretario Casasola de un juzgado civil, solo tenía juicios civiles y no constitucionales y opté por un juicio de Desahucio. Pero por el lado penal, la cosa no fue fácil, porque el secretario donde fuí no tenía expedientes disponibles. Tuve que buscar otros contactos y recuerdo que un amigo de mi padre, trabajaba en la Oficina de Relaciones Públicas del Poder Judicial y fui a buscarlo. Y me contactó con un secretario de un juzgado penal y durante varias semanas me hicieron venir a cada rato y me decían, "regresa la próxima semana para ver si hay algo", y así se pasaban las semanas. Hasta que en el mes de junio, pude conseguirme un expediente penal, que era juicio por Hurto. Ya tenía mis dos expedientes, pero la mala suerte se volvió a interponer en el camino. A las pocas semanas de haberme conseguido mi expediente penal, me llamó el Secretario Casasola para decirme que necesitaba el expediente de Desahucio, porque se lo estaba pidiendo la Corte Superior. No había nada que hacer y tuve que devolverlo y a comenzar de nuevo a buscar un expediente. A los pocos días, fui donde un Secretario llamado Jorge Chávez -con quien había llevado un expediente años atrás cuando estuve practicando en un estudio- y me mandé de frente y le dije que el Dr. Rodriguez Medrano me lo había recomendado para conseguir un expediente. A Dios gracias, eso me abrió las puertas y pude conseguirme un expediente constitucional, una Acción de Amparo. Ahora sí ya tenía los dos expedientes y comenzaba mi preparación para el Examen de Grado. Originalmente, mi idea era pedir fecha para mi Examen para noviembre de 1989, al año de haber sustentado mi tesis, pero circunstancias y contratiempos de índole personal fueron postergando ese deseo y finalmente tomé la decisión de pedir fecha para enero de 1990.

1990. Comenzaba una nueva década y atrás había quedado la década del 80, en la cual mi vida giró en torno a la universidad. Pero en la primera semana de 1990, recibí una llamada del Secretario Penal que quería que le devolviera el expediente porque había pasado mucho tiempo desde que me lo prestaron. De inmediato me fui para allá y hablé personalmente con el Secretario y le pedí que me lo prestara hasta fin de mes, porque ya iba a pedir fecha para ese mes. Al comienzo como que no le cuadró mucho eso, pero le prometí y le dí mi palabra que de todas maneras sería en enero porque si no, tendría que esperar hasta marzo porque en febrero el personal del Departamento Académico de la Facultad de Derecho salía de vacaciones por todo febrero y no me quedaba otra. Y si por esas cosas, no daba mi Examen de Grado me comprometía a devolvérselo el 31 de enero, con el riesgo de volver a comenzar. Y así quedamos. Para la tercera semana, solicité formalmente fecha. Por un lado, siempre quedaba la incógnito de quienes estarían en mi jurado, ya que uno no lo sabía hasta días antes del Examen. Y siempre se tenía el temor que te tocara alguien inquisidor o que le guste revolcar al graduando. Y en mi caso, mi temor era por el expediente penal. En esos momentos, en la Facultad, los cursos de Derecho Penal eran un paseo y muy pocos, optaban por especializarse en esa área. Y era volver a repasar TODO Derecho Penal, con el riesgo que te tocara un jurado de esos que sean expertos en la materia y te dejen en el suelo. Y habían profesores que eran así. De los tres jurados, siempre dos eran del área civil o constitucional y el restante del área penal. En esos días, me había hecho amigo de Mauro, quien se encargaba de dejar los expedientes a los jurados elegidos. Y allí supe que dos de mis jurados serían el Dr. Valega por el expediente constitucional y el Dr. Váscones por el expediente penal. Me hizo respirar tranquilo esta designación porque sabía que eran dos jurados que no eran unos malditos despiadados. Tampoco eran fáciles, porque de todas maneras tenía que prepararme bien. Y me dieron fecha para el 29 de enero. Para ello, dos días antes, como era costumbre antes de dar un examen de grado, en mi casa hice un simulacro de examen con tres amigos que hicieron de jurado, quienes fueron Samuelito Abad, Bruno Marchese y Alfonso Valencia, quienes me ayudaron a corregir algunos errores y mejorar en algunas cosas con miras al examen.

Días antes, supe que mi examen había sido postergado para el 30 porque al Dr. Valega se le había presentado un problema y no iba a poder estar como jurado y devolvió el expediente. En ese momento el Departamento Académico comenzó a buscar un nuevo jurado y el día 29 me comunicaron que mi examen había sido pospuesto al día 31 de enero porque todavía no se había conseguido un jurado. El 31 era el último día hábil de ese mes, y si no encontraban jurado la cosa se corría para marzo, con el riesgo de tener que devolver el expediente penal. Pero en la Secretaría me aseguraron que de todas maneras el Examen sería el 31 a las 8:00 am. Poco después me enteré de toda la odisea que se pasó para conseguir a ese tercer jurado. En ese momento el Secretario Académico era el Dr. César Landa, quien era constitucionalista. Y supe que habían acudido a todos los profesores del área constitucional y ninguno podía ser jurado, entre ellos el mismo Dr. Landa. Se llegó hasta el punto de acudir a un profesor de Derecho Penal para conseguir ese tercer jurado -algo poco usual porque siempre había un solo jurado en Derecho Penal cuando había un expediente penal-, pero tampoco se logró conseguir a alguien. En circunstancias normales, ese Grado hubiera sido postergado hasta Marzo, pero gracias a la generosidad del Dr. Landa, quien al saber el problema, optó por aceptar ser Jurado para mi Examen de Grado el mismo día 30 de enero. Y eso lo supe después de dar mi examen de Grado.

31 de Enero de 1990. Por esos días, era común estar sin luz por los racionamientos de energía eléctrica. Y me levanté a las 6 am, y me di con la situación que no había luz. Y para remate, el 1º de enero de ese año se había adelantado una hora y a las 6 am todavía estaba oscuro. Tuve que afeitarme con velas en esa mañana. Y con mi padre y mi hermano Alex. nos fuimos a la Universidad para mi Examen de Grado. A las 8 am, ingresó mi jurado compuesto por los Dres. Landa, Ochoa Cardich y Váscones. Y al sonar la campana, ingresé a exponer mis dos expedientes. Mi padre y mi hermano estaban sentados viendo el Examen y algunos amigos que se habían enterado también fueron allí. En el expediente de la Acción de Amparo, había sentencia contradictoria y en el Expediente Penal, aunque no había esto, pero habían varios temas por discutir y debatir. Mi exposición duró un promedio de 20 minutos y luego el Jurado formuló sus preguntas, vinculadas a los expedientes y también a las áreas constitucional y penal. Y en algún momento, el Dr. Váscones me hizo pasar más de un apuro, pero no al punto de hacer dudar sobre mi examen. Al finalizar las preguntas, nos invitaron a salir para que el jurado deliberara. Cuando uno era aprobado, sonaba la campana y si no, el jurado abandonaba la sala. Esos minutos de espera los sentí larguísimos y cuando sonó la campana, en ese momento sentí una emoción indescriptible, porque lo primero en que pensé fue en mi madre que nos había dejado hace más de dos años. Y al entrar, el Jurado me comunicó que había sido aprobado por unanimidad y que ya tenía el título de Abogado y luego pronuncié un juramento y así culminó todo. Lo que vino después fue emotivo, mi padre con lágrimas en los ojos me abrazó con emoción al igual que mi hermano Alex. Y mis amigos que estaban allí se acercaron a felicitarme. Y luego me acerqué a la facultad para pedir que me devolvieran los expedientes porque al día siguiente, 1º de febrero, iba a estar cerrada las oficinas de la Facultad. Y fue una experiencia maravillosa porque todas las personas en las oficinas -a quienes conocía-, al enterarse del resultado de mi examen me expresaron en forma sincera sus felicitaciones. Tres días después, el sábado 3 celebraría mi cumpleaños con un motivo más que especial por celebrar.

Han pasado 36 años de ese momento y el 16 de marzo de 1990 me incorporé al Colegio de Abogados de Lima. Desde ese entonces, mucha agua ha pasado bajo el puente. He tenido buenos momentos, pero también malos momentos. He trabajado en diversos lugares, y en varios años también estuve sin trabajo, en donde tuve que trabajar en otras cosas. En esos 36 años, estuve 10 años trabajando en la Asociación de Agentes de Aduana del Perú, desde 1997 hasta el 2007. He trabajado en algunos estudios, he trabajado conjuntamente con algunos colegas y muy pocas veces por mi cuenta. Y mi último trabajo fue en la Gerencia de una micro empresa desde el 2007 hasta el 2014, en donde no ejercí mi profesión al 100 %, pero tampoco estaba totalmente desvinculado. Y actualmente, ya estoy totalmente retirado y completamente alejado de la profesión. Pero todo esto tuvo su origen hace 36 años, cuando con ilusión y con preparación opté por mi título de Abogado.






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